Sobre como las cosas se me fueron de las manos...

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Siempre fui una adolescente curiosa, siempre di lo mejor de mi y creía vivir la vida que quería hasta que llegó la Universidad. Cuando salí del pequeño pueblo donde los chicos suspiraban por mis curvas, siendo la chica que todos querían y nadie conocía la vida parecía pan comido. Una que otra vez, antes de mudarme había estado en páginas de Ana y mia buscando tips para adelgazar sin hacer mucho y había ido y venido, entre vómitos y dietas para sentirme mejor. Reforzando mi autoestima con la impresión de todos de que yo era naturalmente superior, era inteligente y me gustaba mucho leer por lo que creía necesitar un cuerpo que cumpliera los estándares de mi cabeza.
Al llegar a la ciudad todo cambio, nadie ponía un plato de comida frente a mi, nadie me saludaba cuando hacía las compras, y lo que más me dolía era que ya nadie se volteaba a verme cuando caminaba por la calle con un vestido al cuerpo o shorts. Me había vuelto una mas, de un monton de normalitas que caminaban a mi alrededor volviendome un número y me alejaban de mi necesidad de destacar.
Entonces volví, iba a ser hasta mas sencillo que antes porque ya no tenía que vomitar, podía saltar comidas sin más porque a nadie parecía importarle mi existencia.
Vivía en una residencia de estudiantes compartiendo habitación con dos chicas de mi edad, Maite era como yo, quizás un poco por debajo del promedio, regordeta, morena, bajita, y un poco tonta. Pero Isa, todas las noches veía a Isa quitarse sus shorts y sus sudaderas para meter su huesudo cuerpo en un camisón de encaje que resaltaba todo lo hermoso en ella. Sus delgadas piernas, sus costillas, su cintura de 54 centímetros. Me sentía una nena, descubriendo lo que quería ser cuando creciera.
Todo empezó dejando de cenar, los 60 kg bajaron a 57 en cuestión de semanas. Me sentía animada pero al verme al espejo sólo veía grasa. Decidí contar calorías, siempre había sido buena con los números, ¡Iba a ser divertido!
Y lo fue, mantenía mi ingesta calorica bajo 600 y reduci mis horas de comida a tan sólo 6. Acomodaba toda mi alimentación en tres comidas, una cada dos horas y luego moría entre tazas y tazas de té.
Muchas cosas pasaron, hice muchos amigos y mis planes comenzaron a decaer, de lunes a viernes era recta. Tenía mis comidas planificadas, estudiaba montones y disfrutaba cada vez más de la atención que comenzaba a recibir en la calle. Los fines de semana eran la perdición: calorías y calorías perdidas en alcohol que luego no vomitaba por vergüenza, hamburguesas hasta el domingo, galletas, gaseosas, los domingos volvía a casa despedazada, siendo de nuevo la bola de grasa que no podía controlarse.
Una noche en el boliche vi a mis amigos criticar a una compañera mia de la Universidad, por usar minifalda con esas piernas gordas y un top con ese estomago rollizo, grasoso.  Mis amigos, mi nueva fuente de energía y motivación se enorgullecian de mi y mi figura, presumian de como los chicos iban detrás de mi y como mis vestidos se ceñian a mi cintura que parecía jamás achicarse para mi.
La balanza marcaba 54 kg para entonces pero no era suficiente para mi, necesitaba medidas más drásticas.
Estaba deprimida y como era predecible, sin decir nada busque apoyo en mis amigos. Esa noche para relajarme me presentaron a mi nuevo vicio, aquel que había llegado a traerme mas contradicciónes y problemas que cualquier otro, los chicos me habían invitado a fumar marihuana. Yo estaba encantada, muchas noches había sido excluida por no consumir y todos estaban entusiasmados por verme "fumada". Y así paso, fuimos a un barrio cerca de su departamento a comprar, el chico que nos vendió rompía todos mis estereotipos: unos 20 años, ropa de marca, y una sonrisa infinita. Incluso nos "hizo precio" emocionado por la idea de que la primera vez que yo fumara fuera de su producto.
Nos acomodamos en  la habitación, y me explicaron como fumar, como toda ana en potencia era amante de los cigarrillos que alejaban las ganas de comer y mataban mi ansiedad con nicotina y alquitrán.
Pero esto era distinto, me picaba en la garganta y resistir las ganas por toser me estaba matando. Al principio no sentía nada, bueno, en realidad me sentía estupida por creer que iba a cambiar algo en mi. Pensando en mi cabeza, con la habitación a oscuras, viendo una película abrazada a mis amigos decidí que era momento de ser sería. De ponerme una meta y no parar hasta ella, mi índice de masa corporal iba a ser de 18, iba a ser clínicamente delgada.
Pase al baño, a tomar un poco de aire, lista para no volver a comer en mi vida cuando me mire al espejo y con unos rápidos cálculos y una búsqueda en Google estaba decidido. Iba a pesar 47 kg.
Entonces volví a mirarme y no me reconocí, esa musculosa al cuerpo mostraba mis curvas, el escote acentuaba mis pechos, aquellos shorts eran más cortos de lo que estaba acostumbrada y sabía que aquel reflejo me pertenecía. Pero no podía reconocerme, hacia semanas había llegado y de la nada ya no sabía quién era yo.
Observe mis clavículas, y ahí fue cuando la escuche por primera vez. Me animaba a tocarlas, a reconocerlas como mias. Sabía que iba por buen camino, Estaba segura de ello y esa noche cuando me acosté en la cama ella apareció. Sentada, hablandome en susurros como si Maite e Isa también pudieran escucharlas.
"No te asustes" dijo, llevaba mi pijama pero esa no era yo, su cuerpo era mucho más delgado que el mío, tenía piernas finas y podía ver como la mano en su cintura reflejaba lo pequeña de esta "Vamos a estar bien, sólo nos falta un poco más de esfuerzo para que todos vean quienes somos en realidad. Yo se que sos mas que ese cuerpo lleno de grasa, se que podes mas. Vamos a liberarnos de esa prision"
Y si ese día hubiera tenido una idea de lo mal que podía (e iba a) resultar, quizás hubiera hablado con alguien mas de ella.

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⏰ Last updated: Feb 13, 2019 ⏰

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