Una noche, adolorida y con el corazón en la mano, con una noticia que se escapaba a gritos de su garganta lo dijo finalmente para sembrar el silencio que sólo la melancolía podía causar.
-Me marcho - finalizó y en el sollozo de su madre encontró la melancolía de la ausencia.
La última vez que la vi, el abrazo se quedó corto y de nuestros ojos brotaron gotas saladas o una pequeña llovizna de verano (porque no se si lloraba de la tristeza de la ausencia o la alegría del emprendimiento)
-Portate bien, te amo- Me susurró al oído con la pena de quien se marcha, con el temor de a quien le tiembla la voz y la alegría del que sabe que volverá.
La pequeña estela de un cabello rubio es el recuerdo que guardo bajo mi almohada.
Ese día entendí el dolor que Dios sentía cada vez que perdía un hijo, sufrí con dolor su perdida aunque fuera un tiempo finito, aunque acabará en un año.
Mis noches han sido amargas, he llorado en mi cuarto, algunas veces tratando de avivar recuerdos, otras veces tratando de apagarlos.
En mi consciencia hay un peso fuerte de que no me conociera más a fondo, de haberme cerrado al amor que me ofreció desde el momento que me vio.
Hoy la espero con el corazón en la mano y un abrazo guardado entre el pecho el cuál que se aviva con cada día, exitado de que aunque no sea muy pronto, volverá y que siempre una pequeña muchachita rubia pensando en mi está.
Te amo
Para mi hermana Nicole
Te espero y me alegro por su aprendizaje
