Éramos apenas unos chicos cuando nos conocimos. Según recuerdo, eras un año menor que nosotros, pero realmente eso poco importaba, en realidad todos nos veíamos igual. Eras, y de verdad que lo pensaba, por muchas cosas, algo más que nosotros, más alto, más fuerte, más inteligente y también quizás más guapo. Esto último jamás te lo dije, realmente no era algo importante. No al menos para ti, que siempre eras tan respetuoso con el concepto de la belleza. Decías que era algo bastante banal, que rayaba en una superficialidad que habíamos adaptado de los medios y nada más. Lo decías con toda elocuencia, que yo te lo creía totalmente. Eras el chico de ciudad, el que había visto y vivido más cosas que nosotros, eso pensábamos y eso, definitivamente, nos demostrabas.
Habría varias maneras de narrar aquel momento que llegaste. Pero, des afortunadamente no soy la mejor narradora, me preocupo por muchos detalles y me voy por las ramas, al final hago que la gente se pierda y no logre comprender bien lo que deseaba contar. Haré y de verdad, mi mejor esfuerzo. Si en definitiva, no es lo que esperabas, y soy pésima haciendo esto, solo te pido paciencia, quizás tras unas páginas, lo vaya haciendo mejor. En fin, debo comenzar...
El verano era, quizás, la mejor estación del año para nosotros. Nuestro hogar, ese poblado a las a fueras de la ciudad, pequeño, con apenas trece mil habitantes, con dos bibliotecas, pero más de 100 cantinas, ese poblado fue nuestro caluroso hogar durante nuestra niñez, pubertad y adolescencia. Allí hacía mucho calor. En general era un clima extremoso. Teníamos los peores inviernos de toda la región, heladas secas, por las que el frió nos quemaba la cara, partía los labios, congelaba los pies, y del cual solo hubiéramos disfrutado, si tan solo, algunas veces nevarara un poco más, pero como era bastante seco, las posibilidades eran realmente escasas. También teníamos, y para nuestra desgracia, las peores sequías de la región, el agua a veces escaseaba, pero aun así y en definitivo, el verano, con tantas horas de luz del día, con el sol brillando con toda su intensidad, nos encantaba. Nuestra estación del año favorita, nos proponía días largos. Días largos era igual, a más tiempo fuera de casa. Y más tiempo fuera de casa, significaba menos tareas domésticas, menos escuchar parlotear a nuestros padres, bueno, en esto último he exagerado, puesto que, en el estricto orden de las cosas, siendo sincera, todos éramos "chicos buenos".
Esa tarde, estábamos en la plaza principal, la cual era la más grande y bonita del pueblo. En realidad estaba cerca de la oficina del gobierno, por lo cual, su mantenimiento era continuo. Había grandes árboles, que posiblemente estaban ahí, desde que nuestros abuelos eran niños, o quizás antes.
Era jueves, no había mucho que hacer. En realidad, aunque fuera miércoles o viernes, sería el mismo resultado. Nunca había mucho que hacer. Alondra – posiblemente la chica más bonita del pueblo – nos contaba sobre sus vacaciones en la playa. Era la única de nosotros que, dado las posibilidades económicas de sus padres, podía salir de vacaciones a otra ciudad. A una grande, con playa.
- Era increíble. Todos los días despertar y lo primero que hacia era salir al balcón y ver el mar. Era un azul muy bonito. Lo ves y te enamoras. En casa tengo las fotos, ya lo verán, un azul hermoso, de verdad.
- ¿azul?, pensé que era turquesa – ese fue Roberto – posiblemente el tipo más sabelotodo del pueblo.
- A mí me parecía muy azul. Un azul "bajito" muy bonito.
- Sabes, según estudios el océano es azul porque refleja la luz solar. Pero la intensidad del sol puede reflejarse de diferentes formas, básicamente, por la temperatura del agua. La playa a la que fuiste, está en el pacífico, y según recuerdo en esta zona la temperatura del agua es, en esta época del año, alrededor de 25 °C.
- Impresionante, no te parece Alondra. Dime, Robert ¿Viste todo eso en una revista de NATGEO mientras esperabas el turno para tu corte de cabello? – Esa fue Raquel, Raquelita como la llama su mamá. Posiblemente la chica mas brutalmente honesta que puede existir sobre la faz de la tierra. También mi mejor amiga.
- Como lo has adivinado.
- Pues, lo contaste como si te hubieses grabado todo el párrafo. ¿te funciona igual en los exámenes de ciencias?
- A veces funciona. Pero lo importante es, hacer las acotaciones correctas, tu sabes, las frases como "si no me equivoco", "me parece que", "porque básicamente". Y así.
- Eso te hace sentir más inteligente o más parlanchín.
- Ni lo uno, ni lo otro. Solo me gusta saber.
- Bueno, bueno – Alondra tenía que ser el centro de atención, de nuevo – no nos desviemos del tema. Les estaba contando...
- Sobre el hermoso azul del mar que observabas cada vez que te levantabas. Abrías el balcón y era lo primero que hacías, cada mañana, cada día de tus vacaciones – Raquel lo dijo en un tono meramente sarcástico.
- Fue muy agradable.
- Me imagino – dije yo pretendiendo terminar el tema – dado que insistes en repetirlo.
La conversación dio un giro hacia temas triviales del pueblo. En realidad éramos como maquinas contestadoras, con respuestas predefinidas: "en serio", "de verdad", "no lo había notado", y así.
Y cuando estaba más aburrida, apareciste tú. Creo que, aquí debiera decir algo tan romántico como, y en ese momento mi corazón latió mas rápido o el mundo se detuvo a mi alrededor. Pero, nada de eso sucedió.
Estabas ahí parado, con tu ropa de marca y tus zapatos deportivos de un blanco impecable, que parecía los acababas de sacar de la caja. Llegaste tranquilo pero decidido. Tus pasos eran firmes y largos. Miraste a todos y te detuviste en Raquel, sentí por primera vez celos y ni te conocía.
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El errático verano que NO dejamos ir
Teen FictionEl verano era buen tiempo para Laura y sus amigos. Lo esperaban con ansias como la mejor época del año, aunque en realidad no sucedía nada emocionante con sus vidas. La llegada de un chico nuevo al pueblo, cambiaría, en muchos sentidos la vida de La...
