Suena la alarma. Ella se levanta sin problemas, le gusta la aventura de cada día, dejar la cama representa el inicio de un día de trabajo que no espera, que no se detiene. Sofía Collins es una mujer con poco más de 30 años, ha alcanzado rápidamente un gran éxito laboral, es parte de un prestigioso buffet de abogados en Los Ángeles y le encanta su trabajo, los casos los aborda con determinación, y a excepción de unas pocas derrotas, que la llevaron a conocer mejor las victorias, su porcentaje de efectividad es muy alto. Parte de su éxito, ella cree que es por no haber formado una familia, sin esposo, sin hijos, sin relaciones amorosas serías (lo que ella no sabía en ese momento, es que tan solo unas semanas después, esa verdad que parecía absoluta, pasó a ser tan frágil que estaba a punto de cambiar todo por un hombre). No es que no le hayan faltado oportunidades, pero desde joven tuvo ese impulso de independencia, de libertad, y sabía que un hombre podría retrasarla en sus objetivos. Y para ser honestos, nunca le había faltado un esposo o un hijo en casa, cuando ha tenido la necesidad carnal del sexo y de coger, ha encontrado alguna pareja esporádica, aunque las evita porque aunque parezca incongruente, los hombres cuando les dicen que no hay compromiso y parece que les dan lo que más les gusta, después son los primeros obsesionados y no aceptan la idea de no poseer a una mujer libre. Además, para satisfacerse, como decía ella, basta su arsenal de juguetes sexuales, que le brindan el placer que necesita, por la sencilla razón, de que ella misma se encarga del uso, de llegar al punto adecuado, el ritmo correcto, la presión necesaria, y lo mejor, no tiene que compensar ni agradecer, ni devolver el favor.
Mientras toma un buen café, que es parte de sus vicios, y se prepara un sándwich ligero, se arregla para trabajar. Su cuerpo, esbelto y atlético por naturaleza, y por sus días de entrenamiento en la preparatoria. Piernas torneadas, senos pequeños pero abultan donde deben, y le encantan en su forma. Brazos delgados pero firmes, nalgas dignas no solo de deseo, sino que los que han llegado a apretarlas, saben que su firmeza sigue desafiando la gravedad. De facciones lindas, ojos grandes color café, boca sensual, dientes casi perfectos por sus años usando brackets, salvo una pequeña fisura en uno de sus dientes frontales superiores de un clavado en una alberca hace algunos años, pero decidió no repararlo, de alguna manera le recordaba que no debía sentirse perfecta. Pero lo que más le gustaba, su cabello, ondulado por naturaleza, brilloso y sedoso, con el volumen exacto decía. Parecía de comercial, y le encantaba traerlo suelto. Se puso su traje sastre, hecho a la medida, sus ganancias financiaban esos gustos de vestir a la medida, zapatos con tacón alto, que no importaba la jornada de trabajo, siempre los lucia, porque sabía que ellos la hacían lucir a ella. En esos momentos antes de salir, y ponerse sus accesorios, discretos pero elegantes (y caros), se puso un anillo que le regaló su madre, y los recordó. Ella vivía hace ya casi 13 años en la gran ciudad. Sus padres se quedaron en su pueblo natal, y aunque en avión podría estar con ellos en solo 3 horas, cada año iba menos, los extrañaba menos, y quizá lo peor, a veces pensaba, es que no le dolía. Ciclo de la vida decía, es lo normal, concluía.
Su situación laboral exitosa, su bendición natural de ser bella también en lo más alto, la hacían poco amigable. Sabía que era poderosa y por lo tanto, se hacía inalcanzable, difícil de obtener de ella una sonrisa o un gesto amable. No era mal educada, pero tampoco era de esas que se piensa "es un pan de Dios", y a ella le gustaba, le gustaba atraer la mirada de los hombres, y más aún, le encantaba la envidia de las mujeres, saber que era una perra! Pero una perra que es jefa pensaba ella! A menudo le gustaba lanzar alguna mirada provocativa a un hombre en frente de su pareja, solo por diversión, y en su mente les dedicaba a ellas está oración: agradece estúpida! Porque si tu hombre me gusta, entonces ya no sería tu hombre!.... Sus oficinas se encontraban en el centro de la ciudad, pero le gustaba irse en el tren, sabía q manejar era un martirio y encontrar estacionamiento, peor. Por eso su casa la había comprado cerca de las últimas estaciones del tren, le gustaba esa parte de su rutina, y aunque tenía que hacer un transbordo en el centro para tomar el metro, también disfrutaba esa sensación de peligro, o de mezclarse con la gente común.
Ese día ciertamente, todo había transcurrido normal, igual, Sofía iba en su horario, en "su" tren, y todo marchaba de lo más cotidiano. Casi nunca pensaba en su trabajo hasta llegar a él, así que ese lunes no era la excepción, más bien pensaba en que comería, o si en la noche bebería cerveza o vino tinto para cenar. Sumida en ese pensamiento llegó a su transbordo, y en la terminal, donde se hacen las filas de gente para elegir el rumbo de su siguiente tren, no pudo ver al hombre que tenía a su lado, y cuando ambos pasaron el punto acceso para avanzar al pasillo central, en ese momento cuando su mano se extendió para hacer girar su carrusel, se encontró al mismo tiempo con otra mano que se extendía de apoyo. Ese ligero contacto dio inicio a toda esta aventura. Esa fracción de segundo donde ella retiró la mano como un acto reflejo al tiempo en que decía: disculpe, y levantaba la vista para hacer un contacto visual con la persona con la que había tenido ese toque "accidental" la marcó para siempre. Al ir levantando la mirada, se encontró con un hombre, que la palabra atractivo le quedaba apenas corta, era un hombre más q atractivo. Aún no sabía que su nombre era Michael, ella solo pensaba: oh dios! Pero mira que lindura tenemos aquí. Llevaba una camisa de manga corta que dejaba ver sus brazos bien trabajados. La talla perfecta de cómo debe usar un hombre una camisa. Pantalones de corte casual entallados para dar forma donde debían. Zapatos que hacían bien juego con lo demás, casuales, limpios, y de calidad. Pero lo que hizo que casi tropezara fue lo que vio en su rostro. No es que fuera un tipo bonito, y q bueno, no le gustaban así, y la mayoría son gays. Tenía una barba de dos o tres días que lo hacía interesante, ojos penetrantes de un color café oscuro, cejas pobladas, algo que ella se fijaba mucho, las orejas, y las de él, encajaban perfecto con su rostro. Cabello medio largo, de color café y algunos tonos de rubio natural, pero parecía q cada cabello hubiera sido colocado en su perfecta posición. Y mención honorífica a sus manos, grandes, venas definidas, y como ella decía con sus amigas: manos de hombre. También, de haber estado con sus amigas en el bar, ese tipo de hombre hubiera sido un premio que le hubiera gustado llevar a su cama, y permitirle desvelarla para tener sexo una y otra vez toda la noche. En ese momento tampoco tuvo tiempo para pensar en su miembro, pero por varios minutos durante la comida, y por casi una hora en su cama por la noche con su vibrador, si echó a volar su imaginación y se lo imaginó como quiso. Vaya hombre pensó, mientras de su boca (que ella después se reía pensando que debió tenerla sumamente abierta y posiblemente babeando) salía una pequeña risa, un lo siento, no me fijé! Y sin duda, su cara se puso roja como en tomate. Poco más adelante sentada en el tren, se sintió tonta, como una adolescente al estar frente a él. Qué pena! Jajajaja y que lastima que no me lo puedo cenar hoy!
Lo que Sofía no sabía era que el encuentro no fue una casualidad. Lo que no sabía era que Michael la tenía vigilada desde hace semanas, que conocía tantas cosas de ella, y sabía perfectamente que pasaría por ahí como todos los días entre semana. Sofía tampoco sabía que Michael conocía a donde iba, en donde trabajaba. Y por supuesto, lo que menos se imaginaba era que ese día todo había salido según lo planeado. El plan había iniciado, y había salido muy bien. Finalmente, lo que no sabía la abogada era que su vida se había puesto en peligro desde ese primer contacto, toda su vida sería puesta a prueba, por el tipo del encuentro afortunado en el transbordo del tren
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Perversiones desconocidas
Mystery / ThrillerSofia Collins, una reconocida abogada, de las mejores de Los Ángeles, su vida se basaba en trabajo, oficina y casos. Has que un día su vida cambió, conoció al hombre que le robaría el aliento y el que pudiese ser el amor de su vida. Inesperado y pas...
