Culpar al destino o la mala suerte se convirtió en mi rutina. Estaba tan seguro que todo terminaría terriblemente mal mientras las olas borraban mis huellas de la arena. Podía patalear, maldecir y gritar; nada de eso iba a cambiar la naturaleza de m...
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La vida muchas veces nos juega de manera inquietante y seguramente ilógica; posiblemente todos en algún momento nos hemos dispuesto a pensar, "¿porque me paso a mí?"; cuando alguna situación desastrosa golpea nuestro ser de manera brutal, como un ring de combate donde muchas veces perdemos la batalla.
Entonces yo realmente decidí que todo pasa por algún motivo. Tal vez me caí en las escaleras de la escuela porque me burle de la blusa de mi noona In YoonAh; cuando esta se manchó terriblemente con salsa de tomate porque el hot dog resbalo de sus manos. Tal vez me salió un herpes labial después de mi primera cita por burlarme de mi primo más cercano Kim JongDae; por estar tan ridículamente enamorado. Y estaba completamente seguro que el karma me había cenado en bandeja de plata cuando mi novio –ex novio- me engaño con un tipo que creía conocer; de la misma forma en que yo había engañado a Taeyeon ocultando mi verdadera orientación sexual.
"A toda acción corresponde una reacción" decía una de las leyes de Newton, yo podía dar seguridad de que era verdad. Todas mis inquietudes y defectos se volvieron una bola de nieve que fue creciendo y creciendo hasta que estallo en mi cara y se derritió por el intenso sol; y tal fue que mientras yo me quede en un inmenso mar de auto-desprecio todos continuaron volando como los pájaros en verano que siguen su destino sin dudar con el "pobre" Baekhyun quedando en su nido. Era ridículo.
La cosa iba así: estaba completamente solo, varado en un bar del hotel en la costa de Krabi en Tailandia; muy cerca de empezar mi cuarto vaso de whisky, pero reteniéndome un poco porque tenía miedo de terminar haciendo el ridículo en un lugar donde no conocía absolutamente a nadie; lo cual era muy incoherente para mis prioridades... sin embargo mi ego parecía tener demasiados pensamientos estos días; aún más cuando acababa de ser herido a muerte por lo que no necesitaba un golpe de más.
Intenten contener un sollozo pero mis ojos se aguaron cuando los recuerdos de la última conversación que tuve con Do KyungSoo –hace más de una semana- inundaron mi mente. Básicamente había estado saliendo con el chico cerca de tres años, justo cuando terminé mi carrera profesional de artes plásticas y comencé a trabajar en la Escuela de Arte de Seúl como profesor. Conocí a un estudiante de primer año con ojos agigantados que parecían estar imaginando como matar a quien se le atravesara en su camino y labios acorazonados que no combinaban para nada con su mirada; pero que de alguna forma a mí me cautivo.
Así que tuve una relación secreta con uno de mis alumnos, tan enamorado como un adolescente del último libro de moda. Irremediablemente consumido por la llama del amor, por lo prohibido, por la pasión, por la ternura, por los secretos; por todo. Lamentablemente debí imaginar que lo clandestino era tan deseado solo por el momento de la experiencia; la serpiente de Adán y Eva que sucumbiría a la risa después de que la manzana fuera mordida, así como posiblemente mi antigua pareja y mi ex-mejor amigo estallarían a carcajadas luego de burlarse en mi cara por lo sucedido.