Capítulo 3: Cero confianza

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Dejé la casa lo más ordenada que pude y me fue a la Universidad a paso lento. Trataba de distraerme con cualquier cosa para pasar el hombre.

Anoche tuve muchos sueños con comida lo cual no ayudaba en nada. Hoy tenía que conseguir un teléfono público para poder llamar a casa y decirles que mi celular murió. Claro que me retarían, pero eso era mejor que cuando mamá piense lo peor por no contestarle.

Entré decida a la sala y me senté en el mismo puesto en el que me había sentado ayer. Mis compañeros iban llegando uno por uno. Todos hablaban entre ellos y más de uno estaba comiendo mientras lo hacía.

Llevé mi cara a mi bolso y lo hundí en él. Contaba los segundos para que la clase comenzara y así poder distraerme con la materia.

Levanté la vista cuando escuché gritos.

—¡Eres un imbécil! —Gritó una chica mientras que de una mochila sacaba sus cosas y se las tiraba al "imbécil"

Hice una mueca al ver quien era el imbécil. Teníamos un "Imbécil" en común. Era el tonto de ayer al cual le di el dinero de mi comida.

—María, ya para —Le decía él mientras se protegía contra las cosas que ella le tiraba.

Al acabarsele las cosas, María le tiró la mochila completa y esta le llegó en toda la cara a él ya que pensó que ella ya había terminado de hacerlo.

—¡Eres de lo peor, Esteban! —Le siguió gritando, ahora con lágrimas en los ojos. —¡Perdí mi tiempo contigo!

—Cálmate... —Le dijo Esteban mientras se palpaba la nariz. —Eres una bruta —Se quejó al tocarse con fuerza la nariz.

—¡Y tú el idiota más grande!

En eso tenía mucha razón.

—¿Pero sabes? —María cambió su tono a uno burlón. —No eras el único —Levantó las cejas irónicamente.

Yo quedé boquiabierta. ¿Cómo se le ocurría decirle eso frente a todos?

Esteban también la miraba con unos enormes ojos. No se esperaba esto.

—Tú te quedas sólo, pero yo tengo compañía —Formó una sonrisa rápida. —Disfruta tu vida sólo, imbécil —Levantó el dedo de al medio y salió a paso firme de la sala.

—Eh —Le habló un chico a Esteban. —Te dieron en lo más bajo —Hizo una mueca. —Siéntete despechado total.

Y todos comenzaron a reír a carcajadas. Entrecerré los ojos y lo miré con rabia. Al menos ya había agregado a otro idiota a mi lista.

Esteban sólo comenzó a recoger sus cosas del suelo sin decir nada. Ya se debía de sentir bastante humillado como para pedir ayuda.

Lo hubiera ayudado, pero no quise ya que lo tomé como un castigo por llevarse mi dinero sin decir gracias; además quien sabe lo que hizo como para que haya hecho todo ese show.

Al menos todo este teatro me había ayudado a distraerme del hambre.

Esteban terminó de recoger y comenzó a subir. Yo lo miré mientras pasaba por mi lado, pero él no me vio, solo siguió caminando hasta el puesto que estaba a dos asientos de mí.

El profesor llegó luego, así que prácticamente no volví a pensar en la comida hasta la hora de colación.

***

La hora para comer me la estaba pasando horrible, aunque no creo que peor que Esteban. El rumor sobre lo que había pasado en la sala se había esparcido rápidamente por toda la Universidad.

María hizo lo imposible para no quedar mal, y entre esas cosas fue andar de la mano con el chico que, supongo yo, antes era su amante.

Caminé por todo el patio una y otra vez para distraerme. Creo que ya estaba dejando mi camino marcado a medida que vivía al inicio.

Me detuve cuando vi un conjunto muy grande de palomas en un sector y seguían llegando más.

—El pobre no tiene que hacer, lo dejaron recién —Dijo una chica que pasaba por mi lado junto a otra chica.

—Lo único que le queda es compartir su comida con las palomas —Le respondió esta con una risa.

¿Él era quien estaba juntando a todas esas palomas?

Apreté mis puños y comencé a caminar a paso firme hacia donde se suponía que él estaba.

Al llegar quede boquiabierta al ver una bolsa completa de pan y otra desmigajada a su lado. Él seguía tirándosle estas migas. Estaba desanimado.

—¡No tires el pan! —Le grité y le quité la bolsa de pan que tenía.

Él levantó la mirada y me miró confundido, luego frunció el ceño.

—Tú eres... —Habló él pero no terminó la oración. Me quitó la bolsa de las manos. —Es mí pan, así que no te importa.

—Pues sí —Se la volví a quitar. —Por que hay gente que no tiene que comer y tu se la estas dando a las palomas

—¿Gente como quien? —Alzó las cejas irónicamente. Era igual de burlón que su ex.

—Cómo... —Quedé pensando. No podía decirle como yo, sería humillante. Mi estómago rugió de tal manera que hasta yo me sorprendí al escucharlo. Nunca antes había sonado así, aunque debo admitir que nunca había pasado hambre.

—Como tú —Me dijo con una sonrisa. Yo tensé la mandíbula y miré hacia otro lado. Que vergüenza acababa de pasar.

—No es mi culpa —Murmuré. —Te di lo último que me quedaba ayer...

—Pues quédate con el pan. Así estamos a mano... —Dio un suspiro y se echó hacia atrás cayendo en todo el pasto.

Lo miré desconfiada, pero no me negué. De la bolsa saqué un trozo de pan y me lo llevé a la boca. Casi lloro de la felicidad al poder sentir algo en mi boca.

Me senté a su lado para poder seguir comiendo tranquilamente o sino todos me mirarían extraño.

—Esto es horrible —Exclamó Esteban mientras se llevaba los antebrazos contra su cara.

—¿El ser dejado? —Murmuré. -Fue horrible como te lanzaba las...

Me detuve al ver como me miraba. Estaba enojado.

—Pero no importa, ya pasará... —Intenté animarlo. No quería que me quitara el pan.

—Tú no sabes lo que era estar con María. —Se sentó. —Está loca, realmente loca

—Si es por su confesión... pues sí, debe tener un problema. Sólo alguien con problemas mentales le es infiel a su novio... —Le dije. Me llevé otro trozo a la boca.

Él me miró de reojo.

—Si no quieres hablar de eso te comprendo —Hablé rápidamente. No iba a meterme en problemas ajenos.

—Me da igual —Movió los hombros. —Ya estábamos mal... pero nunca creí que ella hiciera algo como eso...

—Pues creelo, pudo haber sido peor... —Miré con desaprobación la bolsa. Los panes de habían acabado.

—Bueno... oye ¿Qué haces? —Me miró confundido

Yo estaba doblando la hoja y haciéndole unos pequeños orificios. Era una bolsa de papel.

Cuando terminé se la puse en la cabeza.

—Así está mejor —Me reí. —Sino quieres ver el momento entonces sólo cubre el problema. En mi caso mi problema eres tú ya que te fuiste con mi dinero... —Ladeé la cabeza. —Pero con esto estamos a mano.

Tomé mi bolso y me puse de puse de pie. Él sólo tenía la cabeza a gachas y no decía nada.

—Aparte —seguí. —No eres de los que me caen mejor, así que no confíes en mi.

Lo que toda chica quiereWhere stories live. Discover now