Tenía un pulso débil, languidecía a cada segundo mientras su compañera trataba de medir su presión con el método más arcaico. Trataba de hacer respirar pausadamente pero el shock parecía ser mas fuerte. Se le iba la vida en cada exhalación.
-Tranquila, tranquila- repetía inútilmente. Como si creyera que en sus imperativos estaba la clave de la salvación.
- Jefa...- dijo Collins con una voz sutil, cómo pidiendo permiso por profanar el sagrado silencio- Jefa... esto no va a funcionar
Como respuesta a aquella siceridad, Collins recibió un inmerecido golpe en las bruces.
