Ú N I C A P A R T E

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Pasaban las once de la noche. Caminaba entre las calles convertido en sombras, efecto de los faroles que hacían brillar a la oscuridad. De lejos podía ver su  perdida entre la nada; alguien lo estaba esperando dos cuadras más adelante. Se trataba de Fermín, quién lo esperaba con tres amigos armados con bates y piedras. Antonio no estaba seguro de su destino, pero Fermín estaba dispuesto a vengar la muerte de María.

Antonio continuó caminando hasta llegar a las cuatro sombras paradas bajo un farol. Al colocarse frente a Fermín, este le entregó un bate y una navaja de bolsillo. Miró los objetos que se le otorgaban y, luego de pocos segundos, sin dudar, los tomó, para luego dirigirle una mirada con determinación a Fermín, la cual fue correspondida de inmediato. Antonio también estaba dispuesto a vengar a María.

La cinco sombras continuaron su recorrido por la fría noche. Se perdieron en la oscuridad de la medianoche durante largo rato. El silencio sólo era interrumpido por las pisadas y respiraciones agitadas, a causa de los nervios, además de algún maullido que lograba sobresaltar a las sombras perdidas de cinco chicos.

Llegaron a su destino luego de su caminata silenciosa. Frente a ellos se alzaba, imponente, el hogar de un monstruo. De dos pisos, con techos altos, paredes cuarteadas, pintura gris claro desgastada y con varios manchones de diferente color y tamaño, con puerta y ventanas de madera astilladas Las cinco sombras no se dejaron intimidar (o lo aparentaron) y fue Fermín la primera sombra en dar un paso al frente; Antonio le siguió. Se miraron de frente y patearon fuerte el gran trozo de madera desgastada, abriéndola al instante con un estruendo.

El grupo entró con determinación y se dirigieron hacia una luz tenue y parpadeante proveniente de una habitación con la puerta entre abierta. Antonio fue quién tomó la iniciativa esta vez.

Con su bate bien agarrado en mano, abrió la puerta de golpe y entró a la habitación seguido de las sombras. Era una cocina bastante amplia, de color azul desgastado, casi gris, con una gran barra en el centro y dos paredes que ocupaban alacenas, un horno y encimeras con distintos tipos de cuchillos sobre ellas, regados en cada espacio con manchas que se notaban frescas de azul oscuro y rojo carmesí.

-Sangre- habló Fermín, ya pálido. Antonio no sabía que pasaba aún cuándo una mano a su lado señaló una esquina.

Había un hombre alto completamente desnudo, mirando la pared. Antonio lo miró, sin habla y con el pánico en la garganta una vez que llamas violetas brotaron de su espalada. Aún sin procesar nada de lo que pasaba, sin ver siquiera al hombre hacer un movimiento, de pronto éste se encontraba de frente, viéndolos fijamente. Sólo que aquel hombre no tenía rostro, o por lo menos, no humano.

Su rostro se asemejaba al de un lobo con el ceño fruncido y cortadas por toda la cara, el abdomen y los brazos, irregulares y sangrando, pero lo que más llamó la atención de Antonio fueron dos cortadas simétricas semicirculares en las comisuras de su hocico, simulando una sonrisa. Uno de sus ojos desprendía un destello violeta, mientras que el otro era color rojo intenso.

Las llamas violetas de su espalda se apagaron en menos de un segundo, y de igual manera, la criatura se encontraba a su lado en menos de un segundo, con el cuello de su amigo entre sus colmillos del tamaño de un dedo. Vio los ojos de su amigo perder la vida en manos de aquella cosa.

La criatura dirigió su mirada hacia él, y sintió la adrenalina llenar su cuerpo en un segundo y, justo cuando saltó para atacarlo lo golpeó con su bate tan fuerte como pudo. La criatura salió disparada sobre la barra, pero pronto se recuperó y atacó, esta vez, al chico junto a la pared, que tenía la cara deformada por el miedo. Sus ojos perdieron la vida frente a Antonio.

La criatura se quedó parada unos segundos, con la vista sobre la única salida de las tres sombras restantes, con el cuello de su víctima aún en el hocico, mostrando su espalda chamuscada. Sus piernas se rompieron por la mitad y un sonido sordo. Fermín gritó.

Antonio no podía creer cómo esa cosa podía hacer todo eso. De la nada recordó la razón por la que estaban allí.

María.

Aquel monstruo había abusado de ella, dejándola con graves heridas que más tarde pudo soportar. Él no sabía como era posible que algo hiciera tanto daño en tan poco tiempo. Su novia fue tomada por un asesino que no era humano, que había tomado ya la vida de la chica que amaba y dos de sus amigos. Sintió la rabia inundarle la garganta.

Tomó impulso y pronto estaba del otro lado de la cocina. Colocó el bate a su lado y tomó dos cuchillos parecidos a las dagas que suele lanzar en su tiempo libre. Las lanzó sin vacilar, atinando ambas en la espalda de la cosa.

Se giró de inmediato hacia él y se subió sobre la barra en cuatro patas. Sus ojos chispeantes morado y rojo fijos en él. Tomó el bate rápidamente y volvió a golpearlo. Apenas cayó, piedras golpearon su cuerpo. Él saltó de inmediato hacia su tercera víctima.

Fermín lo golpeó con su bate. Antonio lanzó dos cuchillos más, un poco más grandes. Pero estos asestaron en el pecho de Fermín, quién cayó de rodillas al instante. La bestia aprovechó a morder su cuello. Antonio presenció como sus ojos perdieron la vida.

Cayó de rodillas. Lanzó su bate al otro lado de la cocina, tomó un cuchillo carnicero. La bestia se lanzó contra él y clavó sus colmillos filosos en su cuello. De los ojos de Antonio salieron un par de lágrimas y, con la fuerza que le quedaba, cortó la cabeza de la criatura.

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⏰ Terakhir diperbarui: Sep 11, 2018 ⏰

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