Prólogo

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I

—Jovi ven aquí por favor, necesito de tu ayuda— decía mientras metía algunas prendas en la maleta.

—ya voy mami—iba la pequeña cierriendo hacia su madre.

Madre e hija se iban a mudar a otra cuidad, querían liberarse del ambiente que aquella cuidad les había dejado, la separación de los padres de Jovanna y la repentina muerte de su padre las dejo muy aturdidas, más a la pequeña, ella todavía pensaba que su papá seguía vivo e iba a volver con ellas algún día.
La mamá decidió que el irse fue la mejor elección que pudo haber tomado.
Era por el bien de las dos.

II

Bajando del avión, Jovanna se había dado cuenta que todo era muy diferente a lo que se había imaginado, todo era sombrío.

Eso no detuvo a su imaginación, prefirió crear un ambiente que ella se imaginaba y dejó de lado todas aquellas imperfecciones de aquella cuidad.

En el bus, en el que iban a su nueva casa, ella se sentó en el asiento junto a la ventana, quería ver como era el camino, quería ver que todo iba a cambiar conforme iban acercándose a su casa.

Pero, no fue así, lo único que logro notar era que las calles se hacían un tanto más oscuras y no se lograba visualizar a lo lejos, la madre de Jovanna estaba atenta al paradero donde iban a bajar que no se dio cuenta del aspecto de la zona a la que estaban yendo.

Bajaron del bus y ambas se quedaron impresionadas con el aspecto de la casa en la que se iban a vivir, lucía un poco sucia y descuidada, pero al entrar a aquella casa la realidad era distinta, lucía acogedora.

A Jovanna le gustaba el nuevo lugar donde se quedarían, fue directamente hacia su nuevo cuarto, entro y se dio con la sorpresa de que era grande, justo como ella lo quería, se dirigió a la sala y vio que su mamá estaba hablando con el señor de la mudanza, le estaba diciendo donde colocar las cosas. No le presto tanta importancia así que decidió regresar.

Todo fue bueno hasta ese momento, la casa, los vecinos, los alrededores. No era como se lo imaginó pero estaba bien para ella.

Después de unos días su madre tuvo que salir a trabajar para poder alimentar a su hija, ya se estaba preocupando, puesto que pasaban los días y no encontraba nada, hasta que ese puesto que vio en los anuncios fue su salvación.

—Jovi por favor ayúdame con la limpieza y no salgas de casa ¿si?, vuelvo a las 6, ya me voy— se acercó a ella y le dió un beso en la mejilla.

Cuando su mamá estaba afuera, Jovanna se acercó a la ventana y se despidió otra vez agitando la mano.
A ella le gustaba mucho quedarse dentro de su casa, pero con su madre al lado.
Ahora que ella no estaba los días serían más aburridas y solitarias...

III

Todos los días era la misma rutina, despedirse de mamá e ir hacia la ventana para despedirse otra vez y quedarse viendo por un largo rato.

Una tarde de esos días, Jovana vio acercarse a un grupo de niños para jugar en frente de la casa.

Ella se fijó en uno en especial, no sólo porque tenga rasgos diferefentes a los de los demás, sino por que este se le quedo viendo y le sonrió, hasta que sus amigos lo llamaron para jugar.

Jovana hizo como que si eso no le hubiera importado mucho, pero en realidad se quedo pensando en el porqué de esa acción de aquel niño.

Se dedicó a verlos jugar, era divertido, porque hacían bromas y algunos se caían y hacían gestos extraños. Al final de cuentas era su única distracción después de mucho tiempo.

Ya le habían aburrido esas tardes en las que se pasaba viendo series, películas o dibujando. Peor aún que estaban en épocas de vacaciones.
La llegada de los niños fue su salvación para no ahogarse en el aburrimiento.

Se quedó tan sumergida en sus pensamientos que no se dio cuenta que aquel niño que se le quedo viendo se estaba acercando hacia su dirección.

—Hola, soy Javier— dijó cuando ya estaban a una distancia considerable para que se pudieran escuchar sus palabras.

Él estaba agitando su mano y sonriendo, ella tuvo volver a la realidad disimuladamente y para que este no se diera cuenta, menos mal que si le escuchó porque si no lo había esa escena se iba a tornar un tanto vergonzosa para ella.

—Hola, yo Jovana— dijo sonriéndole para aparentar y ponerle un toque final.

Javier la miro divertido y sonriéndole otra vez —¿en que te quedaste pensado?—

Jovana abrió los ojos con sorpresa, si que se dió cuenta de eso. Pero ella quería que él también pasara por eso, sabía que le iba a causar gracia, porque sabía que él había captado la vergüenza que sintió

—¿tienes hojas secas pegadas en tu cabello, verdad?— dijo divertida.

Ambos comenzaron a reír, él desde abajo y ella desde su segundo piso. Esa era una escena graciosa, bueno para los amigos de Javier si que lo era, por que comenzaron a reír y hablar entre ellos mismos.

—Bueno Jovana, seguimos otro día, tengo que quitar todas estas cosas de mi cabeza— dijo agitando la mano para despedirse.

—Cuídate Javier—dijo sonriendo y viéndolo irse con su grupo de amigos.

Los amigos de Javier se reían mientras le hablaban, Jovana no entendía ni media palabra de lo que decían, pero se llego a ruborizar cuando Javier volteó y la miró sonriéndole —¡A la próxima no te quedes pensando durante tanto tiempo!—ella no dijo nada, se rió y se quedo viendo hasta que ellos desaparecieron de su vista.

Era un hecho, ese recuerdo se quedaría en su memoria por el resto de su vida. Claro, como no, ese día que un chico que no conocía ni en lo más mínimo, la hizo reír y ruborizarse con unas simples palabras sobre una acción que ella siempre hacia.
Quedarse horas y horas, viviendo en su mundo, pensando que pasaría si... O varias cosas que siempre la llevaban a imaginarse, como una idealización de lo que iba a ser su futuro....

Todo Para Hacerla FelizStories to obsess over. Discover now