El despertar de Julieta
El dolor de cabeza empezó a ser más fuerte y tratar de abrir los ojos me costaba trabajo, aún manteniéndolos cerrados me sentía muy mareada así que dudaba si abrirlos era la fin y acabo, una buena idea...
El cansancio volvió a vencerme y mi consciencia volvía a dejarme en la oscuridad.
—No quiero volver a verte, Julieta. –sus palabras penetran en lo más profundo de mi alma y hacía que se me oprimiera el corazón–... No puedes imaginarte cuánto me arrepiento de ti...
La opresión en mi pecho cada vez se hacía más insoportable y preferí esta vez tratar con todas mis fuerzas abrir los ojos a pesar de las náuseas y fuerte mareo, prefería eso a tener el dolor en el pecho y la gran tristeza e incertidumbre que me provocaba aquella voz...
—... No se preocupe señor Van Kleist, iré a llamar al doctor. –una voz masculina respondió pero no entendí lo que dijo, me estaba exasperando, abrir los ojos me estaba costando y cada que intentaba mantenerlos abiertos la luminosidad de donde me encontraba me cegaba y me hacía volver a cerrarlos, entonces otra vez comenzaba con la odisea de volverlos a abrir
—Todo depende de ella, ya se lo había dicho. –habló una voz ronca, supuse era de alguien mayor, trate de entender lo que la otra persona decía pero de nuevo, no pude hacerlo...
Poco a poco me costaba menos ser consciente de lo que pasaba, el dolor de cabeza era más soportable... tenía la boca seca y la lengua pastosa. ¡Dios! Me sentía increíblemente fatal, cómo si cien sacos de papas hubieran caído sobre mí. Hice presión en mis parpados para de una vez agarrar todas las fuerzas que pensaba no tenía y abrirlos definitivamente. Sentía como varias personas caminaban cerca a mi y balbuceaban... Pronto ya me encontraba forzando mis ojos para mantenerlos abiertos y poder dar forma a lo que veía.
—Julieta... –pude escuchar y volteé mi rostro hacia donde mencionaron mi nombre. Y poco a poco la imagen se hizo más clara, más no podía creer por que no me era familiar su rostro... o si? –Erick ¿Cómo se encuentra mi...?
¿Qué dijo? Aún las palabras se me enredaban.
Mis ojos empezaban a colaborar conmigo y analizaban el lugar en donde me encontraba... —Donde... ¿Dónde estoy? –fue lo que pude decir con una voz ronca y baja.
Entonces el de la bata blanca me respondió —Sra. Van Kleist, está en la habitación de un hospital, tuvo un accidente ¿Lo recuerda? –analizaba mis ojos con una linterna y me aturdía con eso —Me mareas. –logré decir y él se disculpó.
Mi boca estaba muy seca como para responder. Pero no, no recordaba nada de un accidente. Y tampoco entendía por que había personas que no conocía en la habitación.
—¿Julieta... como te sientes? –abrí los ojos para encontrarme con el dueño de aquella voz...
—¿Quién eres tú? –lo dije bajo pero todos podía escucharme. Inmediatamente los de la habitación detuvieron su andar y me quedaron mirando.
El dueño de la ultima pregunta me miró intensamente.
—No... no bromees. –titubeó, pero yo no estaba jugando. Estaba siendo muy honesta.
—¿Dónde está Elena? –susurré lo suficientemente claro para que me pudiesen entender y noté que el chico se puso aun más tieso. ¿Acaso no era normal que pregunte por el único familiar que tengo? ¿Preguntar por mi hermana estaba mal?
—Julieta... –volvió a decir mi nombre y yo sentía una presión en mi pecho. Volví a preguntar quien era él, me estaba exasperando... el de la bata blanca se acerca a quien me llama por mi nombre a decirle no sé que, pero se notaba que no lo creía. —Espera... ¿Qué? –alza su mirada sobre mí y dice:
—¿Realmente no sabes quien soy? –le quedé mirando —Soy yo, León Van Kleist. Tu esposo. -lo dijo alto y firme. Y le quedé mirando. Solo parecían palabras al aire para mí.
Aquel de la bata blanca le recriminaba el por que seguía en la habitación y más aún el por que me dijo aquello. Yo seguía viéndolo y analizando lo que acababa de decir, palabra por palabra.
—Sra. Van Kleist... -el doctor y yo éramos los únicos en la limpia habitación, entonces entendí que era a mí a quien se refería —¿Qué es lo ultimo que recuerda?
¡Oh, Dios mío!
Una fuerte punzada en la cabeza hizo que poco a poco todo se volviera borroso y el abrir los ojos fuera aún más difícil.
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'MI TIEMPO A TU NOMBRE'
RomanceLo que Julieta no podía explicar es que por qué aquel chico de ojazos grises se encontraba en aquella habitación de hospital cuando ella despertó. Cuatro años se habían borrado de su memoria y no tenia ni la más remota idea en la guerra de poder y d...
