La ventana del autobús se mantiene fría. El agua ha sido más cruel conmigo desde que no te veo. Cansada, arrecuesto mi cabeza en el vidrio repleto de burbujas de agua, cada gota se puede decir que equivale a un miniuniverso.
No recuerdo porqué sigo estudiando y no entiendo el peso inconmensurable de la mochila que va chorreando agua. No entiendo esta semana de patriotismo enmascarado de autoridad. Miro al frente y el parabrisas también es una pantalla a eso que llamamos mundo. La calle se curva, y a los metros, parece que se ha acabado la línea del asfalto.
No vamos a ningún camino, porque la lluvia nos va absorbiendo en un solo aguacero parejo. No tengo temor, quizás la idea de la muerte me parece tentadora en estos días convulsos, agresivos, llenos de hastío.
Desaparecemos.
