Abres los ojos. Solo ves a Olivia.Su pelo oscuro te hace cosquillas en la nariz, y su piel blanca brilla.
Su voz llega con retumbes y efecto retardado, como en otra dimensión:
-¿Qu..pa..do? ¿Es.. bien?
No estás bien. Te duele la cabeza. Pero sonríes y balbuceas:
-N..da... Me caí....
Mentira.
Te han dado una paliza.
Te quieres morir.
Dejas de ver borroso y puedes ver unos bonitos ojos castaños.
-¿Que te has caído? ¿Crees que soy imbécil?
Te hechas a reír pero de pronto empiezas a llorar. Gimes como un bebé y te pasas una mano llena de barro por los ojos.
No soportas que la chica que te gusta desde hace tres años te vea así y te vas corriendo.
Acabas en un vestuario, sentado en la tapa de un váter, viendo tu reflejo en un espejo con grafitis.
Eres bajo para tu edad, y por eso no llegas a ver más de unos ojos grises en el reflejo. Tu pelo castaño está lleno de tierra.
Te quitas la camiseta y ves unos moratones en las costillas. Vuelves a llorar en silencio.
Entonces viene tu hermano mayor. No eres un crío, ya tienes quince años, pero te ayuda a levantarte y te lava. Hasta te deja su camiseta.
-Jace.
Su voz te llega en segundo plano. ¿Lo había repetido antes? Da igual.
-Jace.
Consigues levantar la vista y ves unos ojos de plata como los tuyos, pero mucho más atractivos y maduros.
¿Qué?, piensas.
-Jace, háblame.
Por fin reaccionas, y de tu garganta sale un ronco y seco:
-¿Y qué quieres que te diga?
Él se muerde el labio inferior. Se acerca un poco más a ti, como si fuera a abrazarte, cosa que no sucede. No recuerdas cuando fue la última vez que os abrazasteis. Probablemente hace años, cuando erais uña y carne.
-¿Quién te hace ésto?- su voz es suave, como si fueras un animal asustado.
-Ya lo sabes, Will. Ya lo sabes.
Huyes.
Como siempre
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Nadie
RandomSabes que no eres nadie. Y los demás también lo saben. Nunca dejes de huir.
