Creo que mi vida... es un poco complicada, pues no tengo amigos, mi madre y yo no nos entendemos, me considero asocial y a veces me siento sola. Qué irónico, no? Pero pienso que en algún momento de la vida somos felices de verdad, sin fingir, sin tener que mentir. Son momentos en los que te olvidas de los problemas, de las tristezas y estas rodeado de personas alegres. Muchos le llaman buenos recuerdos. Yo le llamo Fragmentos de felicidad.
-¡Karol!- Escuché la voz de mi madre- ¿Es que no me escuchas?
-Perdón, mamá- Agarré los cubiertos y comencé a comer.
-¡Nada de perdón!- Pegó sus puños en la mesa, los platos resonaron por el impacto- ¡Te he estado hablando y tienes la mente en otro lado!- Subió el tono de su voz. Aquella mujer estricta y correcta pasó de ser amable a formar un escándalo en la mesa.
-¡Y yo te he dicho que perdón!- Levanté mi plato y subí a mi cuarto.
Me llamo Karol Cisneros Acosta, tengo 16 años, soy hija única y, como había dicho antes, me considero una chica asocial y me encanta leer. Mi padre, Maximiliano Cisneros, está de viaje; es pintor. Mi madre, Carolina Acosta, trabaja en una empresa de joyas, ambos tienen un buen sueldo. Seré sincera, lo tengo todo, no me falta nada material gracias a ellos, aunque a mi madre la odio porque no nos entendemos, vuelvo y repito, lo tengo todo pero carezco de fragmentos de felicidad. He aquí mi historia, que al pasar del tiempo, sin darme cuenta, vivía grandes momentos al lado de personas que jamás creí conocer y, mucho menos, creí que iban a entrar en mi mundo.
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Fragmentos de felicidad
RandomKarol es una chica de 16 años que carece de "Fragmentos de felicidad". Su mundo se basa en los libros pero, qué pasaría si un día, sin querer, llega el chico de sus sueños y le da un giro a su vida?
