El Patito Feo

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Hoy vine a contarles mi historia, todos la conocen, pero no desde mi perspectiva, hoy se las cuento.

El recuerdo más antiguo que tengo, es el de un lugar oscuro y cerrado, comencé a aletear y a picotear hasta que se oyó un "crack". Me quedé quieto, y miré hacia donde se había escuchado el ruido, entonces vi la luz.

Seguí picoteando mucho más fuerte, escuchaba como toda esa cosa que me envolvía se rompía, hasta que logré sacar mi cabeza.

Mis ojos tardaron un poco en adaptarse al brillo del sol, y, una vez acostumbrados, vi como otros catorce ojos me miraban, los de mi madre, y los de mis seis hermanitos, que habían nacido antes.

Estaban muy abiertos, mirándome asombrados, al principio no entendía la razón, entonces salí de mi cascarón y me acerqué a ellos, al instante mis hermanitos se ocultaron detrás de mi madre, ella me seguía contemplando de pies a cabeza, con una cara extrañada.

Mis hermanitos se miraban también, yo no entendía, pero, inocentemente, le restaba importancia.

Pasaron los días, mis hermanos seguían sin acercarseme, yo andaba solo todo el tiempo, en un rincón del nido. Mi madre cada cierto tiempo, se iba y volvía con comida para nosotros.

Una vez estuvimos listos, salimos a explorar el mundo, siguiendo a nuestra madre, claro. Resulta que vivíamos en una granja, habían varios animales ahí.

Mis hermanos jugaban un una laguna que había por ahí, yo me les acerqué

-¿Puedo jugar con ustedes?
-¡Claro que no, fenómeno!- dijo el mayor de los hermanos, apoyado por los otros
-¿Por qué me llamas así? No te he hecho nada, los hermanos no se tratan así
-Tú no eres mi hermano
-¿Por qué dices eso? Sí somos hermanos, ¿por qué todo este tiempo me han tratado mal?
-¿Acaso no te haz visto?- dijo él acercándose a mí, sin yo poder hacer nada, con su ala empujó mi nuca hacia la laguna, entonces vi mi reflejo.

No lo entendía, era diferente, era de un color grisáceo opaco, mientras mis hermanos eran dorados como el sol, ¿cómo no me había dado cuenta?

-Eres un patito feo- los otros se largaron a reír -¡eres un patito feo!, ¡feo, feo, feo!
-¡Eres un patito feo!, ¡feo, feo, feo!- canturrearon detrás de él a coro.

Seguía mirándome, eso explicaba todo...

Me fui corriendo de ahí, en busca de mi madre, cuando la encontré, la abracé y me largué a llorar, ocultando mis lágrimas en su plumaje.

-¿Qué ocurre, cariño?
-Mamá, ¿por qué no me veo igual que mis hermanos?
-¿A que te refieres?- se veía algo nerviosa -tienes pico, alas, plumas...
-No me refiero a eso, ¡soy feo!, me vi en la laguna, no había notado lo feo y gordo que estoy
-No eres feo, solo eres... algo diferente
-¡No quiero ser diferente!- no dijo nada, solo me abrazó, supongo que fue porque no sabía que decirme para no herirme.

Pasaron las semanas, mis hermanos, cada vez que podían, me gritaban a coro:

-¡Eres un patito feo!, ¡feo, feo, feo!

Así que siempre pasaba al lado de mi mamá, aunque aveces iba por peces a un lago que había cerca y no podía acompañarla, así que me quedaba solo.

Una tarde, mi mamá salió por peces como solía hacerlo, nunca volvió, nunca supe que le había pasado, talvez la devoró un animal o la cazó un hombre, la cosa es que ya no tenía a nadie, mis hermanos no me querían, los otros animales tampoco, así que pensé que no valía la pena quedarme allí.

Sin que a nadie le importara, me fui de allí, decidido a encontrar mi lugar, encontrar un sitio en el que me quieran, y así comenzó mi viaje.

Me la pasé semanas y semanas caminando, comía lo que podía y dormía en done quisiera, hasta que encontré un lugar que me pareció perfecto.

Una gran laguna, mucho más grande que la que había en la granja, había mucha comida y muchos refugios en donde podría esconderme.

Nadaba todo el día, era lo mejor, una vez, sobre mi cabeza, pasaron unas hermosísimas aves, formando una gran "V", eran enormes y blancos con el cuello negro, sentí envidia, quería ser como ellos. Vi mi reflejo, siempre sería horrible, ¿por qué a mí?

Después de ese día, comenzó a hacer frío, tanto que comenzaron las nevadas, la laguna se congeló y empezó a escasear la comida. Ya no era tan divertido como antes.

Congelado, muerto de hambre, rendido. Se me acercó un hombre, y ahí es cuando pensé que sería mi fin, me mataría y me haría caldo, pero, en vez de eso, se sacó la chaqueta y me envolvió en ella, estaba cálida. Me tomó en brazo y me llevó a su hogar.

Ahí me cuidó, me dió de comer y me abrigó hasta que pasara el invierno, una vez llegada la primavera, se despidió y me devolvió al mismo lugar donde me encontró.

Corrí hacia el agua, pero me detuve en seco, no estaba vacía.

En ella, nadaban un grupo de las mismas aves que había visto volar en forma de "V" aquella tarde.

Las contemplé, admirando su belleza, entonces, de la nada, voltearon hacia mí. En ese momento me di vuelta para irme, seguramente no me querrían ahí, volvería a vagar semanas y semanas sin que nadie me quiera, y, cuando llegara el invierno, probablemente no tendría tanta suerte como la última vez, pero entonces...

-¡Hey!, ¡espera!- escuché como una voz femenina me hablaba, volteé -¿a dónde vas?- sorprendido, contesté
-Tranquila, ya no molestaré más
-¿Molestar? ¿de qué hablas?- contestó otro
-Ya sabes...-me señalé el cuerpo con las alas, ellos me miraron extrañados -soy horrible, nadie me quiere por eso
-¡No estás horrible!- dijo ella de nuevo -¿acaso no te haz visto? Creo que eres el cisne más bello que hemos visto- los de atrás asintieron
-¿Cisne?
-Mírate, chico- dijo otro de ellos, entonces me acerqué a la orilla y me miré.

Era totalmente blanco, salvo por mi cuello, que era totalmente negro, no podía creerlo... ¡era uno de ellos! ¡era igual de hermoso! ¡e incluso talvez más por mi plumaje totalmente blanco, que al estar dentro de una casa no estaba sucio!

-¿Soy un cisne?- asintieron sonriendo -¡todo este tiempo creyendo que era un patito feo!- fui hacia ellos, que me recibieron como si ya fuera parte de la familia desde hace tiempo.

Nunca supe como el huevo de un cisne llegó al nido de unos patos, pero agradezco de que eso haya sucedido, si hubiera nacido entre los cisnes, nunca me hubiera dado cuenta de la suerte que tenía.

Fin

Fin

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