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Luana era una chica muy creativa que vivía en la zona más artística de Lima, Barranco. Sus calles eran muy inspiradoras y acogedoras, y salían siempre en grupos con sus amigos. El último día del colegio, los profesores planearon llevar a todos a un museo de pinturas y esculturas. Luana se emocionó y decidió asistir. Al llegar, le echaba un buen rato un vistazo al arte y los profesores solían apurarla porque se quedaba viendo muchos detalles. De pronto, desde lejos vio una escultura que le impactó, así que se fue corriendo hacia ella, dejando a sus compañeros. Se quedó parada hasta que alguien le tocó su hombro, era un chico. Le comentó: "Es impactante ¿verdad?". Luana concentrada analizado solamente asintió. Para ser amistosa ella le extendió la mano diciéndole su nombre para presentarse. Él la observó y se dieron un saludo amistoso con las manos. Luana escuchó los gritos del profesor y se fue corriendo, dejándole sin más palabras al chico.

Como comenzaron las vacaciones de verano, Luana aprovechaba en ir con su bicicleta, a las ferias que había en los fines de semana. También pasaba mucho tiempo en los bares para escuchar a las bandas que se presentaban. Fue ahí donde había conocido a su enamorado Mauricio, que andaba tocando guitarra y escribiendo música. Él le enseñó a descubrir un poco más sobre la música. Nunca les faltaba esas noches cuando Mauricio la llevaba a los restaurantes de comida peruana, música en vivo y bailar hasta el cansancio. Especialmente le encantaba aprovechar su verano al máximo. Era el último, pues tenía que ir pensando que estudiar. De todas formas, no quería dejar su estudio de arte que estaba en su casa y tampoco dejar de escribir poemas sobre su vida.

Un día sus padres le dijeron a Luana que iban a ir a las playas de Asia para disfrutar el sol y el mar. Luana estaba entusiasmada por ir, pero no quería alejarse de Mauricio, iba a extrañar esas salidas tan bonitas. El día de partir llegó y Mauricio se despidió con un beso y un abrazo. Ella quería que vaya, pero no podía dejar a su banda. Sólo son dos semanas, pensó Luana. Al llegar a la casa de playa, aprovechó en retomar los libros que los había dejado, y después trató de limpiar su otro estudio que se encontraba en el último piso, con una vista inolvidable. En la tarde, decidió andar en su bicicleta a la casa de su amiga Inés y pasar el resto del día juntas. Su amiga le había comentado que ese fin de semana iba a haber una gran fiesta en la casa abandonada de la esquina de la playa. Lo misterioso era que nunca había gente y encima algo grande. Sin dudas, quiso ir, le llamaba la atención el misterio. Los días pasaron y llegó el fin de semana tan inesperado. Luana e Inés se arreglaron inmediatamente y partieron con sus bicicletas a la casa. Al llegar estaba llena de muchas personas, así que tuvieron que dejar sus bicicletas en la zona de juegos que se encontraba detrás de la mansión. "Wow" dijo Luana al ver que tan remodelada estaba, la música en vivo, luces espectaculares que colgaban en los techos y mucha comida. Saludaron a las personas que conocían y estuvieron un rato con ellos. Estaba repleto de gente hasta que los guardias cerraron las puertas. De pronto Luana quiso ir al baño y le preguntó a su amiga Inés dónde se encontraba, pero no la entendió muy bien, ya que estaba bailando y hablando con nuevas personas. Así que Luana fue por su propia cuenta hacia un pasadizo en busca del baño. Cuando quiso abrir la primera puerta, estaba cerrada. Trató con dos más y también. Decidió saltearse como dos más para llegar hasta la última. Al abrirla, se quedó helada. Era un cuarto muy grande con varios cuadros de pintura y al medio de la habitación un lienzo gigante, pero vació y con cajas de pinturas. Las luces no iluminaban tanto debido al uso frecuente, pero la ventana que daba vista al patio de la fiesta ayudaba un poco por las luces que tenía. Le dio ganas de pintar, sin importar de quien era el lienzo. Antes de empezar se aproximó a los cuadros que estaban colgados. Cada esquina se encontraba la firma "Diego". Tenía mucha variedad como abstractas hasta modernas. Volteó a ver el lienzo en blanco, se acercó, se sentó y empezó a pintar un buen rato. Hasta que de pronto escuchó pasos en la habitación, se había olvidado completamente de cerrar la puerta. "¿Quién eres y porqué entras a mi estudio?" Oyó una voz masculina. Se quedó callada y paró de pintar. "No pude evitarlo" contestó sin voltear. "Deberías ir a la fiesta" exclamó el chico. Así que, con vergüenza, Luana se paró y se fue, pero el chico la miró, la cogió del brazo y le dijo: "Me estaba olvidando, mira estas pinturas". El cambio de actitud hacia ella fue muy raro y rápido. Del bolsillo de Luana comenzó a vibrar, el celular. Era su mamá que le había escrito en toda la noche y estaba llamándola desesperadamente. "Me tengo ir" dijo. Se fue corriendo del cuarto y contestó a su mamá de la llamada a pesar de la bulla. Quería que vaya rápidamente a su casa porque justo ellos tenían que salir a último momento y la necesitaba para que cuidara la casa. No quería irse, el tiempo le quedó corto. Se fue en bicicleta con Inés y se quedaron en su cuarto. Inés le estaba contando sobre el nuevo chico que había conocido y que le había dado su número, pero ella no paraba de pensar del chico del estudio. Pensó en alto: Diego, es él. Sintió su celular vibrar otra vez. Era Mauricio. Le colgó, se puso pijama y se quedó dormida.

A la mañana siguiente, Inés ya se había ido de la playa e inmediatamente Luana sacó su bicicleta y fue a la casa de la noche anterior. Estaba abierta, entró a la misma habitación y no había nadie. Le provocó ir a un lugar en la playa que era muy escondido, donde solía pintar el mar. Al llegar había una persona desde lejos. "La escultura que viste era impactante ¿no?" era la voz del chico de ayer. Se quedó en silencio e impactada mientras tanto él agregó: "Aquel día en el museo, me di cuenta de que pintabas  al igual yo" dijo el chico sin voltear, estaba enfocado en la pintura que estaba haciendo. "¿Cómo así?" preguntó Luana. El chico volteó y le dijo que mirara sus manos, ya que ese día y donde estaban tenían pintura. Cuando lo hizo, Luana se había acordado de que le había dado la mano para presentarse amablemente. Aprovechó en preguntarle su nombre y tenía razón de su nombre, Diego. Luana se acercó a él y juntos comenzaron a pintar hasta la tarde, luego salieron a nadar al mar. En la noche, Diego la acompañó a su casa en bicicleta. Al entrar a su casa vio un cuadro grande en la pared de la sala con la firma de Diego. Sintió que seguía ahí así que abrió la puerta, pero ya era muy tarde. Su padre, la vio entrar y le dijo: "Estos cuadros son bien bonitos, que bueno que conociste al hijo de mi mejor amigo, Diego". Su madre le comentó; "Su hijo creció y volvió a darle vida a ese lugar".

Cuando llegó el día de irse, Luana nunca más lo volvió a ver. Diego, esta vez la había dejado sin palabras. Al llegar a su casa, desempacó y se fue a caminar sola, se sentía inspirada. Se sentó en un café y comenzó a escribir: pasó muy rápido al igual que ver las olas en el mar, ver tus manos en el pincel y verte crear ¿Qué tan misterioso podrás ser? Si en verdad volaste, cuando caerás y podré acompañarte en ese sueño que andas trabajando. Se quedó mirando la hoja, pues estaba oyendo una de sus canciones favoritas de la banda de Mauricio. No estaba ahí sino en la radio. Se acordó de él y lo llamó inmediatamente. Sintió que estar en la playa la relajó hasta olvidar su mundo. Cuando contestó Mauricio, le dijo que una productora lo había contratado por 5 años y que nunca más iba a regresar. Luana, pensó que lo mejor para ella era romper con él. Se puso a pensar que todos, ya estaban armando ya su camino y que ya era su hora de decidir lo que realmente quería. Aprovechó en investigar más sobre las carreras de arte, porque sabía que lo suyo era crear.

Al terminar la universidad, Luana se había mudado a otra casa en Barranco. Se había comprado una casa muy grande donde en el primer piso lo usó como museo para sus pinturas y el resto para ella. Caminando por las calles, vio que había un nuevo museo que estaba por abrir, justo al día siguiente. Así que decidió ir. Cuando lo abrieron bastantes personas admiraban cada cuadro del lugar. Algunos ya le parecían conocidos. Pero había uno donde abundaban las personas. Al acercarse, se acordó de que había pintado ese cuadro en aquella fiesta y que ni si quiera estaba terminado. "No pensé que el tuyo iba a terminar siendo la sensación de la noche" escuchó esa voz conocida que le hizo sacar una sonrisa.

Un lienzo perdidoWhere stories live. Discover now