¿En qué puedo ayudarle?

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Tomás y Alberto




Martes

Estoy cansado y solo es martes, a este ritmo la semana se me va a hacer realmente dura. Sueño con la llegada del viernes, pero hasta entonces iba a estar pegado a esta silla frente al ordenador de 9 a 18 sin remedio.

Con lo bien que estaba yo tomando mojitos en una de las terrazas de Chueca este mismo domingo después del sábado de fiesta que nos habíamos pegado mis amigos y yo.

El sonido de una consulta en el servicio de atención al cliente me saca de mis ensoñaciones, esas que siempre me tienen distraído. El servicio de atención de la empresa en la que tengo hipotecada mi alma de lunes a viernes ha implementado un chat y los clientes se estaban animando a usarlo. La verdad es que yo lo prefiero porque puedo poner todas las caras y bufar lo que me de la gana si me toca un pelmazo al otro lado.

"Buenas tardes Rogelia, soy Tomás Sánchez ¿en qué puedo ayudarle?"

Los clientes tienen que meter sus datos para poder acceder a este servicio, y por la experiencia que ya iba teniendo, aquella iba a ser una consulta larga y aburrida, quien se llamara Rogelia en esta era debía tener como 100 años.

"Hola Tomás, soy el hijo de Rogelia, no sé como mi madre ha podido contratar este servicio sin tener la más mínima idea de ordenadores, así que si puedes explicarme cómo funciona te lo agradecería"

Me hizo gracia la situación, una señora mayor que por lo que veo en su ficha había contratado un sistema de audiolibros que aunque pintara fácil no lo era para nada. Que me lo dijeran a mí, que casi todas esas consultas hablaban de lo mismo.

"Podría decirme su nombre para dirigirme a usted"

"Claro, perdona, Alberto"

"Muy bien, Alberto, ¿sus dudas son sobre el dispositivo o sobre el contenido?"

Tengo que repetir las mismas frases una y otra vez porque es el guión establecido para todos. Pero sé de sobra que es sobre el dispositivo, quien fuera el que lo hubiera creado lo había pensado con los pies.

"Sobre este cacharro del infierno, ya no sé qué hacer para configurarlo, creo que está todo en hindi"

No pudo evitar reírme, porque aunque parezca mentira por estas pequeñas cosas mi día a día no es una completa pérdida de vida.

"No se preocupe Alberto, estoy aquí para ayudarle"

Siempre que digo esa frase me imagino como un espectacular masajista que iba a dar un estupendo servicio a uno de mis clientes, pero la realidad es que soy lo menos espectacular que uno podría imaginar. Delgado, con cara de ratón, ojos y cabello de un insulso y común marrón y más blanco que la teta de una monja. Me salvan unas pequitas que todos consideran adorables, y un pequeño culo travieso, mi arma secreta, que se iba a acabar quedando plano de tantas horas allí sentado.

¿Cómo sería aquel Alberto tan buen hijo que estaba ayudando a su querida madre? La imaginación era libre, así que yo imagino lo que a mí me da la gana.

Así que Alberto es un maromazo de ojos claros y pelo oscuro, uno de esos que veo por Chueca y que no me dicen ni adiós. Asco de vida, atraigo a un tipo de hombre, y ya estoy aburrido de los tipos con complejo de padres pervertidos, que todos acababan donde acababan.

Al lío, el tal Alberto, mi cliente se iba a llevar un servicio cinco estrellas, por guapo, por buen hijo y porque es mi trabajo.

"Tiene que conectar el dispositivo a un ordenador, aunque por defecto viene seleccionado el idioma del país en el que se vende, a veces puede alterarse"

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