El Humo de las Pesadillas

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La madera rechinaba, los vidrios tiemblan y el techo se quejaba por los azotes de la tormenta.

Cerradas las puertas con gruesas vigas de madera, me oculto bajo la pesada cama de roble y cierro los ojos rezando para que el silencio nuevamente reine fuera de mi hogar.

Por unos segundos es así, pero solo por aquellos preciosos segundos.

La habitación se llena de astillas de vidrio que vuelan envueltos en un grueso humo negro, las paredes se empiezan a agrietas y abrir por los azotes del exterior como el humo entra a la habitación sin que este llegue a asfixiarme aun con el aspecto a tinta que posee.

Las paredes empiezan a filtrar más de aquel humo que escalando por las paredes, muebles y por el techo lo empiezan a cubrir todo como la misma podredumbre.

El piso empieza a temblar y como orugas bajo la piel esta se deforma bajo mío para estallar en olas de humo que envuelven mi cuerpo, observando ahora el colchón frente a mi rostro siendo incapaz de moverme, solo rezar, rezar en silencio deseando que todo sea solo un mal sueño.

Mi rostro, lo único que siento que aún es libre de aquel espeso humo muevo para ver las garras relucientes como plata que lentamente agarran la cama por ambos lados, está siendo de dos plazas y de roble pesado, pero aun así fue lanzada por el aire para caer engullida por el humo sin hacer el mínimo ruido al caer en la oscuridad.

El techo despedazaba, se abría en mi mente de par en par, rasgada, destrozada, pulverizada en mi mente al estar sumido todo en oscuridad.

No puedo moverme, solo veo oscuridad, ni el sonido de mi propia respiración, solo veo una negrura infinita y en ella, lentamente, veo crecen dos destellos rojizos hipnotizantes y de improviso ante mis ojos aparece de las entrañas de aquel humo una máscara de blanca porcelana.

Una sonrisa fina y alargada en cuyo interior solo se ve oscuridad son decorados por dos afilados y malignos ojos de los cuales vomitaban aquella enfermiza luz rojiza que era incapaz de separar de mi vista decoraban la blanca y perfecta porcelana de la máscara.

Del humo negro que envolvía como una tela todo a mi alrededor hace que pueda notar emerger unas gigantescas cuchillas plateadas, monstruosidades del tamaño de un brazo que segmentadas como los dedos humanos se movían como las patas de una araña hacia mí rostro.

-Dulces... Sueños.


Al día siguiente la paciente de la celda 124# había aparecido muerta en una noche que había pasado toda la noche despierta gritando y luchando contra la camisa de fuerza, aun con todos los sedantes suministrados no dejo de gritar hasta que al amanecer pereció con una horrible mueca de terror en su rostro.

Ya van diecisiete.

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⏰ Last updated: Feb 06, 2019 ⏰

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