▪ | 𝐋𝐗𝐗𝐈𝐈 | 𝐂𝐂𝐗𝐈𝐗

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Sirena, que desdichada te recuestas en el mar.
Semidiosa, que de gloria a los mortales viniste a colmar.

Míranos sin gracia, perdidos en tus frondosos cabellos, forjándonos a esclavos, alhajas a la muñeca tuya. Enviaste los más vívidos retratos de la belleza, pero nada como gozar de una vista ojo a ojo. Quien no clama predilectos tus más afamados poemas, no sabrá de poesía.

Húndete, vida mía, conmigo en el Mar Muerto. Ni las sales tan densas desafiaron tu eterna pesadumbre. Sé para siempre, sirenita, el confín espumoso a la orilla del mar que bebo; vayamos, al alba, en balsa hasta el rompeolas. Subamos a pies descalzos roca tras roca y muéstrame, aunque ambas nos hallemos ensangrentadas, el ascenso del sol sobre tus olas.

Gitana, que en agua salada las dunas transformas.

Al ritmo de tu pandero embelesa mi cuerpo y encanta mis movimientos; soy la culebra que se empodera sólo ante tus deseos. Echa las cartas y cobra oro y plata, que la magia se agota y nunca es certera.

A sabiendas me tienes de tu marinero de aguas hondas pero, si beben juntos el mar, ten presente, en mente (alma y corazón) que las dunas que en agua salada has de transformar, pertenecen a la sequedad con la que el mundo resintió tu latir.

A sabiendas me tienes de tu marinero de aguas hondas pero, si beben juntos el mar, ten presente, en mente (alma y corazón) que las dunas que en agua salada has de transformar, pertenecen a la sequedad con la que el mundo resintió tu latir

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Introduction à la colère d'Amon ˎˊ- Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora