La llegada

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Quién hubiese imaginado que me quedaría sola. Es decir, Lauren está conmigo, ella me quiere y sabe lo duro que ha sido para mí abandonar California, peró si no lo hacía yo, lo haría mamá.

Cada uno de mis recuerdos a bordo de aquel mar de disputas me estallan en la cabeza cuando cierro los ojos, menos mal que la tía Audrey nos ha dejado quedarnos con ella, sinó, no creo que ni yo ni mi hermanita estubiésemos vivas. Pero como decía ella, <<Ponte metas que te obliguen a aguantar, así todo será más fácil>>. Al menos la tía Audrey no tiene ni idea de porqué hemos venido, y debe seguir así.

El viaje en tren es corto, y la tía dice que su casa es muy vistosa, de color azul celeste, con flores alrededor, Lauren y yo estamos muy emocionadas, hay una pequeña escuela en medio del pueblo, a la cual podremos ir, además, ayer hablé con la profesora para que me dejara hacer prácticas, ya que no he podido terminar la carrera en California. Lauren continuaría en sexto, mientras que yo haría de canguro para los niños pequeños, así me sacaría algo de dinero, y podría ayudar a la tía con unas reformas que dice necesitar.

-¡Grace! ¡Ya llegamos! La casa de la tía si que es bonita...

-¡Déjame ver!- Salté corriendo hacia la puerta, con la maleta en la mano- Vaya... La verdad, al principio pensé que nos había mentido.

La casa era preciosa, se notaba el esfuerzo que había puesto en que su casa destacara.

La casa era preciosa, se notaba el esfuerzo que había puesto en que su casa destacara

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La tía Audrey nos recibió en seguida, era muy simpática. Hacía mucho que no nos veíamos.

-¡Grace! ¡Lauren! Que guapas estáis, y cuánto habéis crecido?!

Con dos besos y acabadas las instrucciones sobre el pueblo, la tía Audrey nos llevó a nuestras respectivas habitaciones, las cuales eran mucho más bonitas que la casa en sí.

Lauren escogió la habitación de al lado de la tía, junto al comedor, y yo me quedé en el ático, donde el lavabo.

Decidí salir a dar una vuelta a explorar el paisaje, para mi sorpresa, no había ninguna alma por allí, algún anciano en el banco, y tres niños cazando sapos. Decidí irme más hacia las colinas, ya que el ambiente desolador de la plaza que revolvía el estómago.

Metida en mi música, iba yo cantando tranquila, cuando decidí parar a descansar debajo de un cerezo.

-<<So what's the point of wearing nothing if you never notice?!>> (Entonces, ¿cuál es el punto de llevar nada si nunca te das cuenta?!)

-Yo sí que me daría cuenta...- Una voz surgió a mis espaldas, noté que una presencia llevaba más de dos minutos observándome.

-¡Me has asustado!- dije poniéndome de pie, interceptando la figura humana, o más bien divina, que se dirigía hacia mí con una mueca de satisfacción.

-Cantas muy bien, ¿Lo sabías?

-No, si te parece me acabo de dar cuenta- No me había oído responder tan bordemente en años, pero su presencia me incitaba a darle un poco de su propia medicina.

-¿Vaya, un largo viaje?

-¿Cómo lo sabes?

-Apenas viven cuatro familias por aquí, y una cara como la tuya no se me habría olvidado.

-¿Y tú eres...?- dije, intentando cambiar el rumbo de la conversación.

-Tu nuevo vecino, bueno, en realidad tú eres la nueva vecina.

-¿¡Me has espiado!?

-¡No! Pero la señora Audrey nunca había repintado la casa desde... Nunca. Así que supuse que tenía visitantes. Te vas a quedar aquí?

-Supongo, pero si consigo trabajo me iré con mi hermana a otra ciudad...

-Entonces... La señora Audrey es vuestra tía?

-Sí, hace mucho que no veníamos ha visitarla...

-Bueno, supongo que te veré pronto. ¡Adiós!- Y se alejó colina abajo.

Cuando me disponía a bajar la colina, oí:

-<<There's sex in the air, I don't think you notice...>> (Hay sexo en el aire, no creo que te des cuenta...)

Genial, lo que me faltaba, primer día en el pueblo, y ya había quedado como una tonta delante de un chico...



Dulce venenoWhere stories live. Discover now