Prefacio

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Aviso: esta historia puede considerarse un "cover" ya que, contará con personajes tales como: Los Vengadores, diversos agentes de Shield, los Guardianes de la Galaxia ect. (se intentará respetar al máximo la integridad de todos y cada de los personajes creados y que son por derecho de Marvel Comics)

Capítulo 1: Kendra.

La Torre de los Vengadores (antes conocida como la Torre Stark) se alzaba imponente en el centro de Nueva York. Era como si estuviera desafiando al Empire State Building. A Kendra le parecía imperiosa a la vista. El café en culla terraza estaba sentada, quedaba justo enfrente del titánico edificio y permitía un vista perfecta de él. Comprobó su reloj. Ya casi habían pasado diez minutos desde que se había sentado a contemplarlo pensativa. Le había sorprendido un poco la cantidad de turistas que paraban a hacer fotos, señalarlo y sonreír. Había diferentes reacciones claro. Algunos parecian mirarlo con respeto e incluso con miedo. No era algo que le sorprendiera. Después de todo lo que había sucedido en Nueva York y en Washington D.C en los últimos dos años, había quedado más que claro que los Vengadores eran los protectores de la tierra. Y que evidentemente había que ser muy estúpido para meterse con ellos o con su protegida en cuestión. Aunque no todo había acabado bien para todo el mundo. La organización federal de influencia mundial conocida como Shield, había resultado tener un topo increiblemente peligroso. Un topo que quería conquistar el mundo. Un topo conocido como Hydra. Después de descubrirse todo aquello, Shield había quedado muy dañada y prácticamente destruida. Secretos ocultos y muy oscuros habían terminado por salir a la luz y debido a ello, los gobiernos mundiales habían renunciado a la colaboración con la agencia de espías. Lo que había dejado a muchísima gente sin trabajo y eso, la incluía a ella.

Era una de las mejores agentes de campo que había, pertenecía a un Nivel 10. Una rango muy elevado para una joven de veintidos años, no había prácticamente ningún agente de esa edad que estuviera en el puesto en el que ella había estado. Los motivos principales de esto eran básicamente el entrenamiento y la experiencia. Lo que diferenciaba a Kendra de los demás, es que poseía unas cualidades de combate muy "especiales". Lo que claramente le aseguraba un puesto de trabajo en la nueva empresa de seguridad mundial que había creado el multimillonario Tony Stark, conocido como el vengador Iron Man. Suspiro, dejó un billete de cinco dólares sobre la mesa y se dispuso a cruzar la calle. Por lo que pudo ver nada más llegar, las puertas de la Torre eran de un cristal bien reforzado y a prueba de balas. Lo que no le sorprendió. La recepción tenía un tamaño muy respetable, era inmensa. Predominaba una enorme mesa de metal, que tenía una A en el centro y detrás de ella había un recepcionista rubia que estaba intentando mostrar una sonrisa amable. Recorrió a Kendra de arriba a abajo mientras se acercaba a ella y su sonrisa estuvo a punto de ser sustituida por una expresión de repulsión.

- Buenos días señorita, ¿en qué puedo ayudarla? - Su voz era de pito y su tono prepotente. Kendra le sonrió falsamente de lado al contestar.

- Buenos días, soy una ex-agente de Shield, he venido para la entrevista con...

- Con la oficina del nuevo departamento de seguridad global Stark. - la sonrisa desapareció finalmente y fue sustituida por una mueca aburrida.- Me lo imagino, han venido como unos treinta agentes en lo que llevamos de mañana. Muestreme su antigua placa de Shield. - Kendra la saco de uno de los bolsillos del ajustado traje-pantalón. La recepcionista la miró unos segundos y acto seguido le entregó algo. Un pase de acceso. - No se lo quite o la echarán del edificio. La planta de las entrevistas es la catorce. - Dirigió la mirada a la pantalla del ordenador ignorandola por completo. Kendra se preguntó si las entrenaban también a ellas para que fueran tan estúpidas. Se puso el pase de seguridad y se dirigió al ascensor. El ascensor también era de última tecnología, ya que tenía los botones táctiles, programados para detectar las huellas digitales de quien los marcaba. Pulso la planta catorce y apenas pasaron treinta segundos cuándo las puertas se abrieron de nuevo. Mostraron un ancho pasillo de paredes blancas, que estaba recorrido a ambos lados por sofás de cuero negro; había varios cuadros de Iron Man de diferentes estilos, la mayoría muy coloridos, lo que hacía que destacaran. La puerta del fondo era gris y tras ella se encontraba la sala de entrevistas. La recepcionista no había exagerado con lo de los agentes. Había como unos quince repartidos por los sofás y todos parecian haber salido del mismo sitio. Los hombres iban vestidos de traje y corbata y engominados hacia atrás; y las mujeres iban con americana y falda de tubo, con moños o coletas bajas. Y prácticamente todos iban de gris, a juego con la puerta de entrevistas. Y, por descontado, todos la estaban mirando. Tampoco le sorprendió, estaba acostumbrada a las miradas indiscretas de sus compañeros de Shield. Tampoco los culpaba, su estilo era poco común para una agente federal. Solía vestir de negro con ropa ajustada y por lo general muy cómoda, como ahora, que llevaba un "traje-pantalón" cuya tela parecía cuero pero que en realidad era una tela elástica reforzada. Llevaba botas altas con las punteras de acero, pero en conjunto con todo aquello probablemente lo que más destacaba (lo que siempre destacaba) era su pelo. Le llegaba por debajo de la mitad de la espalda, y era de un color entre azul claro, plateado y un morado claro y las puntas eran azul oscuro turquesa. Ignoró por completo las miradas de superioridad y se dirigió al fondo de la sala con la cabeza alta y paso arrogante. Se apoyó en la pared cerca de la puerta, entre dos cuadros del Vengador y esperó como los demás. A los quince minutos ya estaba haciendo crujir sus nudillos cubiertos por guantes de cuero sin dedos. Algunas miradas se alzaron hacia ella, molestas, Kendra las aguantó sin inmutarse. Diez minutos después, la puerta gris se abrió y un agente trajeado salió de ella con las cejas frundidas. Un hombrecillo pequeño, con una carpeta de la mano estaba detrás de él, todos los agentes se sentaron rectos al verle. Kendra simplemente elevó la mirada hacia él. Estaba claro que era el que cortaba el bacalao. El serio hombrecito recorrió la sala con la mirada y cuándo estaba a punto volver a entrar al despacho, reparó en ella. Ni si quiera miró la lista de nombres que tenía en la mano.

Peter Quill: historia de un forajido. #ChrisPrattAwardsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora