Prólogo

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Me encontraba sentada en la ventana de una de las torres más altas del convento, miraba la luna en su máximo esplendor mientras lentamente se consumía mi cigarro.

En cuanto lo acabe, exhale la nube de humo y lance la colilla en la tumba del padre Thod.

Lo maldije, y es que, si no fuera por ese idiota yo no estaría vestida con una sotana, no tendría que estar rezando por cada obscenidad que digo y mucho menos tendría que escabullirme para que la madre superiora no vea cómo peco en su mismo convento.

Por culpa de ese imbecil, mis padres me metieron en este convento y no pude lograr mi sueño, ser la rompe corazones del pueblo o ir a las Vegas para ser una actriz porno profesional.

Alce un poco mi sotana para sacar de mi ropa interior la caja de cigarrillos, al abrirla la decepción me inundó, era el último que me quedaba.

Lo saqué y lo encendí mientras esperaba al galán que me iba a proveer más.

Iba a la mitad de mi cigarro cuando tocaron a la puerta, mi sorpresa fue tanta que el cigarrillo cayo al jardín.

Maldije para mis adentros pero me detuve en cuanto una voz masculina algo ronca dijo al otro lado.

-Ave María purísima.

Ya sé quién había llegado y con sorna respondí.

-A la cual la palomita embarazo.

Tras estas palabras entró, con su sotana pulcramente arreglada la cual combinaba perfectamente con su tez morena, con sus castaños ojos ahora casi negros por la lujuria que guardaban y con una sonrisa coqueta que mojaria hasta la más puritana monja.

Sí, el padre Santiago era un galán, nunca entendí que fue lo que lo hizo ser padre pero ahora lo he logrado y lo tengo solo para mí.

-Scarlet, mi linda y dulce Scarlet, ya hemos hablado de ese vocabulario jovencita.

-Oh Santiago, dejate de juegos que ya sabías que soy una diablilla.- dije juguetonamente-.

Se paró junto a mí y me levanté, él era más alto que yo y a mi lado la diferencia era muy notable.

-Siempre me pregunte, ¿Que ocultan los padres tras su sotana?- dije haciendo un escrutinio por su cuerpo-.

Se sentó y tomándome por la cintura me acomodo sobre su regazo manteniendo su mirada en mis ojos.

"Vaya que a estos curas les hace falta una buena revolcada" pensé.

-¿Porque no lo averiguas?

" Vaya vaya vaya, el padre saco las garras y ¿quién es el atrevido ahora?"

Comencé deslizando el cierre de su espalda y bajando la sotana.

Que decepción el padre traía más ropa debajo.

Seguí desabrochando su camisa botón por botón mientras removía mi cadera contra la suya, y...¡Bingo! Conseguí saber lo bien dotado que estaba.

Lo despoje de su camisa y vaya que era fuerte, me lami los labios de la imagen que tenía frente a mi.

Él comenzó a deslizar la mano por mi pierna, subía y subía hasta que llegó al borde de mi ropa interior.

Subí mi vista hasta sus carnosos labios y comencé a devorarlos en un beso que solo transmitía deseo, porque solo eso era.

Lo único que buscaba era calmar mi apetito sexual ya que, está sequía en el convento me estaba volviendo loca necesitaba sentirlo y lo necesitaba ahora.

Mis manos se movieron hábilmente hacia su pantalón, abriéndolo y deshaciendose de él.

Sacando de sus boxers su gran...pero coño, esto es una bestia.

Entre mis manos se tornaban más duro y fue entonces cuando sin más preámbulos el padre Santiago arranco mi ropa interior y...

Rosario De PasiónHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora