Vida vacia.

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Y ahí estaba, parado enfrente de la gran puerta de roble, su corazón estaba acelerado, era evidente que estaba nervioso, más que en cualquier otro momento de su vida y es que no entendía como pudo pasar algo tan catastrófico en tan poco tiempo.

Estiró la mano para tomar el picaporte dorado, tan reluciente que podía verse el claro reflejo, intentó girarlo varias veces, pero no tenía fuerza en sus brazos para hacerlo y es que sabía perfecto lo que pasaría si entraba por aquella puerta de color ébano.

Sabía que, si entraba, toda su vida iba a desmoronarse, que su corazón se haría pedazos, que su alma, su pobre alma, saborearía el amargo sentimiento de la soledad.

Por su mente pasaron las memorias de todo aquello que le provocaba nostalgia, aquella primera mirada, aquella primera cita, ese cálido primer beso, la primera vez que pudo sentir de verdad que era amar, la vez que el salir de su casa no significaba sentirse enfadado, si no que sentía felicidad.

Después de haber recordado tantas experiencias se armo de valor y abrió la puerta, esa maldita puerta y la pudo ver, vestida de blanco, recostada sobre un ataúd del mismo color.

Sus manos temblaban, sus piernas no le respondían, pudo avanzar a donde estaba, sus ojos estaban cerrados, y aun así el la vio a los ojos, sintió que su corazón recibía una estocada justo en el centro, su boca empezó a temblar, y así, rompió en llanto.

Se disculpo infinidad de veces, se lamento otras tantas, acaricio las mejillas de su amada mientras lloraba, y es que ningún hombre merece perder a la única mujer que podía hacer su vida mas dulce, lloro hasta que ya no pudo más....después el cura de aquella iglesia cerro el ataúd.

Él sabía que sus días ya estaban contados, que ya no seria otra vez feliz, que su vida había terminado antes de morir. 

- Sir. Lancelot.

textos cortosWhere stories live. Discover now