Porque resulta que a veces una sola oportunidad no es más que el comienzo de muchas historias, no lo supe hasta ver como la oportunidad que le brinde rompió su corazón siendo ya toda una mujer y cruzándose con aquel muchacho despistado, a veces solo a veces una mirada es suficiente, el roce de nuestras energías más esenciales basta para darnos cuenta que esa era la persona que has estado esperando toda tu vida y sin conocernos nos reconocemos y simplemente ya nada puede ser lo mismo, ante ese sencillo momento, ese pequeño choque surgen un millón de posibilidades infinitas latentes esperando que las despiertes.
Como todas las mañanas ella despertó sonriendo, se dio media vuelta y miro su rostro apacible descansando y sonrió, ella realmente creía que ya no necesitaría nada más, que el la completaba, que eran la pareja perfecta. Se estiró y tratando de no hacer ruido para no perturbar su sueño se levanto, tomo una camisa holgada y unos jeans elastizados, se puso sus chatitas marrones y se hizo un peinado alto en su cabello castaño y lacio. Luego salió a la calle, a menos de dos cuadras había una tienda de una cadena de reconocida cafetería, ella un latte, para él un expreso extra fuerte, unas galletas de avena y una porción de tarta de manzana.
Dejo todo sobre la mesa que se encontraba justo al lado de la cama menos el expreso, se sentó a su lado y acariciando su corto cabello negro lo despertó dulcemente:
- Buenos días dormilón... ya está aquí tu café. - El se estiro y mirándola entre dormido le contestó:
- Gracias, eres mi salvadora - ella le sonrió, le entregó su café y se acomodo junto a la mesa a tomar el suyo y degustar las galletitas de avena, él se puso un pantalón de jean que como era su costumbre había dejado tirado en el piso la noche anterior, se calzó sus zapatillas y se sentó junto a la mesa con el pecho descubierto.
- ¿No has vuelto a tener esa pesadilla en donde caes, no?
- No, por suerte, últimamente duermo como un bebé...
- Dímelo a mí que te oigo roncar toda la noche – Ella hizo un gesto de cansancio con su cara.
- Mira yo no me oigo roncar así que tengo serias dudas sobre aquello de lo que me acusas
- Claro, como vas a escucharte si duermes tan profundo...pero no te preocupes porque aún así roncador te amo igual.
- Tonta – Él le sonrió – Y yo te amo a ti así de acusona y aquejada - El se levantó, se le acercó y la beso – Creo que aun no te dije: "Buenos días, mi princesa, gracias por siempre pensar en mi"
- Buenos días mi amor, sabes que lo hago con gusto.- El se sentó a su lado y se comió la tarta de manzana mientras terminaba su café.
Ella se llamaba Priscila, el nombre de él no lo cambie: Gabriel, sus mañanas siempre eran tan gratas y románticas como aquella, eran así simples, sencillos, felices, eran el cuadro perfecto para cualquier historia de amor, jamás hubiera querido que aquello terminara pero paso.
Ella salió de la casa a las 10 de la mañana, mientras él se encontraba recostado en la cama que compartían leyendo "Cumbres Borrascosas", así seguía siendo él un romántico empedernido, ella camino por aquella plaza a un par de cuadras, siempre salía pasada las once pero este día había un seminario especial y quería llegar antes para poder conseguir un asiento, entre sus brazos sus carpetas, eran días de otoño bastante fríos así que se había puesto un abrigo, su cuello de lana y un bello gorrito haciendo juego, la plaza se encontraba repleta de hojas secas pero extrañamente el viento parecía no moverlas hasta que una fuerte briza paso y las hizo correr y junto a ellas voló su gorrito y pego justo en la cara de él.
Era bastante despistado, nunca salía de su casa sin su celular y sus auriculares, el mundo a su alrededor parecía no importarle mucho, en ese momento sonaba en su playlist "Let there be love" de Oasis, saco el gorro de su rostro y por primera vez el mundo le resultó de lo más interesante, allí estaba corriendo delante suyo ella, con sus cabellos al viento.
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Los mensajeros.
FantasySurgirán de la tierra y se elevarán al cielo. Es que cuando descubre que tu mundo no es el único, que hay un mundo de posibilidades y un millón de posibilidades en otros mundos, realmente ya no vuelves a saber si la decisión que tomaste fue la corre...
