1. Intento cero

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Temo.

      El último año ha sido el más feliz de mi vida, son los primeros 365 días en los que finalmente me pude sentir bien conmigo mismo, en los que ser valiente se había convertido en un estilo de vida demasiado hermoso para mi... y mi novio. Aris movió todo dentro de mi en formas inexplicables, durante meses traté de ocultar lo que sentía por él ya que creí que era un amor imposible; excepto que no lo fue. Aristóteles se dio cuenta de que me amaba, me pidió que fuera su novio y aunque sí, al principio fue difícil tener la aprobación de su padre y familia, con el paso del tiempo lo logramos.

    Seré honesto, los primeros meses de relación no fueron los más cursis o empalagosos, incluso amigos cercanos nos decían que no parecíamos novios para nada, pero poco a poco las muestras de afecto fueron creciendo y haciendo más notables. ¿Qué pensarían si les digo que nos tomó tres meses unir nuestros labios por primera vez? Así fue, pero cuando pasó, fue el beso más bonito que se puedan imaginar.

     Hoy Aristemo, como nos gusta llamarnos, cumple un año de existir.


  — 

    Sabía que día era hoy, tanto que me desperté antes de que la alarma sonara a todo volumen. Abrí mis ojos lentamente para no cegarme con la luz del sol que entraba por entre las persianas. Me estiré ahí mismo en la cama y cuando pude, tomé mi celular de la mesita de luz al lado. Esperaba tener un bonito mensaje de Aristóteles debido al día tan especial que era hoy, pero no fue así. "Última conexión ayer a las 22:03" redactaba su estado de WhatsApp.

    —¿Que te traes entre manos, Córcega? — susurré para mi mismo al ver su foto de perfil. Apagué mi celular y me puse de pie para salir de la habitación y darle los buenos días a mi familia. — ¡Papánchooo! ¡Calcamonias! — les llamé sin respuesta alguna.

     Fui a la cocina, saqué la botella de leche del refrigerador y volteando de lado a lado para asegurarme que no había nadie viéndome, tomé directamente de la boquilla de esta. Mientras lo hacía, me percaté que al otro lado del departamento, justo frente a la puerta había un papel en el suelo. Deje la leche sobre la mesa y me acerqué a la puerta, agachándome para tomar lo que parecía ser una nota o carta.

   "Mocles 830, tea." estaba escrito sobre la hoja blanca. Sonreí de lado a lado leyendo lo que decía, había usado los códigos que él y yo usamos para tener charlas "secretas" cuando hay mas personas alrededor, así solo nosotros entendemos. En pocas palabras, Aris quería verme a mi, Cuahtémocles, a las 8:30 en la azotea. Revisé rápidamente la hora en mi celular y me dí cuenta que faltaban tres minutos para la hora estipulada. Corrí al baño y me cepillé los dientes, acomodé mi cabello y justo cuando estaba por cambiarme de ropa me di cuenta que era tarde. Solo pude ir a mi cuarto para tomar el regalo de aniversario que tenía para mi novio y me fui.

     Con un jogger gris y mi playera de pijama tuve que subir a la azotea lo más rápido que pude, encontrando a un lindo joven de dieciocho años parado cerca de la entrada a la azotea, esperándome con una sonrisa de oreja a oreja y con los brazos extendidos.

     —Buenos días, en el día más bueno de todos los días. —fue lo primero que me dijo cuando me vio. No respondí, solo quería tenerlo en mis brazos en ese momento así que con una risa boba me pegué a él, envolviéndolo en mis brazos y recargando mi cabeza en su hombro. Sentí sus manos pesadas aferrarse a mi espalda durante el abrazo seguido de un beso en mi mejilla.

    —Un año, Aristóteles. —susurré con una enorme felicidad que me rebasaba. Él rompió el beso y se inclinó un poco para poner su rostro frente al mio, dejando un tierno beso en mis labios.

    —El primero de muchos.—volvió sus labios con los míos provocando que mi corazón latiera rápido, este día hacía todo más perfecto y tener sus manos en mi cintura mientras mis labios y los de el chocaban unos contra otros no era la excepción.

    Rápido me separé al recordar que debía darle el regalo que tenía para él. —Mmm espera espera.—separé nuestros labios y reí como niño chiquito al sacar una pequeña caja del bolsillo de mi pantalón.

    —¿Me vas a pedir matrimonio, Cuahtémocles? —

    —Que no se te pierda la costumbre de decir bobadas en momentos bonitos, ¿verdad?—empuje su hombro levemente con una carcajada. — No, ya en serio. Quiero que... tengas esto. —abrí la cajita para sacar una cadena de las dos que venían ahí, levantando alto la que quería para él. La suya tenía mi nombre grabado en ella, mientras la mía tenía el suyo.

    —Es... es...—miré la carita de mi novio viendo con amor la cadena que le estaba mostrando, su sonrisa lo era todo para mi así como verlo feliz.

    —Hace casi un año tu me diste esta pulsera con nuestro nombre, y la playera de basquet. Toma estas cadenas como una renovación de votos para que sepas que después de un año el amor que tengo por ti, sigue siendo el mismo. —murmuré poniendo mi mano en su mejilla para acariciar su piel con mi pulgar, contorneando la comisura de sus labios lentamente mientras lo miraba —

    Justo ahí, en la azotea del edificio Córcega, coloqué la cadena en el cuello de Aristóteles, y el hizo lo mismo con la mía. Juguetón, aprovechó que estaba detrás  de mi para dejar varios besos en mi cuello después de ponerme la cadena, besos a los que respondí con pequeñas risas que le hacía saber que me gustaba que hiciera eso.

    —Bueno, bueno, bueno. Yo... también quiero darte algo. —se puso por delante mio, tomo una de mis manos y sacó de su bolsillo un USB para ponerlo en mi palma   — Aquí hay diez canciones. Diez canciones que escribí y compuse solo para ti, expresan el intenso amor que siento por ti, Temo.

    Mis ojos se cristalizaron rápidamente al escucharlo hablar de esa forma, con ese dulce tono en su voz y con su mirada conectada con la mía. Sonreí a punto de echarme a llorar por el bello momento que estaba viviendo ahí con él. Antes de que siguiera hablando y me hiciera llorar de verdad, me lancé a él a abrazarlo con fuerza.

    —Te amo te amo te amo te amo te amo te amo—repetí una y otra vez, escuchando sus risas al final de cada "te amo" que daba.

 

     El día había ido de maravilla, Aristóteles  y yo la pasamos juntos de mañana a noche. Fuimos a comer en motivo del aniversario, solo él y yo. Salimos al cine, y caminamos por las calles de Oaxaca sin rumbo alguno después de eso. Finalmente regresamos al edificio y nos despedimos en las escaleras, dándome el último beso del día; juro que había perdido la cuenta de las veces que nuestros labios se reunieron a lo largo del día.

     Me senté en el escritorio de mi cuarto, dando vueltas en la silla giratoria, pensando en mil cosas.

    Estaba listo.

    Algo ese día me hizo sentir que Aristóteles y yo estábamos listos para dar el siguiente paso en nuestra relación. Muchos pensarían que después de un año de relación, y como jóvenes hormonales, "virginidad" no sería precisamente una palabra que fuéramos a usar ya. Pero no era el caso, Aris y yo no habíamos perdido la virginidad. De todo lo que habíamos hecho, lo que más se acercaba a "sexo" fue una vez que por video-llamada me enseñó el lunar que tenía en la base del pene, y fue todo. Roces hubieron mucho, pero hasta el día de hoy no habíamos hablado sobre perder la virginidad juntos.

    Pero creo que era momento de hablarlo.

    Y planearlo.

Plan fallido ;; AristemoStories to obsess over. Discover now