21 de Julio 8:05 am

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Mi cabello estaba regado por toda la almohada mientras que mis piernas estaban enredadas en las sabanas. Quería hundir la cara en la almohada, la luz del sol empezaba a filtrarse a través de la ventana aunque me rehusaba a moverme, necesitaba dormir, y si no lo necesitaba lo quería, mucho.

- Beth.

Abrí los ojos renuente y mi visión cayó en Ignacio.

- Hola - dije con voz soñolienta.

- Regie me dejó entrar.

- Voy a patear su trasero entonces - murmuré.

Me incorporé a la vez que metía mis manos entre mi cabello enredado y lo hacía lucir medianamente presentable.

- ¿cómo está Astrid? - le pregunté haciendo un esfuerzo por enfocar mi mirada en él.

- ¿Está aquí? - preguntó tratando de ocultar su confusión.

- la traje anoche con Samuel. Estaba como una cuba a las 10. Casi se transforma - solté antes de pensar que no todos debían saber los detalles de las aventuras de Astrid. - ¿Qué haces aquí?

- Mmm... Es complicado.

- Suéltalo sin rodeos - dije - me gusta dormir.

Ignacio asintió y no miré su cara mientras me iba a cepillar los dientes. Volví un par de minutos más tarde y le dije que se sentara. Comenzaba a impacientarme cuando mi hermano escogió ese momento para entrar diciendo: - ¡Astrid está muerta en el sofá!

- Si respira no está muerta - bromeé esperando que Astrid estuviera respirando.

- ¿qué hace en nuestro sofá?

- Hay cosas que es mejor no saber. Ayuda a Regie con el desayuno.

- ¿Desayuno? Es hora de correr - Miró a Ignacio y le preguntó - ¿Vienes?

Ignacio soltó un sí y caminó detrás de mi hermano, metí mi cabello detrás de mis orejas y salí a buscar a Regie. Necesitaba hacer hablar a Ignacio. Algo estaba pasando y ese algo no era nada bueno.

MiedoWhere stories live. Discover now