Laura

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Laura desde pequeña pasaba los días jugando con sus padres y siempre tenía algo que hacer para no aburrirse. En su clase todos eran sus amigos y la apreciaban por su forma de ser. Llevaba nueve años de vida, los cuales se los había pasado feliz y sin ningún tipo de complicación. Hasta que... Mejor empezamos desde el principio.

Era un día normal, estaba tranquila durante las clases y ya había llegado la hora de volver a casa. Como la pequeña Laura vivía lejos de la escuela tenían que venir sus padres a buscarla. Se pasó el rato hablando y riendo con sus compañeros hasta que todos ya se habían ido y ella seguía en la escuela. Se sentó en el piso y comenzó a hablar con su tutora, la cual también estaba sentada junto a ella. Pasaron los segundos, los minutos e incluso pasó una hora. Los profesores extrañados por la tardanza llamaron a los padres. Laura se encontraba tumbada en el suelo, en eso momento no se preocupaba por la tardanza de sus padres, pues se imaginaba que le estaban comprando un regalo y se les había hecho tarde.

Uno de los profesores se acercó un poco triste y preocupado a Laura. El profe le contó lentamente y de forma sutil a la pequeña niña que sus padres mientras venían a buscarla sufrieron un accidente de tráfico. Poco a poco se fue borrando la sonrisa que estaba en la cara de Laura, hasta no quedar expresión en la niña.

Su tutora la llevó al hospital y durante el camino Laura volvió a ser la feliz e imperativa niña de antes. Llegaron al hospital, como la profesora se tenía que ir porque tenía hijos que cuidar dejó a Laura en la sala de espera. En esa sala había gente llorando, triste o preocupados, pero Laura estaba saltitos de alegría en la silla. Llegó un médico a la sala preguntando por Laura, la niña se levantó emocionada y fue dando saltitos a donde se encontraba el hombre. El médico se quedó extrañado por ver a la niña tan feliz de ir a ver sus padres conectados a unas máquinas que eran lo único que los mantenía con vida, pero era mejor que esté feliz a que esté triste.

Entró sola a la habitación y se acercó a las camillas donde se encontraban sus padres casi muertos, pues como los padres ese día decidieron ir caminando a buscarla a la escuela y se despistaron un momento al cruzar la carretera y daba la casualidad que pasaba un camión por esa calle, fueron atropellados. Laura empezó a hablar enérgicamente con sus padres, los cuales estaban tan doloridos que no podían articular palabra. Después de cinco minutos volvió a entrar el doctor de antes a la habitación para revisar las máquinas que mantenían con vida a los progenitores de Laura y para contarle algo a la alegre niña.

-¿Cómo están mis padres?- preguntó feliz la pequeña Laura.

-Ehm... Se encuentran bien- contestó el médico

-No me mienta- esta vez utilizó un tono neutro para dirigirse al hombre con el que hablaba- Hay posibilidades de que vivan, o solo está intentando darme ánimos conectándolos a máquinas que puede que no consigan que sobrevivan

El médico quedó impactado por las palabras de la niña que aparentaba ser inocente.

-En verdad... Tus padres han perdido mucha sangre y se les ha fracturado muchos huesos, los cuales están cortando poco a poco los músculos haciendo que tenga heridas de mayor grado. Por lo cual es probable que en cinco o diez minutos sus corazones dejen de latir por falta de sangre.- Esta vez el señor dijo toda la verdad.

-¿Vez?, era simple, solo tenías que contarme todo sin pensar que soy una niña y darte cuenta que a mi no me afecta que mis padres se vayan a morir- dijo la niña con una amplia sonrisa. -Ahora solo queda esperar a que me metan a un orfanato por ya no tener padres y esperar a que otros adultos vengan para cuidarme y darme estudios y comida. Pero a mi no me gusta esperar.

Sin decir más, Laura fue a donde estaba el bolso de la madre y agarró las llaves de la casa y salió de la habitación donde estaban sus padres que aún tenían vida. Se dirigió a la entrada del hospital y se dirigió a la casa, por el camino que se había memorizado al venir. Entró en la casa y fue directamente a su habitación. Se tumbó en su cama y se puso a reir.

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Al día siguiente Laura desayunó algunas cosas que quedaban en la nevera y se marchó a la escuela. En esta los profesores le preguntaron sobre sus padres y ella con felicidad les contaba lo sucedido. Al contárselo a los profesores algunos niños lo oyeron y ya casi toda la escuela lo sabía.

A la hora del patio Laura estaba buscando a sus amigas para jugar pero la agarraron del brazo unos chicos de 12 años.

-Oh, mira a quien tenemos aquí, a la niñita sin padres- dijo uno de los chicos, él más bajo.

Laura se quedó sorprendida, no por sus palabras, sino porque era un chico mayor que ella y le sorprendía que le hablara.

-Espera, la pobre es tonta y no sabe aceptar que los padres murieron porque ya no la querían- eso lo dijo el más alto, tras esas palabras el resto rieron.

-Dejemos a la huérfana, primero debe llorar en el silencio- comentó el tercero.

Tras oír esas palabras Laura los miró a los ojos y empezó a reír.

-Tranquilos, mis padres se murieron para no verme- dijo Laura entre las risas.

Tras esas palabras y la escalofriante risa a los chicos les dio mal rollo la niña.

-A lo mejor vuestros padres se artan de veros y en vez de matarse os matan a vosotros, o al perro, ya que son iguales.

Con esa frase se despidió nuestra pequeña protagonista de esos entrometidos niños. Mientras seguía sonriendo siguió buscando a sus amigas.

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⏰ Last updated: Jul 15, 2021 ⏰

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