En una noche de verano, donde la brisa soplaba muy suave, un joven pelirrojo se encontraba admirando las oscuras nubes del cielo; sin ánimos de moverse simplemente se mantuvo allí, en ese mismo lugar; no se movió cuando los rayos alumbraron el cielo, ni cuando los truenos rompieron el silencio de la noche, tampoco lo hizo cuando las primeras gotas cayeron y chocaron con su cara, él no se movió.
Esa noche se sentía solitaria, sentía que su cuerpo había llegado al límite, y que su mente estaba lo suficientemente cansada como para poder controlar lo que pensaba.
Mojado de pies a cabeza se separó del barandal y se dirigió hacia dentro del departamento, este parecía más vacío que de costumbre, más solitario. Sin fuerzas para levantar sus pies para caminar, los arrastró en dirección al baño, donde se despojó de toda ropa mojada y entró a la bañera; recostado dentro de esta a su mente volvieron un par de ojos grises, tan fríos y tan cálidos, poseedores de un desconocido poder, incluso para ellos. Hundió su cabeza en la bañera, desde allí abrió sus ojos y soltó el aire de sus pulmones. Sus pensamientos volvieron a correr; ahora a su mente se presentaron un par de cuchillas, tan filosas, capaces de realizar el corte más limpio y profundo sin necesidad de una gran fuerza. Sus pulmones deseosos de aire le reclamaron, así que regresó a la superficie para poder concederles su pedido; el agua dentro de la bañera se enfrió poco a poco, por lo que decidió apresurarse. Salió de la bañera con una toalla alrededor de su cintura, se dirigió al armario donde sacó su ropa de dormir, se vistió y se acostó en su grande y vacía cama, miró el reloj de la mesita de luz "23:36" , cerró sus ojos, su cuerpo estaba completamente cansado, más su mente no le permitió descansar, su mente volvió a ser asaltada. Esta vez, un par de manos aparecieron, pequeñas y delicadas, capaces de hacer cualquier cosa que se propusieran; al mismo tiempo, estas mismas manos, firmes y fuertes, eran capaces de sostener cuchillas por el filo sin cortarse, capaces de lanzarlas hacia su objetivo sin equivocarse; estas manos eran capaces de salvar y matar. Abrió sus ojos, extendió una mano hacia su derecha, tomó en sus manos el reloj "00:00", lo dejó de nuevo en su lugar y se acomodó en la cama otra vez, miró el lado vacío junto a él y extendió una mano para tocarlo, cerró sus ojos, otra vez se dejó llevar por sus pensamientos. Ahora apareció una joven de espaldas, tan hermosa como la noche, tan peligrosa como las cuchillas que sostenía en sus manos; vestida con un largo tapado oscuro que se movía con cada delicado movimiento que su portadora realizaba, de pronto, la hermosa joven se giró y miró en su dirección, descubrió sus brillantes ojos grises, junto una suave sonrisa oculta bajo el barbijo que llevaba puesto, pero que él juró que esa sonrisa se encontraba allí, porque sus pálidas mejillas estaban teñidas de rojo y levemente elevadas; el escenario desapareció. Solo cuando sintió la calidez del sol en su cara es que descubrió que había logrado dormirse. Realizó toda su rutina diaria de manera mecánica, todas excepto una. Preparó el desayuno con bastante dedicación, esta vez le tocó a él hacerlo, cuando lo terminó llevó todo a una pequeña mesa que se encontraba en el balcón de la noche anterior, miró el brillante cielo, era como si la noche anterior no hubiera llovido; pero él sabía que si lo había hecho y cuando esta acabó, junto a ella se había llevado su soledad y su dolor, dejando en su lugar a un ser radiante, sin rastro alguno del de la noche anterior. Sonrió al escuchar el timbre de la puerta, preparó sus armas y se dirigió a abrirla, en el momento en que giró la perilla de la puerta sacó sus armas de las fundas, una en su cabeza y otra en pecho, justo en el corazón; la chica tras la puerta había sacado sus fieles cuchillas, así que ahora él estaba con una en su cuello y otra en el pecho, que al igual que él, estaba justo a la altura de sus corazón.
-Buenos días Gin- le sonrió de manera burlona y cálida, al mismo tiempo en que retiraba sus armas y las guardaba en sus correspondientes fundas.
-Buenos días Michizou- le sonrió dulcemente, al mismo tiempo que guardaba sus cuchillas; una sonrisa que deslumbraba a cualquiera que la viera, porque para ver esa sonrisa no tendría que haber un barbijo de por medio, y ella para sonreírle a él se lo había sacado.
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¡¡Holis!!
Gracias por leer, espero que les haya gustado y gracias a @Nakahara-Gian por hacer otra vez la portada.
Se lo dedico a @Nakahara-Gian, es su regalo de cumpleaños, un poco (bastante) atrasado pero aquí esta.
¡Nos vemos pronto! (O eso espero) ♥
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Recuerdos de una noche de verano
FanfictionEsa noche se sentía solitaria, sentía que su cuerpo había llegado al límite, y que su mente estaba lo suficientemente cansada como para poder controlar lo que pensaba.
