La sala a rebosar, el ambiente sofocante y la cerveza fría. No es nada que me disguste. La gente es amable y se respira el buen rollo.
No había estado allí nunca. Mi amiga y compañera de piso, Mía, me ha combencido para salir esta noche. Me ha traido a una pequeña sala de conciertos, casi parece un bar, a excepción de la falta de mesas y sillas. Al parecer, Mía conoce al cantante de uno de los grupos que tocan esta noche. Yo ni siquiera conozco ninguno de ellos. Pero oye, viva la música en directo.
-¡¿Otra?! - grita Mía sobre la música cuando tiro mi lata de cerveza. Yo asiento.
Mía desaparece entre la gente de la barra para conseguirnos una cerveza, ya que su padre está en el ajo de casi todos los conciertos a los que vamos, tiene sus ventajas. Y cerveza gratis.
La pierdo de vista entre la gente mientras se para a saludar y hablar con la gente. Mi amiga es preciosa, tiene la tez blanca, unos ojos verdes que hace más llamativos con su talento para el maquillaje y su melena roja como la sangre llama la atención. Siempre he creído que podría tener a tío que ella quiera.
-¡¿Tienes fuego!?
Ese grito tan cerca de la oreja hace que aparte la mirada de la barra, y vea a mi lado a un chico alto. Muy alto. Tiene el pelo moreno, o eso parece con la poca luz de la sala. Lleva las mangas de su chaqueta un poco arremangadas y las manos metidas en los bolsillos de los baqueros. Sujeta un cigarro con los dientes, mostrando de paso una preciosa sonrisa.
Saco un mechero de mi volsillo y se lo doy, devolviéndole una pequeña sonrisa. Él se enciende el cigarro, ignorando la señal de "no fumar" en la pared. Y, tras devolverme el mechero, me sonríe con la boca cerrada y se va guiñandome un ojo. Wow. Que. Hombre.
-¡Amy! -Me giro para encontrarme a Mía con una lata de cerveza en cada mano. Congo una y ella me hace un gesto diciendo que quiere fumar.
Nos habrímos pasó entre la gente hasta llegar a la puerta. Aunque muchísima gente fuma dentro del local, ambas queremos respirar un poco y poder hablar sin gritar a pleno pulmón.
Al salir, el aire frío de principios de invierno nos da de golpe en la cara. Encendemos un cigarro cada una, acompañadas por el resto de fumadores que rondan por allí, cada uno a su royo.
-¡Jack! - Mía grita antes de que pueda quitarme el cigarro de los labios, mirando detrás de mi con una sonrisa.
Me giro para ver al chico que me pidió fuego, con una sonrisa radiante dirigiéndose a nosotras, para unos segundos y saluda a más personas con la mano y un simple "ey".
-Mía, ¿qué tal? - saluda al llegar a nuestro lado. Al instante se percata de mi presencia y me dedica otra sonrisa. - Hola. Soy Jack.
Se inclina para saludarme con dos besos y vuelvo a ser consciente de lo alto que es.
-Amy - digo sin más.
-¿Vais a entrar ahora? Tocamos en 30 minutos - y entonces caigo en que es el chico que Mia conocía de un grupo.
-¡Claro!
Le dedica otra sonrisa y le da una palmadita en el brazo a mi amiga.
-Genial, voy dentro. Luego nos vemos.
Y sin más, desaparece.
Me pregunto si sabe que soy yo la que le ha dado fuego hace un momento, o si con la poca luz de antes no me ha reconocido. En cualquier caso, me ha ignorado un poco. Tampoco es para tanto, no me conoce ni yo a él.
Disfruto la noche con Mía, hablamos, bebemos y disfrutamos de la música. Cuando vemos al chico de la sonrisa bonita subido en el escenario a través de la cristalera de la sala, entramos. Yo nunca he escuchado este grupo, solo sé que tocaban punk y rock.
A pesar de la gente podemos verlo de cerca, y aún que me paso el concierto haciendo viajes a la barra para coger más cerveza, me encanta la voz, las letras y su música en sí.
Cuando terminan, otro grupo sube al escenario, y aunque también son buenos, no prestamos tanta atención. Entrámos y salímos, vamos a por bebida, nos paramos a hablar con conocidos e incluso nos separamos un par de veces.
Cuando pierdo a Mía por enésima vez, voy a la barra, me apoyo en ella e intento contar cuantas cervezas me he tomado ya. No lo consigo.
Noto como alguien se pone a mi lado mientras espero al camarero.
-¡Ey! -me giro para mirarlo y me encuentro con el semblante cansado pero euforico del chico que acaba de ver cantar.
-¡Hola! ¿Jack, no? - él asiente.
-Tú eres Amy - asiento sonriendo. - ¿Qué te ha parecido? -pregunta respecto a la actuación.
-Me ha gustado - él sonrie -, quizás valla a otro concierto.
-Eso estaría bien.
-¿Qué os pongo? - aparece el camarero delante de nosotros y ambos lo miramos, abro la boca para contestar, pero no puedo.
-Dos cervezas, invito yo.
Lo miro y su sonrisa es más grande. Incluso... ¿Coqueta? Es la cerveza Amy.
-No hace falta, ya llevo mucha en el cuerpo - digo soltando una risa a la que él se une.
-Insisto. Tengo que camelarte para que vengas a otro concierto - dice riendo pasándome una de las latas que le da el camarero.
-¿Crees que con una cerveza y una sonrisa bonita es suficiente?
Automáticamente me arrepiento de hablar. Su sonrisa se intensifica y me parece más insinuante.
-¿Bonita?
-Puede.
Suelta una risa y abre la boca para hablar, pero antes de poder decir nada, noto un empujón y como pierdo el equilibrio. Doy unos pasos hacia delante para no caerme, chocando con el pecho de Jack y derramando un chorro de cerveza.
-¡Joder! ¡Perdona! -le digo mientras intento ver si lo he manchado.
-Tranquila - y cuando habla le miro a la cara, y de tan cerca parece más alto aún. Me obliga a levantar la cabeza y me pongo nerviosa. La cantidad de gente en la sala no me deja apenas moverme y permanezco casi pegada a él.
-Asi qué tengo la sonrisa bonita... - saca el tema de nuevo.
-Sí - digo con seguridad. Él parece sorprenderse y levanta una ceja sin quitar su sonrisa.
-El fin de semana que viene, toco en un bar cerca de aquí. En acústico. Si quieres pasarte... Mi sonrisa y yo te invitaremos a otra cerveza - dice a centímetros de mi oreja, ya que cada vez hay más jaleo.
¿Es la borrachera o está tonteando conmigo?
-Me lo pensaré -digo en su oreja para luego sonreírle.
