Luces

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Thomas Wayne tenía una pequeña duda que le estaba molestando.

Llevaba a penas unos meses en la universidad, adaptándose, conociendo y reconociendo el lugar; un nuevo semestre.

Tan pronto como ingresó tuvo un séquito de seguidoras y cuando se unió al equipo de rugby se le unieron más fans que por poco y besaban el suelo que él pisaba, pero desde que inició este nuevo ciclo universitario decidió quedarse en los dormitorios.

Su sorpresa fue grande cuando el chico torpe al que conoció estaba en su habitación, resultó ser su compañero y ciertas veces lo molestaba un poco, no ahondó en detalles, solo en cosas básicas: qué edad tienes, cuál es la carrera que estudias, perteneces a algún equipo.

Jor El, nombre corto, apellido corto, simple...no era así, ese chico era extraño, callado, torpe, algo tonto en ciertas cosas y demasiado abstraído; con gustos tan complejos y simples o extraños, con manías que lo volvían loco, pero era peor cuando no había esos gestos.

Jor El pasaba desapercibido, incluso si en el lugar hubiese dos personas, nadie lo notaría; bromeaban diciéndole Camaleón, pero nadie preguntó qué era lo que sucedía con el chico.

Thomas descubrió varios detalles de su compañero de habitación, unos simples y otros curiosos; era ambidiestro, odiaba que alguien masticara con la boca abierta, tenía la habilidad de pasar un lápiz por sus dedos con rapidez, dueño de una memoria envidiable, no podía dormir, se recostaba en la cama y tardaba dos horas en conciliar el sueño, su momento para trabajar era a la una de la mañana, le gustaban las tartas de fresa y de limón, no le gustaba las cosas amargas y muchas otras cosas más, pero solo una empezó a importar.

Cada mañana, sin importar a qué hora se hubiese recostado, Jor se levantaba a las seis, junto con el sol, se bañaba en 15 minutos y nunca decía nada hasta que estaba listo para salir, justo antes de cruzar la puerta la miraba fijamente y respiraba profundo, soltaba el aire y salía; Thomas se dio cuenta de que algo cambió desde que se conocieron, ahora Jor demoraba más en levantarse y alistarse, los suspiros eran más frecuentes.

Los días seguían como si nada y una noche Jor no llegó, no debería importarle, pero no puedo dejar de pensar en que no estaba cumpliendo una rutina básica, así que tomó su chaqueta y salió a buscarlo; laboratorios, aulas, biblioteca, pasillos, no lo encontró.

Algo molesto y ya entrada la noche, en completa oscuridad, se dirigió a las canchas de entrenamiento y ahí en las gradas estaba él, mirando al cielo y suspirando; cada gesto se grabó en la mente de Thomas.

Jor parecía el ser más triste ahí, abrazado a su libreta, queriendo cambiar su actitud, su fortaleza, ser más valiente; las luces del lugar se encendieron y se asustó.

--No deberías estar aquí tan tarde

Esa voz lo congeló y miró sorprendido a su locutor.

--¿Qué es lo que ocurre Jor? ¿Por qué estás aquí?

--No ocurre nada—intentó sonreír, pero solo una mueca surgió

--Mientes y eres pésimo en eso, así que dime la verdad

--Es la verdad, no ocurre nada y no es como si tú me conocieras

--Te conozco...--se miraron fijamente mientras Thomas subía las gradas y llegaba frente a él—Sé que eres un ser impredecible en ciertos actos, pero tienes una rutina que es casi inquebrantable, odias las luces de colores, te gustan las cosas dulces y no puedes conciliar el sueño, sé mucho de ti.

--No es así, no lo sabes...

--Entonces dime

Un silencio se instaló entre ellos mientras Jor agachaba la mirada y Thomas lo veía con firmeza esperando una respuesta que no llegó, solo vio a su compañero levantarse y caminar hacia la salida.

--Vamos...y apaga las luces

El regreso y la habitación fueron silenciosas, no se miraban y no dijeron nada más, la luz de la luna se filtró por la ventana de la habitación y Jor se sentó en su cama a mirar por la tranquilidad del exterior.

--Siempre me pregunté qué más había detrás de la ventana

Thomas lo miró fijamente desde su cama y los ojos tristes lo atraparon.

--Cuando salí del instituto me pregunté qué haría de mi vida y ahora estoy aquí, me pregunté si alguien estaría orgulloso de mi alguna vez

--Tus padres deben estar orgullosos—respondió bajito temiendo romper la atmósfera triste que se había forjado, pero vio como el otro hacía una mueca

--Mentiste Thomas, dijiste que me conocías y no es así

--Entonces dime lo que no sé—se levantó de su cama y se dirigió hacia Jor--¿Qué es lo que ocurre?

--Me desagradan tus amigos

--¿Amigos?

--Bueno, los brutos que tienes por compañeros de equipo—y algo hizo clic en la mente del más alto, pero se mantuvo en silencio—Al final de cuentas ellos descubrieron lo que tú no y no me dejarán en paz.

--¿Qué descubrieron?

--No tengo padres Thomas, fui abandonado y alguien me dio este nombre y apellido, así que ahora soy el blanco fácil de muchos idiotas

--¿Por qué no dijiste nada?

--¿De qué serviría? Nadie moverá un solo dedo por chico de pueblo

--Jor—lo hizo mirarlo—Yo moveré lo necesario por un chico de pueblo

La primera barrera impuesta por ambos había desaparecido y por unos segundos sonrieron, la noche se llenó de susurros, conversaciones tontas.

Algo cambió en el Campus, Jor lo notó, todos lo notaron, nadie molestaba al chico y el séquito de fans de Thomas se había disuelto y ya no lo seguían por todos lados.

Se sentó en una mesa del comedor, pensando en la inmortalidad del cangrejo, con su almuerzo en una bandeja; los momentos libres que parecían solitarios se vieron interrumpidos por un joven que se sentó junto a él, se miraron por un momento no sorprendido y el otro sonriente.

--Soy Jay Garrick, un gusto

--Hola

Se volvieron a mirar y se rieron por lo absurdo de sus acciones, y conversaron animosos mientras comían, algunas risas y descubrieron que eran compañeros en algunas clases

--No te había visto

--Nadie me ve, un don innato

--No lo creo, alguien debió notarte antes, solo que yo no porque siempre me la paso de apuros

--Bueno, alguien notó mi presencia

--¿Si? ¿Quién?—y como invocando al demonio, Thomas aparecía detrás de él con una bandeja de comida y sin decir nada se sentó a su lado y saludó a ambos, dejándolos en shock por un momento, hasta se miraron sorprendidos y sonrieron—Bien, ya lo descubrí

Por primera vez la vida de Jor tenía toques de colores y unas luces que lo guiaban por el lugar.

Thomas y JorWhere stories live. Discover now