00. La tempestad y la tortura de una mente humana poco ansiosa.
"There's things I wanna say to you, but I'll just let you live" – Cinnamon Girl, Lana del Rey.
La oscuridad de una hermosa noche de otoño me cobijaba entre su manto oscuro y frío, no se podía oír nada más que el sonido suave de la música que calaba mis oídos con su suave melodía. El olor a cigarrillos se hacía más que presente en el balcón que daba hacía mi pequeño e indecente cuarto. Tenía revistas y artículos tirados por doquier, libros bajo la cama y botellas de vino se asomaban entre la almohada que yacía sobre un charco de café ya frío. Las colillas de mis cigarrillos estaban esparcidas por todos los alrededores del lugar, no había centímetro que no estuviera cubierto por estas. La ropa sucia estaba sobre mi escritorio y mi guardarropa estaba terriblemente abarrotado de ella. Sí, no era una de las condiciones más sanas en las que se puede vivir, pero ya no había nadie aquí que podría decirme lo qué hacer o lo que no. Ya no existía un él, ni mucho menos un hoy, un presente que me permitiera seguir con mi vida. Sentía una terrible decepción por lo que me había y estaba convirtiendo durante todo este tiempo. Mi madre poco orgullosa debería sentirse de mí, hasta a ella la había defraudado con mi comportamiento, pero ya no podía más. Había colapsado, y esta era la manera en la cual podía obtener un pequeño momento de tranquilidad y de paz mental, aunque solo fuera momentánea. Mi vida resultaba patética. Mi existencia resultaba patética. Después de haberlo tenido todo, hoy ya no tenía nada. Ni siquiera a mí misma para poder decir basta y seguir adelante. Me encontraba en un punto muerto, en el cual me es difícil decir con exactitud qué era lo que estaba pasando conmigo. Ya no sentía nada. Mis días se habían convertido en una monotonía constante, comía, bebía y fumaba, luego de vuelta a la cama a dormir y así todo el tiempo. Sin embargo, aún buscaba una razón por la cual vivir. Aunque fuera solo una minúscula posibilidad de ser feliz.
El sabor al suave vino que reposaba en mis labios me hacía recordar el porqué de la situación. Me hacía sentir completamente fuera de lugar y esta, absolutamente, no era yo. No era la persona que disfrutaba de los pequeños amaneceres de la vida, la que sonreía a las personas sin importar nada. No era la persona a la cual le iba bien tomar una buena taza de café en la mañana para poder despertar ya que el día anterior había estado trasnochando con películas románticas y botes de helado. Ya no disfrutaba de la lectura de los libros que, en su momento fueron mis favoritos. Ahora me parecían tan irreales, falsos y, por mucho, fuera de la realidad. Las novelas románticas ya no resultaban ser lo mismo. Todo lo que había disfrutado en su momento me parecía totalmente miserable. Sin vida, sin gracia.
Volví a rellenar la copa de vino que yacía sobre mi mano ya fría y descuidada. En su momento, esos detalles no los dejaba pasar por nada del mundo. No puedo recordar cuál fue la última vez en la que pude disfrutar de esta tranquilidad sin sentirme rota e insignificante por dentro. Quizás su partida fue una de las causas. Quizás pudo haber sido la inmadurez con la que afronté la situación en la que nos encontrábamos, pero por más que quisiera buscar una causa o algún responsable, no lo había, no existía. Él había seguido con su vida, así como debería estar siguiendo con la mía. Me mudé a Italia con la esperanza de que así fuera, poder comenzar de nuevo y tener un nuevo comienzo en esta ciudad. Después de todo, era con lo que siempre había soñado cuando era una niña, conocer y disfrutar de Venecia, su cultura, su gente y sus alrededores. Sin embargo, todo se estaba yendo al carajo, y no era más que solo mi culpa.
Si bien la posibilidad de asistir a terapia había estado rondando mi cabeza durante los últimos días, la verdad es que eso ni siquiera me causaba alguna emoción que lograra sacarme de la cama. Mi día a día se estaba convirtiendo en algo rutinario en lo que predominaba una botella de vino, cigarrillos y seguir sintiéndome miserable. Estaba en un país que no conocía, tratando de poder encajar y sobrellevar bien mis emociones, pero estaba a tope. Es increíble como había estado viviendo en modo automático todos estos años hasta que todo explotó. Nadie nunca te dice que los problemas o traumas que viviste cuando tenías una edad temprana, tarde o temprano se desencadenarán y saldrán a flote como un efecto dominó cuando algo te rompe y te deja fuera del juego. Nadie nunca te dice lo que se siente que te rompan el corazón. Nadie nunca te dice lo que es tener depresión. Nadie nunca te dice cómo es vivir estas situaciones de la vida hasta que te pasan a ti y las puedes vivir en carne propia. Nadie nunca podrá decirte lo que se siente aunque lo hayan vivido, porque no lo comprenderías, simplemente no lo entenderías.
La depresión es una mierda, la ansiedad es otra mierda tortuosa más. Y seguir enamorada de la persona que me rompió el corazón... Esa es la mierda de todas las mierdas.
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Ad Astra
Teen Fiction".... Me encontraba en un punto muerto, en el cual me es difícil decir con exactitud qué era lo que estaba pasando conmigo. Ya no sentía nada. Mis días se habían convertido en una monotonía constante, comía, bebía y fumaba, luego de vuelta a la cam...
