Capítulo 1.

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CAPÍTULO 1
Aries.
    ♈  



El 11 de agosto, por la mañana temprano, todo mundo se alarmó cuando el asesinato número tres llegó, menos yo. Un señor de la tercera edad había sido la víctima, su cuerpo apenas y había sido reconocido, sus piernas y brazos estaban destrozadas cuando lo encontraron, mientras que su cabeza apenas y tenía forma, el tren lo había mutilado. La policía intentó calmar a la gente dando por hecho que aquello había sido un suicidio, pero la marca encontrada en su pecho decía lo contrario.

Géminis.

Esta vez había sido el turno de ese signo zodiacal, y con ello se confirmaba la presencia de un asesino serial, uno que yo empecé a admirar hace no mucho.

Retrocedamos un par de semanas, cuatro, para ser exactos. Me encontraba caminando cerca de La Alameda, un parque muy conocido por su buen cuidado y seguridad, esa tarde pasaba por ahí porque había ido a hacer una entrega de producto como solía hacer de vez en cuando. Como en anteriores días rodeaba el parque para llegar a casa, nunca me gustaba cruzarlo porque el camino era más corto y no me permitía hacer un poco de ejercicio, pero esa tarde el cielo se vio amenazado por nubes grises y fuerte lluvia, obligándome a cruzarlo para llegar más rápido y así no enfermar.

A mitad del camino, cuando pasaba por donde estaban los toboganes y columpios, me pareció escuchar la risa de una niña, al principio no se me hizo raro pues era normal que los niños salieran a jugar cuando había lluvia, según ellos era más divertido. Me detuve a ver si mi sospecha era cierta y ahí fue cuando lo vi por primera vez... Llevaba puesta una gabardina negra y botas para lluvia, sin dudas un aspecto nada tranquilizante en medio de la lluvia en un casi bosque, pero eso no fue lo que me había obligado a quedarme, la razón de ello fue la máscara que traía consigo, una de un personaje que no conocía.

Pensé en acercarme a ver que era lo que estaba sucediendo, sin embargo algo de aquella escena picó mi curiosidad y no hice nada más que esconderme tras uno de los tantos árboles. La niña estaba de pie frente a aquella extraña persona, reía risueña y eso me hacía saber que el hombre frente a ella tal vez le estaba hablando. La niña siguió riendo y de vez en cuando hacía por querer irse de ahí pero al final no corría, algo le estaba llamando mucho la atención.

No fue hasta que a lo lejos se escuchó a una mujer gritar un nombre, que la situación se volvió tensa. La niña esta vez estaba decidida a irse corriendo de ahí pero aquel hombre la tomó por el brazo evitando su huida, pude notar cuando intensificó el agarre sobre ella y fue ahí cuando la niña gritó. Una mano fue a parar a su boca y quise moverme para ir y ayudarla, pero no lo hice, quería seguir viendo.

¿Me estaba gustando? Me pregunté muchas veces.

La respuesta era sí, lo supe cuando aquel hombre se agachó a la altura de la niña y, enrollando ambos brazos alrededor del cuello de la pequeña, la asfixió hasta su muerte. Hubo un breve momento en el que la mirada de ella y la mía conectaron, sabía que me estaba suplicando que la ayudara. No lo hice.

La vida no tardó en escaparse de su cuerpo y para cuando dejó de luchar por soltarse, el sujeto  aprovechó para tomarla por la cabeza como si de una muñeca de trapo se tratase, y rompió su cuello. El cuerpo cayó al piso.

Sentí la necesidad de salir corriendo de ahí.

Estuve a punto de hacerlo pero cuando vi como él tomaba un cuchillo de su gabardina y rompía la blusa de la niña, me quedé a seguir viendo. Comenzó a trazar un par de líneas sobre el pecho desnudo de su víctima, a la distancia que me encontraba no era capaz de ver lo que hacía. No pasó mucho tiempo antes de que aquel hombre se fuera corriendo, dejando ahí a la niña casi desnuda y con marcas.

Me quedé en mi lugar un rato, observando con cierto gusto el cadáver.

No hice nada por ayudarla, repetí en mi cabeza.

¿Acaso ahora me había convertido en un cómplice?

Con cuidado de no hacer ruido me acerqué hasta la pequeña, en su pecho había mucha sangre y además un signo zodiacal.

Aries.

No comprendí qué quería decir aquello. ¿Mató a la niña solamente para dibujar eso en su pecho? No lo sabía. Pocos segundos después caí en razón, no debía estar ahí junto al cadáver. Nadie podía verme ahí en la escena del crimen, nadie. Fue entonces cuando corrí, corrí hasta llegar a casa para darme una ducha y masturbarme pensando inconscientemente en lo que había presenciado.

No era ningún enfermo, sólo tenía necesidades.




Hoy día, meses después de la primera víctima, me encontraba aquí observándolo a una distancia considerable, él ni siquiera sabía que lo seguía desde hace tiempo.

Mascaba chicle mientras veía fijamente a una chica, ¿ella sería su próxima víctima? No lo sabía.

Una sola vez había tenido el honor de estar cerca suyo, fue diez días después de haber sido testigo de su primer homicidio. Lo recuerdo bien, se encontraba comprando verduras en uno de los mercados apartados de la ciudad, de esos donde la mayor parte de la mercancía era robada. Ese día me quitaron la billetera y planeaban matarme por no haber cooperado, pero llegó mi salvación, aquel hombre que ahora era mí obsesión.


―Debes tener cuidado―me dijo la primera vez que nos dirigimos la palabra, y me ofreció su mano para ayudarme a levantarme del frío piso.

―Gracias―le contesté casi inmediatamente.


Su voz fue una especie de armonía para mis oídos, era del tono adecuado, ni muy ronca ni tan aguda, casi podía jurar haber sentido una erección en mis pantalones, lo que no sabía era si aquel efecto era gracias a su voz o al recuerdo de aquella niña entre sus manos.

¿Qué pasaba conmigo? ¿Era un enfermo o algo por el estilo?

Al pasar los días entendí que no estaba loco: simplemente era admiración o tal vez respeto hacia alguien a quien notoriamente le tenía miedo.

Como sea, el segundo asesinato fue hasta ahora uno de los mejores, claro que para presenciarlo primero tuve que encontrar a mi asesino favorito, y esa fue una de las más hermosas casualidades que ha habido en mi vida.

Les contaré sobre Tauro...






El asesino del zodíaco.
Capítulo I

El asesino del zodíacoCerita yang bikin terobses. Temukan sekarang