─...Joanna solo otra niña incomprendida y desquiciada, Joanna..., Joanna..., Joanna..., aquella niña que solía cortarle las manos a las muñecas, llevar a todos lados su pequeña navaja y hacerse minuciosas cortadas sobres su blanquecina piel. Esa era Joanna, ahora solo es solo un cuerpo lleno de cicatrices, con ganas de asesinar a todo el mundo y despellejar cada parte de su cuerpo sin importarle nada. Paciente de BIID trastorno de identidad de la integridad corporal, entre otros trastornos psicológicos.─ la psicóloga dice sin ninguna expresión pintada en su rostro despues de hablar conmigo durante treinta minutos.─ Esta descripción hecha por la doctora Ortega es un tanto incongruente y fantaciosa , ¿es cierto todo lo que dicen de ti?, ¿Realmente los torturaste y los mataste?
─Sí, si lo hice pero a diferencia de lo que se suele creer, no me arrepiento se lo merecían siempre fueron malos y unos malditos hipócritas conmigo.─ digo sin mirarla. Usted doctora Rojas no me conoció como lo hizo Alma, ella me ayudaba controlar mis impulsos de asesinar a mi estúpida hermana, aunque no lo evito; usted solo cree que soy una loca más y me dará cualquier tratamiento solo para poder cobrar un puto cheque que gastara en drogas, alcohol y un auto nuevo, me parece que es muy patética y estúpida, váyase a la mierda , maldita doctora mediocre
Digo esto y salgo de la blanca habitación y me dirijo a mi triste y sombrío cuarto que se me fue asignado cuando llegue. Veo que la enfermera Rosa se aproxima a mi cuando iba a entrar a mi habitación y dice:
─Niña, ¿si fuiste con la doctora rojas?- dice con una pequeña sonrisa y con ese tono tan dulce con el que siempre me habla.
A aquella señora he estado a punto de decirle mamá, es una de las mejores personas que he conocido desde que llegue al centro de salud mental en el que me encuentro desde hace un año, a la mayoría de las enfermeras les doy miedo, pero sé que es por mi largo expediente de crímenes y trastornos, se supone que debería estar en la cárcel pero al ver mi expediente médico, decidieron ponerme aquí, gracias a eso fui famosa hace un tiempo, resulta que no es común ver a una mujer criminal en el mundo.
─ Creo que esa señora ahora piensa que soy una grosera y no querrá tenerme otra vez en su consultorio. Esa mediocre solo piensa en el tomar y no en la salud mental de sus pacientes, respondiendo a tu pregunta sí fui.- digo mirando a un punto fijo en el suelo. Y Rosa asiente y se va diciéndome que vaya al comedor pues casi es hora de comer.
Entro a mi habitación solo para sentarme y pensar en todo lo que ha pasado en los últimos años, este año entraría a la universidad tal vez en alguna ingeniería, en medicina o, alguna otra cosa, pero lo eche todo a perder. Gran parte de mi vida me dedique a autolesionarme, amaba caerme, cortarme y ver como la sangre salía de mis extremidades, conforme crecí lo hacía menos pero tenía la intensa necesidad de cortar los dedos de mi mano y de matar a mi patética media hermana.
Naomi era tarada y muy estresante siempre tratando de seguir modas, llamar la atención haciendo cosa muy estupidas y queriendo ser única y diferente, presumiendo ser la favorita y perfecta de la familia definitivamente el tipo de persona que llegaba a estresarme, la odiaba y era obvio que quería matarla.
Pero mi pequeño hermano, Juan, era divertido y carismático, nunca le trate de matarlo, ellos no tenían un culpable, por eso dijeron que fui yo, malditos, ellos no saben hacer su trabajo, solo estaban frustrados por nunca poder resolver un caso, en tanto a los otros yo solo defendía a personas que no podían hacerlo y me defendía a mí misma, no me arrepiento sin embargo, es muy tarde para hacerlo, ahora solo quedan recuerdos.
Salgo de mi cuarto y me dirijo al comedor, cuando llego puedo escuchar la monótona canción que han decidido poner ese día, no saludo a ninguna persona y veo a todas las personas que se encuentran en el manicomio, desde simples personas que tienen alucinaciones hasta los más peligrosos y trastornados; me dirijo hacia mi asiento habitual junto a una viejecita que piensa que soy un ángel justiciero que hará justicia por todo lo que le han hecho. La comida llega a mi mesa y su olor inunda mis fosas nasales, tal vez no sea como lo que hacia mi madre pero es lo que hay.
Termino de comer y me levanto de mi asiento para ir a llevar mi plato a la barra de trastes sucios, cuando siento que alguien tira de mi cabello, me volteo y veo a Sofía y Ricardo solo otros maniacos del hospital
─ ¡estúpida de mierda!, ¡te voy a matar!
─ ¿Por qué asesina? Si yo solo estire tu pelo.- dice despreocupada
─ ¡te estas ganando una ida al infierno!, maldita retrasada.- digo y todos se quedan callados
─Mi apá te va a castigar.
Cuando se refería a su "apá", ella hablaba de Dios, al cual yo no le rezaba hace años, resultaba algo curioso, mi familia siempre fue devota y yo fui criada bajo sus enseñanzas, pero recuerdo bien que nunca creí que ser fiel a la fe fuera algo para mí, empecé a cuestionarme ciertas que nunca me dejaron ser creyente y hasta la fevha lo creo.
Rato después llego la directora del hospital y dijo en voz alta:
─Se han perdido algunas cajas de fósforos que estaban en la cocina, revisaremos sus cuartos y quien los tenga se quedara sin comer dos días. Vayan a sus cuartos ¡ya!- dice
─Y tu Ríos, bájale a ese tonito con el que les hablas a tus compañeros-se dirige a mi
─Está bien señora Díaz no vuelve a pasar
Me dirijo a mi habitación como índico la directora. Espero aproximadamente cuarenta minutos cuando tocan la puerta de mi habitación, abro y digo:
─Pásen no van a encontrar nada, ¿tanto por unas cajas de cerillos?- digo
─Sabes que está prohibido robar cosas y más si sabes que hay pirómanos en el hospital - dice seria
Revisan completamente el cuarto y no encuentran nada, aunque si los tenia escondidos.
Finamente se van y me dirijo al patio, pasó lo que resta del día admirando el pasto verde y las lindas flores que hay en esa zona del hospital hasta que llaman para ir a dormir, durante mi trayecto a mi habitación pienso en algo en lo que he estado pensando los últimos días: como seria morir, dejar e plano terrenal e ir al espiritual, ¿iré al cielo o al infierno?
Y caigo en cuenta de que solo hay una manera de averiguarlo...
Planeo mi muerte para esa misma noche de la manera más dolorosa posible, aunque ya no tenga dos dedos de mi mano izquierda, los cuales corte la noche en la que mate a Naomi; podría buscar hacer otra cosa como clavar un cuchillo en mi pecho o quemarme los ojos con los cerillos. Tal vez un poco de todo, pero de una manera sádica y sangrienta, las cortadas ya no me parecen dolorosas son como cosquillas para mí, amo la sangre y verla correr me resulta fascinante.
Salgo del cuarto y me encamino hacia la cocina furtivamente para tomar unos cuchillos , regreso a mi cuarto sin problema alguno pues los de seguridad ni se inmutan.
Empiezo tomando un cerillo y prendiéndolo sobre la piel pálida de mi rostro y quemando toda la parte izquierda de este.
Luego tomo un pequeño cuchillo que traje y hago un corte largo en mi pierna, posteriormente corto algunos pedazos de la piel de la zona de la planta, tomo un cuchillo más grande y corto los dedos de mi pie izquierdo, está saliendo demasiada sangre y sonrió por aquella vista.
Con el mismo cuchillo hago un corte vertical en mi brazo, sigue saliendo mucha sangre y empiezo a pensar en mi familia y en mi vida como la conocía, fue una reverenda mierda pero podría decirse que llegue a ser feliz, hago cortes grandes por todo mi cuerpo y finalmente corto mi garganta.
Y así sintiendo como la sangre sale de mi cuerpo esperaba mi tan ansiado final.
