La primera razón por la que te odio son tus ojos. Nunca antes había visto tanto brillo en unos. Odio como se rizan tus pestañas, odio como el acojedor marrón se camufla perfectamente con tu pupila, odio como se cierran cuando te ríes, odio pensar que ahora estés mirando a otra persona. Y, en especial, odio seguir sintiendo tu mirada cuando cierro mis ojos aún después de tanto tiempo.
