El cumpleaños número veinte… y el peor regalo de todos
Hay fechas que son para festejar, para pastel y confeti. Mi cumpleaños número veinte es, oficialmente, mi enemiga favorita. Y esta vez se superó a sí misma.
Apenas ayer, con la elegancia de quien anuncia una subida de impuestos, mis padres me soltaron la bomba: nos mudamos. Para siempre. Adiós rascacielos de Los Ángeles, adiós cafeterías a la vuelta, adiós a todo lo que conocía. Hola… Waynesville. Un pueblo tan frío que hasta el viento parece que te pide permiso para congelarte los huesos, y tan pequeño que seguro el buzón de la plaza es la atracción turística principal. Todo porque se les ocurrió que invertir en un mercado de alimentos frescos es la idea más brillante del siglo. Claro que sí: si rinde dinero, allá vamos, no importa si dejamos mi cordura en el camino.
Sé que suena dramático, pero piénsalo: aquí yo tenía todo bajo control. Mi casa, mi escuela, mis horarios, hasta el café que tomaba cada mañana lo tenía medido al milímetro. Allá? Allá no sé ni cómo es el clima más allá de “frío”. Y yo… yo soy una adicta al control. No hay nada que me dé más pánico que no saber qué va a pasar, ni quién eres, ni dónde está la salida.
Pero bueno, le busco el lado bueno: en Los Ángeles el apellido Green abre puertas, levanta miradas y hace que me miren como si fuera un anuncio publicitario andante. Allá? Allá espero ser tan invisible como una mosca en un abrigo de lana. Es más pequeño que Minnesota, así que supongo que hasta los gatos se conocen por nombre… pero al menos nadie sabrá quién soy yo.
—¡MARILYN! —gritó mi madre desde la planta baja, con ese tono que mezcla prisa y desesperación por no llegar tarde—. ¡Apresúrate que ya es tarde!
—¡YA VOY, NO ME AHOGUES! —respondí, mientras agarraba mis dos maletas como si fueran mis últimas posesiones en el mundo.
Bajé arrastrando los pies hasta la sala de la mansión, donde el mayordomo Jairo ya nos esperaba con esa calma que solo él tiene. Me quitó las maletas con una sonrisa compasiva —seguro ya sabía que esto era un desastre— y las acomodó en la camioneta. Él se quedará dos días más para cerrar todo, y luego nos seguirá. Qué suerte la suya, se salva de las primeras semanas de caos.
Nos subimos al auto. Papá al volante, hablando por teléfono tan fuerte que seguro lo escuchaban hasta en el pueblo vecino. Mamá a su lado, tecleando en su portátil como si el destino del mundo dependiera de qué tono de azulejo usar en la cocina nueva. Un viaje familiar perfecto, ¿verdad? Más bien un viaje de tres personas que coinciden en el mismo vehículo.
Me eché en el asiento trasero —gracias al cielo es amplio—, me puse los audífonos al máximo y cerré los ojos. Mi plan era simple: dormir todo el trayecto, no ver nada, no escuchar nada, y que al despertar esto fuera solo una pesadilla muy larga.
Y así, sin darme cuenta, me quedé profundamente dormida, dejando atrás mi ciudad, mi vida… y mi control.
Bueno, Marilyn Green. Prepárate. Que tu circo acaba de cambiar de localidad.
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Almas "Mi Destino" ©
Fantasy-¿Juras aceptar este vínculo, sellar tu alma y entregarte a lo que los astros han escrito para ti? Yo dije que sí. Pensé que era solo un juramento cualquiera. No sabía que, al pronunciar esas palabras, me había encadenado a un destino que no pedí, q...
