CAPITULO I

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Hoy estoy de vuelta en Marmate,  un pequeño pueblo situado al este de mi país; aquí nací y pase algún tiempo de mi infancia. Sin embargo nada es como lo recuerdo ya que lo único que logro ver desde mi regreso es a la gente huyendo. SI, huyen de mi y es que al parecer tampoco soy más como ellos me recuerdan.

Es un tanto extraño y no lo digo por que me moleste el hecho de que ni siquiera deseen estar ante mi, se trata de los recuerdos que aún me invaden al ver cada lugar por donde paseaba de la mano de mi padre viendo a las personas centradas en sus quehaceres diarios, es divertido por que en ese entonces jamás se omitía el saludo amistoso que es típico de este lugar;  desde entonces no volví a presenciar esa clase de compañerismo que aquí se vivía; aún que tengo claro y a juzgar por lo que veo, esta clase de trato no me sera dado ni en este lugar ni en ningún otro. Pero nadie es culpable de eso, todo cambio y eso me incluye así que no pretendo evitar que la gente huya. Porque a decir verdad tiene sus ventajas que exista miedo en las personas, esta clase de sentimientos es de los más fuertes, tal como el amor o el odio pueden impulsar a actuar y tomar decisiones, el miedo puede llevar a hacer cosas que parecen imposibles.

Más allá de todo lo anteriormente mencionado no podre pasar por alto los buenos recuerdos que tengo junto a mi padre en este lugar, aunque era solo una niña recuerdo perfectamente cuando le acompañaba a las minas de oro del que en ese entonces sentíamos como nuestro hogar. Recuerdo la sensación de peligro que ambos teníamos al estar allí. Sin embargo no había dinero para que alguien cuidara de mi y como les dije era solo una niña. Mi padre se esforzaba mucho... demasiado. Entre el trabajo, la casa y cuidar de mi apenas tenia tiempo para dormir, y la verdad es que yo daba mucho que hacer.

Él se esmeraba tanto al cuidarme. Se que me amaba más que a si mismo y nunca, jamas, pude sentir tanto amor de una persona hacia mi.

A estas alturas es normal que se pregunten que paso con mi madre y el por que no la menciono, bueno... no sucedió nada grave con ella, solo tomo decisiones para su vida.

Justo unos meses más tarde de darme la vida, y después de lo que ella llamó un amorío corto con mi padre, decidió que amaba más al dueño de las minas de este lugar. Aun  cuando este era un viejo decrépito y arrogante.

La deslumbró el que tuviese una buena posición social y claro una gran cantidad de dinero. Al final esta bien, es una mujer adulta y esas fueron sus decisiones. Con el tiempo aquel hombre murió y mi madre se quedo con todo. Así que para ella resultó bien o al menos eso escuche.

Con respecto a mi padre y a como tomo la situación... si, para el fue duro pero supo lidiar con ello igual que yo. Éramos conscientes de que solo nos teníamos el uno al otro. Lo que a decir verdad para mi era más que perfecto y suficiente.

Si tan solo pudieran hacerse una idea de como lo extraño. Se que todos dicen tener al mejor padre del mundo, pero alguna vez su padre habrá tomado una mala decisión, lo cual es normal, somos humanos.

La verdad es que mi padre tampoco era perfecto, sin embargo él no tuvo tiempo para tomar una decisión que me afectara profundamente. De eso se trata todo... el tiempo.

Claramente los recuerdos de este lugar no son todos buenos y es que a mi querido padre lo asesinaron justo cuando salia de la mina, yo no estaba con él pues ese día debía ir a la escuela, aun hoy me reprocho el no estar justo allí con el; pero soy consciente de que no hubiese podido hacer nada, era una niña inocente de 10 años.

Hoy cada vez que pienso en eso, sé que de haber estado ahí para ver la cara del asesino, no me habría tomado tanto tiempo dar con su paradero, conocer las razones detrás de ese acto tan ruin de dejar a una niña sin lo único que tenia en la vida. Eso es algo que me consume diariamente, algo que a sido la causa de mis pesadillas y noches más amargas, también es lo que me a traído hasta aquí.

Es irónico terminar justo aquí, en este pueblo donde mi padre murió. Cuando hoy estoy en búsqueda de aquel que tiene una sentencia de muerte expedida por mi y sin embargo, no tiene idea de mis planes.

Probablemente este individuo ya sepa de mi existencia y que me hago llamar caperucita roja, lo sé, no es un seudónimo que inspire temor, pero las historias que hay detrás de el son las que me hacen tan conocida y rechazada en cualquier lugar.

Mis ansias de venganza no consiguen apartar de mi los recuerdos que  vienen con cada paso que doy en este lugar. El correr tras las mariposas de la mano de mi padre. Los helados que vendía don Teo justo a la salida de la escuela. Los juegos con mi padre en el río mientras veíamos juntos a los pescadores.

Al despertar de mis pensamientos pude darme cuenta de que estaba allí, frente a mi, aquella mina que vio el último suspiro de mi amado padre, cuando él era asesinado a sangre fría por un delincuente del que hasta el día de hoy no puedo entender su motivación.

La venganza se viste de rojoStories to obsess over. Discover now