5. Aproximación.
Cuánto más cerca, mejor.
Justo ahora acaba de cruzar la puerta principal del edificio. Parece que se dispone a entrar a trabajar. Es útil saber cuáles son sus rutinas, para así saber dónde se encuentra en cada momento. Quizá un día me sorprende y realiza alguna locura, pero, por el momento, parece que mi pequeña Amy sigue siendo la misma de siempre.
Qué cambio en comparación con su anterior trabajo. Desde el mismo fatídico día en que le realizaron la operación y la dejaron en aquel inhóspito lugar, traté de seguirle la pista, tratando de dejar un margen para no ser descubierto, ni por ella ni por los otros.
Entre dos miembros de la organización lograron sacarla de la empresa, llevándola a cientos de kilómetros lejos de allí. Seguramente, con la finalidad de evitar que volviera por su propio pie, hecho poco probable viendo el estado en que se encontraba. En aquel momento, ella era la persona más vulnerable que podía existir. Todo lo que le quedaba eran sus disposiciones: sus increíbles reflejos e intuición. Gracias a estos, logro salir adelante. Llegó a una ciudad cercana al lugar, y tras lidiar con numerosos problemas debidos a su apariencia de ‘mujer de la calle’, se topó con Denise. ¿Quién es Denise? Vaya, parece ser que aún no os he hablado de ella.
Denise Sanders. Pobre mujer, lo que le costó que Amy confiara en ella… Denise la encontró en un oscuro callejón, dormida y aparentemente enferma. Tras llevarla a los servicios médicos, descubrió que tan sólo había sufrido un pequeño mareo, y consecuentemente se había desmayado, debido a la falta de nutrientes. Antes no fue encontrada, Amy se pasó más de una semana andando sin rumbo por aquella ciudad. Vale, concretaré un poco más de a qué lugares me refiero. Contando con que la organización se reúne en la sede central, la cual se encuentra en las afueras de Providence, Amy logró desplazarse hasta Boston, y aquí fue donde conoció a su salvadora Denise. Tal y como os contaba, Denise se hizo cargo de ella hasta que recuperó el conocimiento. Al darse cuenta que no recordaba nada de su pasado, se encargó de revisar las pocas pertenencias que llevaba encima. Entre ellas encontró un documento identificativo en el cual se indicaba que se trataba de Amanda Evans, una joven de apenas 25 años procedente de Chicago. Poco más pudo descubrir sobre ella durante el tiempo que la estuvo cuidando. Con el tiempo, logró entablar amistad con ella, pero muchas incógnitas quedaron sin ser resueltas. ¿Qué le había pasado a Amy? ¿Quién era? Gracias al trabajo que le ofreció, en una pequeña tienda que ella misma llevaba, pudo descubrir que Amy no era una chica cualquiera, contaba con excelentes cualidades en cuanto al trato personal y buenísimas aptitudes para el trabajo.
Poco a poco, Amy se fue recuperando y forjándose una nueva identidad. Sin saber quién había sido anteriormente ni qué había sido, decidió seguir adelante dejando atrás su supuesto pasado. Quiso olvidar todo lo que pasó antes de conocer a Denise y así poder centrarse solamente en el ahora.
Pasaron un par de años antes no se vio capaz de dejar Boston y trasladarse a Nueva York, para seguir adelante ella sola. No quería seguir bajo la supervisión de Denise, pese a que le estaba muy agradecida, así que trató de empezar de nuevo y crearse su propio futuro. Contando con que nada más llegar allí encontró un piso del que estaba encantada y que no dudó ni un segundo en alquilar, y que además logró el trabajo de sus sueños, como redactora en una conocidísima revista de moda, diríamos que le esperaba un futuro muy prometedor. ¿Demasiado fácil este ascenso? Quizá. Pero debo reconocer que se esforzó para lograrlo. Antes no consiguió el trabajo, tardó lo suyo. Fue rechazada en numerosos trabajos por hecho de no saber nada acerca de su pasado. ¿Inventarse unas falsas vivencias? Fue una opción que dio resultado, pero no sé hasta cuando podrá soportar esta fachada. Aunque en todo este tiempo haya intentado sobrellevarlo, supongo que se habrá hecho preguntas, las cuales aún no tienen respuesta. ¿Lo aguantará? Ya veremos. Si no, siempre podré darle un pequeño empujón.
Por ahora, la espera es inminente. Ella trabaja, yo vigilo. Puede que algún día intercambiemos nuestros papeles. Nunca se sabe cuándo deberá cubrirme las espaldas, si se complica la situación. Contando con que quiera, claro. Aunque viendo que lleva dos años tranquila y sin preocupaciones, trataré de alargar al máximo este estado. Seguiré como hasta ahora: vigilándola mientras está sola, aunque dejándole cierto margen para que no se dé cuenta de mi presencia, y manteniéndome cerca siempre que pueda.
Ahora, mientras se encuentre en la redacción, me esperaré en el parque que se encuentra delante de la puerta principal. Así, así podré estar atento por si se diera el caso de que saliera antes de la hora prevista. Si está en la redacción, estará a salvo. Si se diera el caso de que alguien ajeno intentara acceder y la incomodara de algún modo, los de seguridad harían su trabajo. Para algo les pagan, digo yo. Con el par de gorilas de los que disponen ahora mismo, no creo que se produzca ningún problema.
Cuando llegue el momento y salga del edificio, la seguiré allá dónde vaya hasta su casa, de tal forma sabré dónde se encuentra. Aún no he tenido oportunidad de investigar sobre la dirección, simplemente tengo entendido que trató de alquilar un apartamento en uno de los barrios más tranquilos que existen por aquí: Brooklyn Heights.
Una vez llegue al apartamento, haré lo mismo que en Boston, veré de buscar alojamiento cerca del lugar y seguiré con la vigilancia. No sé por qué, pero tengo el presentimiento de que nuestro encuentro, pese a ser intencionado por mi parte, conllevará un cambio. Estoy algo inquieto. Quizá toda esta tranquilidad tan sólo lo sea en apariencia y ya empiece a haber movimiento por parte de los otros. Un leve movimiento, casi imperceptible, que puede dar un giro radical al curso de los hechos. ¿Y si todo cambiara en cuestión de segundos?
