Prólogo

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En un mundo como el nuestro, donde la ciencia y tecnología superan el interés por el misticismo, en una ciudad como cualquier otra; un joven corría por las calles durante la oscura noche, jadeante y asustado.

«¿Lo he perdido?», se preguntó a sí mismo luego de cierto tiempo. Miró hacia atrás, ahí donde terminaba el callejón por el cual se había metido.

Nadie a la vista.

Un suspiro de alivio salió de su boca y se dispuso a descansar unos segundos, recostado en una pared.

— ¿Hola? —escuchó decir a una voz. La misma que antes le había dicho que le asesinaría.

Miró en dirección a la ubicación de su amenazante y pudo notar la silueta del hombre del cual escapaba. Un tipo con un extraño traje sobre sí, casi parecido a un disfraz para participar en una convención de dibujos animados. Usaba una máscara con la forma de un monstruo de videojuego, la cual ocultaba su rostro. En una de sus manos llevaba un gran y afilado sable. Su piel era tan blanca como la nieve, casi como un cadáver con la sangre congelada.

El chico palideció y volvió a correr, usando las pocas fuerzas que le quedaban.

El desconocido chasqueó su lengua y salta por los muros del callejón, posicionándose frente al chico y bloqueando su camino.

—No puedes escapar de mí —dijo el disfrazado—. Boris Lawk, lamentarás el día en que te endeudaste con la mafia.

—Monstruo...

— ¿Monstruo, dices? —respondió el extraño, quien comenzó a reír levemente ante las acusaciones de su víctima—. No... Yo...

Paralizado, sin saber cómo escapar nuevamente ahora que ya no le quedaban energía, el joven se mantuvo atento a las palabras de su persecutor.

—...Yo sólo soy un humano común y corriente.

— ¡Y una mierda «común y corriente»! ¡Eres todo menos eso!

Ante la respuesta de su víctima, el hombre de extraña vestimenta rascó su cabeza. Sus ojos rojos como la sangre, que se divisaban detrás de la extravagante máscara que utilizaba, parecían haber perdido el interés.

—Bueno, de todas formas soy más normal que el tipo detrás de ti... —comentó finalmente, con voz aburrida y mirando hacia un costado del callejón.

— ¿Eh?

El joven sospechó sobre las palabras de quien deseaba matarle. Casi sonaba como una finta para atraparlo desprevenido. Sin embargo, una distracción no era necesaria dadas las habilidades físicas que su persecutor le mostró, por lo que Boris Lawk decidió voltear su rostro para ver eso a lo que se refería el desconocido.

Un esqueleto flotante vistiendo una túnica grisácea y con una gran guadaña apoyada de sus dos manos. Eso fue lo que vio.

Buenas noches —escuchó decir al huesudo ser antes de perder la cabeza.


***


—Ah, al fin en casa...

Hola, me llaman Ripper. Soy el tipo con la máscara. Tengo veintidós años y me gustan los trajes raros.

—Ese tipo corría mucho, ¿No crees, Death?

Sí, quizás demasiado, ya estoy viejo para perseguir a los jóvenes. Mis músculos ya están muy débiles.

—Death, tú vuelas, además eres un esqueleto.

Si creen que estoy loco y hablo solo con un maniquí de esqueleto, están equivocados. Este es Death, el huesudo parlanchín que usa una guadaña. Dice ser la mismísima Muerte, pero a veces siento que es demasiado inútil como para tener ese título.

Oye, no hables mal de mí.

Silencio esclavo, este es mi monólogo.

Bueno, al punto. Nosotros dos somos «La agencia de asesinatos a domicilio». Bienvenidos sean, tomen asiento. Death, sirve el té.

Ok~.

Díganme, lectores... ¿A quién quieren matar?

Death RipperStories to obsess over. Discover now