𝓞𝓷𝓵𝔂 𝓼𝓱𝓪𝓭𝓸𝔀𝓼

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Los rayos del naciente sol acariciaban con delicadeza su negra cabellera, como si ese dorado astro supiese que no debía despertar al hermoso muchacho que yacía dormido en la cama. A su lado, una joven lo observaba con ternura y notable amor, que el joven Yoongi no percibía. De todas maneras, ese era el mejor despertar que le podían conceder a la muchacha. Tras unos minutos de silencio y tranquilidad, el pelinegro abrió sus ojos con pereza y lentitud, encontrando a su mejor amiga y sonriéndola dulcemente.

-Hola...- pronunció la muchacha, con un leve sonrojo. A él le pareció adorable, haciendo que su sonrisa se ensanchara.

-Hola peque- dijo el chico, acariciando la mejilla de la menor y observando sus bonitos ojos color miel. Su voz era ronca y grave por su reciente despertar. Ambos se quedaron en silencio, observando el rostro del otro y la pequeña Raeh se atrevió a besar suavemente la mejilla del contrario, temerosa de su respuesta.

Sin embargo, el joven sonrió todo lo que su rostro le permitía y la abrazó contra él, acabando encima de Yoongi y escondiendo la cabeza en el hueco de su cuello. Se sumieron en un cómodo silencio durante unos minutos, disfrutando de la calidez de ese abrazo. Las frías e invernales mañanas de Seúl eran las favoritas de ambos, pues podían acercarse un poco más con una escusa coherente. Finalmente, la morena se levantó de un salto, risueña.

-Voy a hacer el desayuno, ¿quieres algo?- se agachó a ponerse las pantuflas, dándole la espalda. Él simplemente dijo que sí, sin concretar el qué. Ella ya sabía lo que le gustaba ,así que salió de la habitación y se dirigió a la cocina a paso calmado.

Por su parte, el pelinegro pensaba en su mejor amiga, sonriendo bobamente y recordándose lo guapa y buena que era. Desde hacía unos meses, sus sueños tenían una imagen, sus pensamientos un nombre y lo único que quería escuchar era una dulce y suave voz; la de ella. No sabía lo que sentía, pero lo sentía con intensidad. Se levantó perezosamente de la cama y fue hacia la cocina, encontrándola de espaldas y abrazándola así, apoyando la cabeza en su hombro y besando su cuello con frecuencia y dulzura. La muchacha se estremeció, pero sonrió y siguió haciendo el desayuno de los dos. Caminó hacia la nevera con Yoongi abrazado a ella como un bebé koala, cogiendo la leche para sus cafés. Minutos más tarde, se encontraban desayunando entre risas, tan felices juntos...

Todo se volvió negro, y ella apareció en un ataúd de cristal, con expresión dolida y dos pequeñas lágrimas negras en lo alto de sus pálidas mejillas. Él trataba de alcanzarla, pero estaba tan lejos... Como aquella noche.

El muchacho volvió a despertar, con pequeñas gotas de una mezcla de sudor y lágrimas que resbalaban por su rostro y caían en el blanco edredón. Era tan doloroso soñar eso una y otra vez, culparse de todo y gritar interiormente por tener el apoyo de alguien. Su apoyo...Lo necesitaba. Necesitaba a la pequeña morena junto a él, calmándole, pero era tan doloroso saber que jamás podría volver a tenerla tan cerca...

Tambaleante, se levantó de la cama y se dirigió al espejo, observándose en él mientras respiraba agitado. Tenía unas profundas ojeras que destacaban con creces en su pálido rostro, carente de la alegría y calma que desprendía antes y los pómulos hundidos por su mala alimentación. Si tan solo hubiera llegado antes, si no se hubiera tomado tan a la ligera las señales que su amiga le daba, quizás en esa cama yacería ella, durmiendo. Pero tan solo se encontraba un hueco vacío en el lado izquierdo de la misma.

Llegó muy tarde. Su luz se había apagado, como si de una ordinaria vela se tratase y, junto a ese acto, se llevó un gran pedazo de su malherido corazón, repleto de heridas del pasado, ahora abiertas de nuevo.

La soledad es una mala arpía que te revive casi sin darte cuenta tus peores pesadillas y temores, asustándote con ellos en cuanto tiene oportunidad, pero sin duda la peor herida que tenía era la que la pequeña Raeh le había dejado con su temprana y triste partida. Supuso que él estaba tan ciego de amor que jamás vio el problema real que tenía su secreta amada, el cual la llevó a acabar con todo aquella fría noche.

La mañana se alzaba contenta y luminosa en Seúl, pero su sol se apagó hace tiempo y demasiado rápido, sumiéndole en un tormentoso y oscuro crepúsculo en el que se ahogaba cada vez más y más.


°끝 °

『 Sun 』m.y.gStories to obsess over. Discover now