Ser el campeón era lo importante, ¿no?
Pues a eso iba yo, a ser el campeón de papá.
Mi padre decía que si iba a hacer las cosas debía hacerlas bien, y llenarlo de orgullo. Y no humillarlo como dice que hice desde que nací.
Y aquí voy.
Haré que sangren de felicidad, tanto el, como mis mejores amigos.
7:30a. m., clase de gimnasia en el campus.
Con mi fría mano jale la puerta.
– Joven Miles, como siempre tarde, entre rap-
Y la bala lo atravesó.
Y así seguí con Ariel, luego con Paul, etc.
Los veías correr, tratando de escapar de mis rápidas balas.
Cuando pocos quedaron y al rededor de veinte idiotas en el suelo dormían.
Solo salí, y regrese a casa.
Abrí la puerta y el olor a alcohol invadió mis fosas nasales, y ví la sonrisa sarcástica y aguada de mi padre, estaba ebrio.
Como siempre.
Y mi bala lo atravesó.
– ¿Feliz?
