Cap. 2: Mike.

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Me negué a levantarme de la cama cuando mamá llamó, porque simplemente no estaba de humor para ello. En cambio acomodé mi almohada verticalmente, de modo que pareciese una persona, y me abracé a ella. Me sentí infinitamente sola. Si hay algo que siempre me había motivado, era la inmensidad del mundo. El pensamiento del tamaño del planeta que habitamos siempre lograba asustarme, y emocionarme muchísimo a la vez, porque seguro, hay un montón de mierda, seamos realistas, pero también hay infinitas posibilidades allá afuera, si uno las sabe tomar, y no se permite verlas pasar. Pero ahora, en esta situación, el mundo parecía un lugar demasiado grande como para andarlo sola.

           

            Me gustaba estar acostada, relajarme y dejar mis pensamientos fluir, pero después de un par de horas, mi imaginación se había secado y me empezaba a aburrir. Exprimí mis últimas ideas pensando en qué podía hacer para pasar el día, pero la tristeza se sentía como un yunque sobre mí, evitaba que me levante, y yo tampoco me sentía lista como para poner resistencia, me dejé vencer. Aunque aún así, seguía aburrida, así que estiré mi mano hacia la mesita de luz, dónde mi teléfono estaba conectado al cargador, aunque ya llevaba bastante tiempo con la batería completa.

           

            Tenía quince llamadas perdidas de Mikey, probablemente preocupado por mí, ya que él simplemente sabía cuando me encontraba mal, y dos de Luke, que seguramente seguía enfocado en hablarme sobre Ashton, ¿No podía ver que yo no estaba lista?, ya lo llamaría cuando pudiese lidiar con la noticia oficial, pero mientras tanto, me deslicé por los contactos en busca del número de mi mejor amigo, y lo llamé.

            -Meg. –Atendió, se notaba aliviado, mi nombre fluyó por su boca al igual que un suspiro, y fui capaz de percibir la media sonrisa que seguramente se le había formado.

            -Mikey, ¿Podrías venir a casa?. –Estaba convencida de que él también sabía, por mi voz lastimosa, que yo tenía cara de perrito al pedirle eso, porque era el gesto que siempre adaptaba al pedirle cosas.

            -Ya estoy yendo, ¿Necesitas algo?

            -Helado. –Pensé si tenía algo más que pedirle, pero no se me ocurrió ningún objeto, ni si quiera alguna comida, que pudiese acabar con mi soledad, así que le pedí sólo una cosa más. –Y un abrazo.

            -En diez minutos estoy ahí, divina. –Saludó y cortó la llamada.

Mi cabeza, que últimamente no hacía nada bien, no fue capaz de ordenarle a mi brazo que bajase el celular del oído, sino que se quedó pensando.

            Cortó la llamada. Cortó. Me cortó. Se alejó de mí. Estaba en otra parte.

 

Y de nuevo, estaba llorando. Que días grises y aburridos que eran estos, pero no tenía la fuerza como para cambiar, como para pararme y hacer algo. Aún siendo perfectamente conciente que lo único que imposibilitaba mi salida de la cama, era yo misma. Como había dicho aquel hombre en el bar, el día que Ash y yo nos vimos por primera vez cara a cara. Lloré más fuerte, y estaba siendo una imbécil.

           

            -¿Te pensas quedar acá todo el día, nena? –Mi mamá entró en la habitación con aquella frase despectiva que sólo me produjo ganas de echarla.

Destinados. (Ashton Irwin).Donde viven las historias. Descúbrelo ahora