Parte Unica

22 3 0
                                        

Quizás el sueño se había ido con unas putas y por eso no regresaba.
La cabeza no ayudaba y no podria soportar un día mas sin dormir.
En la habitación que solo gobernaba la penumbra, se escucharon tres golpes secos en la puerta.
Arrancando la tranquilidad que en ella albergaba, para solo dejar en ella el peligro a flor de piel, solo el rumor de aquel temor que ya controlaba al ruloso.
Su respiración era entrecortada aun con miedo a la puerta, sobre saltándose cuando la puerta volvió a ser golpeada, ahora con mayor magnitud.

*-¡Abre la maldita puerta, Zorrita!-*

Se encontró a si mismo lloriqueando y abrazándose.
La puerta fue abierta con fuerza y sin ninguna intención de delicadeza.
Sintió la repentina fuerza en la que fue lanzado a la cama y también sintió la nada amable intromisión en si cuerpo.
Y el solo se quebraba.
No era la primera vez que lo hacia, es mas había perdido la cuenta.
Pero aun así se rompía como porcelana.
Se sentía como un muñeco, sucio, completamente sucio, Tenia tanto odio albergándose dentro de su ser.
La rabia era tanta que estaba completamente nublado, tanto como para notar que ese hombre, aquel hijo de puta que lo volvía mierda, ya se había ido.
Y tampoco sintió como su semilla construía un sendero entre sus piernas para llegar hasta sus plantas.
Solo ahí fue cuando  se dio cuenta que había dejado de llorar en aquel acto tan burdo y asqueroso, que solo le provocaba nauseas, en el que se veia obligado a ser participe.
Su semblante no reflejaba ninguna expresión, era frío y sin rastro de pena.
Se levanto con todo el puto dolor abrazándose a su medula, su rostro se contrajo de dolor puro.
Quizás la escena de ahí en adelante se volvió aun mas perturbadora y tétrica, pero también era totalmente trágica.
Del cuerpo del pequeño niño se había escapado el último suspiro de cordura.
Aquel pequeño ruloso se había ido a andar a la mierda.
Y quizás, solo quizás, estaba bien.
Su débil cuerpo se tambaleo hasta el baño, mirándose enfrente del espejo de este.
Admirando su belleza que se escondía debajo de esos moretones, soltó en un murmuro una risita, para después mascullar una carcajada, mientras sus ojos escupían tandas de lágrimas a lo idiota.
Era como si sus ojos hicieran caso al viejo ruloso, y su demás cuerpo a ese intruso que intentaba habitar su cuerpo.

Después de pasar un buen rato admirando se enfrente del espejo tomo su móvil, llamando al sujeto ese, invitándolo a pasar a cenar, Tremenda estupidez, o eso pensaba la parte cuerda del ruloso.
Se arreglo tomando esas medias de rejilla que tanto amaba, poniéndose solo eso y un dilatador entre sus piernas.
Sentándose en la mesa comiendo lo primero que encontró, un banano mayugado, ya maduro
Para cuando llego el, el ruloso ya había puesto su móvil en la bocina para llevar un ambiente mas cargado de sensualidad.
Lo sentó en un sofá mientras el se paraba enfrente de el, tomando su cuerpo en un rito de puro morbo, moviendo sus caderas lascivamente abriendo sus nalgas enfrente de el, solo para provocarlo.
Termino con la agonía del otro hincándose frente a el, en medio de sus piernas desabrochando el pantalón, rozando sus manos en su miembro.
Dando lamidas al duro miembro del otro, fue como comenzó todo su plan, daba lamidas cual minino cerrando los ojos y otras veces mirándolo directamente a los ojos.
Y cuando el otro estaba apunto de llegar a su clímax; cuando de un instante a otro mordió con voracidad el miembro jalándolo con todas sus fuerzas sin pizca de piedad.
Arrancando su miembro y descansando en su propia boca.
La sangre salio a chorros no sin antes dejar escapar un agudo grito.
Se desangraba mientras el otro chico era manchado por toda esa sangre con el miembro aun en la boca.
Para luego escupirlo, levantándose hacia su armario sin importarle que estaba lleno de sangre, sacando de su armario aguja e hilo.
Mirando al joven con la locura saliendo de sus orbes marrones.
Y esa sonrisa con la que comenzó todo.

La mujer que llegaba luego de una larga jornada de trabajo, se encontraba extrañada del hecho de no encontrarse con el estúpido dueño del edificio, para seguir insinuándole darle su hijo a cambio de la renta.
Suspiro con pesar poniendo la llave en la cerradura del apartamento.
Entrando y encontrándose con una escena muy difícil de describir lanzando una alarido agudo que fácilmente pudo haber sido escuchado hasta el primer piso.

Y solo fue ahí cuando Harry sonrió dentro de su cama, en su habitación aun en penumbra, para volver a reír dándose cuenta que al fin lo había conseguido.

Rulitos Where stories live. Discover now