María, Micaela y Jason me están mirando fijamente, creo que están esperando que yo haga algo.
-¿Qué mierda quieren que haga? - Repliqué yo frente a sus miradas inquietantes.
-Vos sabés que hacer David, dale, armalo.- Me contestó María.
-Calmate un toque, estamos en la biblioteca del colegio.
Micaela y Jason se miraron y luego miraron a María que todavía estaba esperándome a mí.
¿En qué momento llegamos a éste punto de dependencia?
Vivo preguntándome si lo necesito o no lo necesito, pero vivo con ganas de hacerlo y con ganas de que no necesite hacerlo. Es bastante agridulce, se siente bien pero siempre hay un poco de culpa por saber que te hace mierda. Un poco de miedo por volverte adicto. Una intriga al saber que sacrificas tu propio futuro por algo etéreo, o más efímero que etéreo. Pero si sacrificamos a nosotros mismos por lo que dura un poco y se va, ¿Tiene sentido? No sabemos si vamos a morir mañana, entonces deberíamos probar todo ahora, ¿O no? Pero es arriesgado, hay que vivir todos los días pensando que éste sería el último. Creo. Supongo que los pibes seguirán mirándome:
-Bueno, fíjense que no venga Beatriz, que nos expulsan del colegio.
Los libros de la biblioteca eran nuestra trinchera, el peligro nos sabía a diversión y la adrenalina se volvía cada vez más sensacionalmente agradable.
El techo de telgopor del colegio tenía muchos agujeros, creo que el humo se disipará por ahí.
Al cabo de un rato, luego de compartir algunas pitadas con los chicos, tres minutos antes de que volveríamos a clase de Química nos pusimos reflexivos. Los lindos momentos sentimentales vienen afortunados con la lluvia de afuera. Acompañando estaban los colores apagados pero hermosos de la biblioteca y la ventana que daba vista a una ciudad reacia a la belleza.
-Que lindo es estar todos juntos, ¿no?- Micaela era mucho de apreciar nuestra amistad, del compañerismo.
-Sí.- Jason, siempre es bastante seco con sus respuestas.
-Es lindo drogarse en el colegio, me recuerda a muchas cosas, a todas las fiestas que voy y a todos los amigos que tengo.- María siempre se jactaba de la cantidad de amigos que tiene.
-Sí María, a todos los amigos que debés tener, todos esos amigos que siempre están en las buenas pero cuando algo te pasa en tu casa nosotros tenemos que bancarte.
-Bue, David.- Me dijo Micaela, ella siempre quiere que todo esté bien.
-Yo estoy diciendo la verdad, ¿O no?- Mientras buscaba complicidad en Jason y María, que no se habían enterado mucho de la conversación.
Nos quedamos conversando de temas irrelevantes un rato más, riéndonos.
En química nos quedamos callados, a veces nos reíamos de estupideces que pasaban.
Llegó la hora de despedirnos e irnos cada uno a su casa.
Jason volvía a vivir con su abuela, a usar la computadora para jugar un rato y esperar que pase el día.
María debía ir directo a trabajar, son las seis de la tarde y su mamá debe estar en quimioterapia y el papá preparándose para un recital en no sé donde.
Micaela nunca tiene ningún plan, capaz llegaba a casa y se iba a dormir hasta mañana para volver a ésta cárcel de mierda, capaz hable un rato con ella por llamada o por mensaje, la verdad que últimamente estoy bastante apegada a ella.
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Techo y Suelo
Teen FictionDavid y sus amigos no saben cómo seguir viviendo. Depresión, ansiedad, drogas, amor y desamor; son de las pocas cosas que los chicos tienen que sufrir. Una historia que inunda de sentimientos al lector.
