Único

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YoonGi miró su mano, misma que descansaba sobre la mesa de madera pulida y se negaba a quedarse quieta.

¿Qué se supone que hacía allí? Se mordió el labio inferior y jugueteo con sus propios dedos mientras esperaba pacientemente, y con paciente, se refería en realidad a un estado de ansiedad que bordaba lo exasperante.

Esa locura había comenzado hace una semana atrás, un lunes con llovizna para ser más exacto, horas antes de entrar a su primera clase del día, y luego de vagar por la zona buscando un lugar cómodo donde trabajar desde su laptop, descubrió esa pequeña cafetería medio escondida y alejada del centro, con una decoración rústica y bastante hogareña, con un menú simple pero exquisito, con un ambiente reconfortante y aroma a postres caseros, daba la sensación que al entrar por aquella puerta de madera sería navidad y formarías parte de una gran y bonita familia, de esas que solo existían en televisión, que cantaban villancicos y tenían conversaciones que no terminaban en desastre, no como a las que usualmente estaba acostumbrado, tal vez esa fue la primera razón por la que aquélla estancia le llamó tanto la atención, el cómo lo hacía sentir.

La segunda razón se encontraba preparando un café negro justo detrás del mostrador.

YoonGi lo miró por un corto segundo, con sus ojitos brillantes transmitiendo un anhelo enamoradizo, tal vez lo único que le faltaba era suspirar como lo haría cualquier adolescente admirando a su primer amor.

No conocía su nombre, porque nunca había hablado directamente con él, ni indirectamente tampoco, vamos, nunca le había hablado de ningúna manera que exista, y había un porque.

YoonGi sufría síndrome de tourette, pero del más extraño que se daba, su tic particular era el de soltar groserías de lo más rebuscadas, existian muchos casos de aquella índole, su mamá lo había convencido desde pequeño a investigar sobre la enfermedad, más aún cuando comenzó la primaria y todos sus compañeritos comenzaron a burlarse de él, temprano supo que no por traer consigo una condición tan particular se convertiría automaticamente en un fenómeno, que muchísimas personas lo tenían y no era impedimento alguno para vivir una vida normal, lo aceptó, lo superó, y hoy en día no era algo que lo avergonzara, aunque sí era algo que muchisimas veces desearía no tener, y aquél fue uno de esos pésimos días.

YoonGi volvió a echarle un vistazo a aquél singular camarero, su cabello castaño en forma de hongito, su piel brillante a los rayos de sol, su divertida y adorable mueca de concentración a la hora de crear una montañita de crema batida sobre el café, con su bonito puchero triangular en sus labios, y esa sonrisa de dientes perfectos una vez terminó su cometido, era precioso, vestido con jeans y camisa oscura, con un delantal rojo sobre sus caderas y una bandeja de madera circular en sus manos, lo vió cruzar la sala hasta parar en una mesa donde dejó el pedido, seguidamente miró a su al rededor hasta posar esos hermosos ojos cafés en su persona.

YoonGi fingió mirar hacia el cuadro abstracto que colgaba de una de las paredes del lugar, distraído, aún si su estómago cosquilleo y sus pies comenzaron a rebotar de forma constante sobre el suelo debido a la ansiedad, allí venía, había estado sentado esperando unos pocos minutos para ese momento, no podía quejarse, no cuando había estado admirando al contrario todo ese tiempo como si se tratara de la octava maravilla en el mundo.

Bufo de forma imperceptible, tenía veintidos años, uno juraría que ya tenía edad suficiente para actuar de forma madura y pedirle una cita de frente, sin tapujos, pero allí estaba, por gastar el poco dinero que ya tenía de por sí solo para tener la atención del chico por un corto periodo de tiempo, era tan lamentable, y se negaba a continuar de esa manera, estaba decidido a decirle que le gustaba, muchisimo, demasiado, que había algo en él que lo volvía loco, que quería conocerlo, debía afrontarlo, ¿Qué tan difícil podía ser?

Tourette - YoonseokStories to obsess over. Discover now