El incesante cambio social ha desvirtuado a la sociedad misma ¿quiénes fuimos, quiénes somos y quiénes seremos?-
El amanecer se hizo esperar. La madrugada parecía haberse dormido. La niebla se marchó lenta y sin prisa dejando a su paso nada más que el rocío. Los primeros rayos de luz comenzaron a invadir el espacio de sus recuerdos. El silencio profundo lo despertó.
En la cocina, en el baño, en el jardín, en su alcoba y en su mente, por un momento, perduró el silencio. Con la desorientación matutina se dirigió al baño. Luego, atravesando el pasillo, se dirigió a su entrada, levantó el diario, un poco húmedo, y fue hasta la cocina. Allí preparó el desayuno, su café con mucha espuma. Un par de galletas con dulce. Una rápida leída a los titulares y sin más prisa se marchó.
Su oficina estaba a dos cuadras de su casa. Era una casa antigua. Seguramente, alguna vez, allí vivieron las ilusiones del tiempo. La casa era modesta. Dos piezas, una como oficina y otro como sala de espera para sus solicitantes. El cuarto donde ocupaba la oficina, por su amplitud, había sido dividido en dos partes. Dos tercios de oficina y uno como bodega de documentos.
En un rincón de la oficina había un baúl, viejo, quizás dos generaciones de su familia lo habrían de haber utilizado. El baúl tenía algún que otro polvillo encima, de seguro no habría de ser abierto por algún tiempo. Un año o diez quizás. Si no hubiera sido por las manchas de café en el suelo, no se hubiera dado cuenta de que el baúl estaba abierto y sus contenidos esparcidos por doquier. Cada recuerdo, cada verso, cada sueño y cada anhelo estaban esparcidos en aquel suelo sucio y ruin. Sin embargo, aun permanecían colgadas las promesas en la pared. Las misma promesas que se fueron oxidando con el paso del tiempo. Aquellas promesas algún día estuvieron repletas de colores, de alegría, de ilusión y de anhelo. El tiempo aun las mantiene intactas pero sus colores, sus ilusiones, sus anhelos y su alegría se han ido apagando. Solo permanecen allí, colgadas en la pared, como el recuerdo de lo que un día fueron.
También habían esparcidos algunos manuscritos viejos, fríos y olvidados. Otras víctimas del tiempo. Estos manuscritos, aun en su frío y en su olvido, llevan impregnado el perfume de la juventud.’.
BINABASA MO ANG
fragmento de "Relojes y espejos"
Short StoryLibro en edición, poesía y cuentos breves
