Tres llamadas, tres veces había llamado al teléfono de su novio.
Eran las 2:00 am y Donghyuck solo podía mirar su teléfono mientras las lágrimas empezaban a salir de sus ojos y los temblores aumentaban.
Otra vez, había pasado otra vez y cuando más necesitaba a su amado, este lo había dejado a la merced de la ansiedad.
No te preocupes, no estarás sólo.
Eso era lo que él le había dicho, pero la cena fría en la mesa y el sitio vacío en la cama contaban una historia muy diferente.
Lo amaba, amaba a su novio con locura y daría su vida por él si fuera necesario, pero algo le decía que el otro simplemente no sentía lo mismo.
Nunca le había dicho que lo amaba, olvidó su cumpleaños, siempre lo dejaba solo por sus estudios, últimamente parecía besarlo con asco y esta vez al parecer había olvidado su aniversario.
¿Que era lo que había hecho mal?
No entendía por qué parecía repudiar su existencia cuando Donghyuck había abandonado todo para poder estar con él.
Lo había dejado todo, su trabajo de ensueño, a su familia, a sus amigos y su mascota.
Había hecho de todo para que pudieran estar juntos y no lograba comprender cuando fue que todo se fue por la borda.
Y así fue como el pelirrojo terminó durmiendo con los ojos hinchados y lágrimas secas en su bello rostro.
Grande fue la sorpresa del menor cuando al despertar se encontró rodeado por unos fuertes brazos.
No pensaba que se dignara a aparecer después de lo que le había hecho.
A veces sólo deseaba que se fuera y nunca regresara, al menos así podría olvidarlo, pero el mayor seguía hiriéndolo y luego regresando a casa como si nada hubiera pasado, como si todo estuviera bien.
Se levantó con cuidado para no despertarlo y se dirigió hacia la cocina para hacer el desayuno, justo cuando terminaba de poner toda la comida en los platos llegó el pelinegro a la mesa y se sentó enfrente de él.
—¿Sabes que día fue ayer?— el mayor le dirigió una mirada desconcertada y negó con la cabeza.
—Claro, por supuesto.— soltó una risa amarga mientras sentía las lágrimas empezando a formarse bajo sus ojos y continuó. —¿Sabes cuántas veces te llamé ayer? ¿En dónde estabas?— no había dicho nada pero claro que se había dado cuenta de las marcas en el cuello de su novio.
Así que mientras estaba teniendo ataques de pánico pensado en si algo malo le había pasado, él había pasado la noche revolcándose con otro.
—No escuché el teléfono, estaba ocupado.— por supuesto que no había escuchado, si de seguro lo único que escuchó en toda la noche fueron los gemidos de ese otro hombre con el que había estado follando.
Caminó lentamente hacia el lugar en donde estaba su novio y sentándose en su regazo lo abrazó mientras le decía que lo amaba. Y cuando lo único que recibió de respuesta fue un: voy tarde para el trabajo, entonces supo, supo que lo suyo nunca iba a funcionar, que nunca lo amaría.
— Terminamos. — Y sí, dolía tanto como esperaba que lo hiciera, pero debía hacerlo.
— No entiendo por qué sigues aferrado a mí, y tampoco entiendo porqué sigo aferrándome a ti, pero ya no puedo con esto.
Intenté todo, incluso me mentí a mí mismo diciéndome que a lo mejor y con el tiempo me llegarías a amar, que tal vez si me empeñaba en hacer las cosas funcionar llegaríamos a algún lado.
¡Mierda, lo dejé todo por ti! Pero ya basta de mentiras, nunca me amaste y nunca me amarás, olvidaste nuestro aniversario, ¡y mientras yo estaba aquí solo ahogándome en mi ansiedad, tú estabas poniéndome los cuernos con alguien más!
Con cada palabra que salía de su boca, Donghyuck sentía que se le rompía un poco más el corazón.
—¿Al menos fue divertido, Taeil? ¿Fue divertido saber que podías ir y follarte a alguien a mis espaldas mientras yo te esperaba aquí sentado con la cena como un estúpido?
¡No entiendo que es lo que hice mal, simplemente no entiendo porqué no me amas! — las lágrimas cayendo de sus ojos se sentían como ácido
Y en todo ese tiempo, el pelinegro se había quedado callado, ni siquiera había intentado negar las cosas.
— Solo vete, vete y ya no regreses nunca más. Ya no te quiero ver en mi vida, desearía nunca haberte conocido. Voy a salir y cuando regrese no quiero ver ni una sola cosa tuya en este apartamento.
Claro, el apartamento era de los dos pero tenía los ahorros suficientes para pagar al menos seis meses de renta y en ese tiempo sería fácil conseguir trabajo, además de que el pequeño moreno sabía que si quisiera, Taeil comprarse una casa en Hollywood.
— Está bien, cuando regreses ya no me verás aquí.
Y eso dolió más que una puñalada en el corazón, por que muy en el fondo de su corazón Donghyuck deseaba que negara todo y que intentara arreglar las cosas.
Pero nada, había perdido cinco años de su vida con alguien a quien no le importaba en lo más mínimo si vivía o si moría, siempre esperando, suplicando por migajas de afecto.
Nunca más, nunca nunca más volvería a cometer el mismo error.
