Llegan al coche. Ella, nerviosa, muerde su labio frente a la puerta del acompañante. Él, algo más rezagado, pasa tras ella, posando suavemente la mano en su cintura, y acercándose para abrirle la puerta. Allí se queda, sujetándola, hasta que ella queda sentada, momento en que acompaña la puerta con suavidad hasta cerrarla. Antes de entrar en el asiento del conductor, se quita la americana negra, la dobla con sumo cuidado y la deposita en el asiento de atrás. Sus miradas se cruzan por el retrovisor fugazmente. Cuando Él por fin se sienta a su lado, ella no puede evitar observar y fijarse en sus manos, y en las rutinas que siguen. Ajusta el ángulo del retrovisor con paciencia, hasta dar con el punto adecuado, se abrocha el cinturón de seguridad, enciende la radio, saltando entre emisoras hasta encontrar la música que le convence y ajustando el volumen. Ella sonríe al darse cuenta que siempre lo deja en un número par. Finalmente, enciende el motor, y espera unos segundos antes de poner la marcha atrás. Es justo en ese momento, un segundo antes de apretar el acelerador, cuando Él desliza la mano por su pierna, desde la rodilla, hasta colarse dentro del vestido de fiesta, posándose sobre la ropa interior. La deja ahí unos segundos, sintiendo su calor, inmóvil. Ella intenta controlarse, pero no puede evitar apretar con fuerza su bolso de mano, cerrar los ojos y acelerar su respiración, sintiéndole tan cerca, tan adentro. Tras unos segundos que se hacen eternos, y mientras gira la cabeza para empezar la maniobra de desaparcar, Él retira a un lado su ropa interior, rozando de manera suave e intencionada su clítoris. Ella siente el escalofrío recorrerle su cuerpo, desde los pies hasta la nuca. Abre los ojos, y se tropieza con la mirada de Él, divertida y provocadora, clavada en sus ojos. Torciendo la sonrisa, pisa el acelerador y pone el coche en movimiento a la vez que dice "Me encanta sentir que tú también tienes ganas de jugar. Pero esto es solo el principio....
