Candela bajó del coche y caminó lentamente por la playa hacia el punto de encuentro. Era muy temprano. Demasiado temprano. La bruma le cubría los pies y la humedad le iba calando el pijama poco a poco. Al final del camino la esperaban la policía y algunos compañeros de la prensa a los que madrugar, aparentemente, no les costaba tanto trabajo.
La parafernalia que había montado la científica era de película: una carpa, un helicóptero, varios equipos de rastreo y en el centro del cuadro una cajita roja, muy pequeñita, y cuatro señores vestidos de blanco, representando una escena más parecida a un Portal de Belén que a la investigación de un crimen.
—¿En serio? ¿Otro dedo? —preguntó Candela.
—En serio. Otro dedo —le confirmaron.
Tres meses antes de su llegada al pueblo, alguien había decidido que era el sitio ideal para dejar sus pequeñas cajitas macabras. Una cada semana. Una detrás de otra. Como si estuviera intentando enviar un mensaje que no se terminaba de entender y pensó, quizás, que a base de repetir, al final se entendería. El resultado, hasta la fecha: trece ejemplares del dedo de la peineta que seguro encerraban algún significado oculto...
La identificación no estaba resultando fácil. Nadie había desaparecido, o al menos nadie lo había denunciado, ninguno estaba fichado, no había coincidencias de huellas, ni de ADN y bueno, no es que un dedo sea precisamente el espejo del alma. Después de las primeras investigaciones, lo que sí parecía seguro es que ninguno era del pueblo.
—¡Buenos días, princesa! ¿Y el paloselfie? ¿Se te ha olvidado? —intervino brillantemente García, gran policía y mejor persona; propietario, no obstante, de ese humor tan particular...
—No te pases, García, o se acabó LA información...
Desde el principio y sin motivo aparente, "el de los dedos" había elegido a Candela como su única portavoz. Cada vez que depositaba otra caja, ella recibía una llamada telefónica indicando dónde se podía recoger; y esa era LA información que le pasaba al policía: la localización de los denominados "puntos de encuentro". A cambio, García le pasaba todos los avances de la investigación, que luego eran enviados puntualmente a su periódico en la ciudad.
El caso había alcanzado ya una amplia repercusión internacional y no era raro que los medios de comunicación enviaran a sus mejores influencers a cubrir las noticias... Sí. Enviaban a sus "mejores" influencers... El mundo del periodismo estaba cambiando mucho. A los gigantes de la información ya no les importaba contratar profesionales, ni tampoco la calidad de su trabajo. Lo verdaderamente importante era garantizarse, a base de "personajillos" famosos, la audiencia suficientepara superar a sus competidores. García, que era de la vieja escuela en todos los sentidos, no entendía muy bien por qué tenía que aguantar a esa "gente tan moderna" pero para un caso importante que le caía del cielo, se conformaba con que el intercambio de información siguiera funcionando.
—Calla y disimula, que tengo novedades —a García le gustaba hacerse el duro para no levantar sospechas, justo antes de soltarlo todo—: esta vez es diferente, Candela. Dentro de la caja viene una nota. Trece semanas, ni una sola pista, ¡y por fin una nota!
—¿Una nota? ¿Y qué dice? —preguntó impaciente.
—Algo está a punto de pasar. No tenemos ni idea de qué puede ser, ni de cómo va a ser, ni de cuándo, pero nos tememos lo peor... Por favor, tienes que estar muy atenta a cualquier llamada, o mensaje, o lo que sea...
—¿Pero qué dice la nota, García? ¡Habla! ¡Que se me va a salir el corazón por la boca, hombre!
—La nota dice "SOLO UNO MÁS".
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PatchWork
Mystery / ThrillerUna pequeña ciudad del sur se ve envuelto en los caprichos macabros de un asesino en serie, que dice estar creando su gran obra maestra con trocitos de...
