Con los pensamientos revoloteando, un recuerdo fugaz de tu sonrisa, de tus manos acariciando mis mejillas, de tu dulce mirada. Acciones tuyas que creí olvidar, llegan y me atropellan como un torbellino. Y yo creyendo que te había enterrado en lo más profundo de mi ser.
Debo dejarte ir y ser libre, debo eliminar todo rastro tuyo que se esconde entre las grietas de mi ser pero cuando creo haber hecho una buena labor, vuelves de a pocos hasta ocupar tu lugar.
¡Te apropiaste de mi alma!
¡Juegas muy sucio!
¿Cómo logro vencerte?
¡Por favor!
Ten piedad de mi.
No puedo soportar esta agonía...
Sonríes victorioso porque sabes que en tus manos está mi corazón, mi alma entera y te satisface el hecho de que nadie pueda ingresar a tus aposentos dentro de mi ser. Has jugado bien tus cartas, de tal manera que inconscientemente rechazo toda propuesta ajena a la tuya.
No hiciste nada malo, lo malo fue quererte demasiado y no demostrártelo. Tal ves es la culpa, tal ves lo que me duele es que ni siquiera como amigo te tengo. Debo terminar este enredo mío, solo soy una tonta que no deja de creer que llegará el día en el cual pueda verte, saludarte con un beso en la mejilla, sin evocar todo lo que te quise y, tal ves, nunca deje de hacerlo. Lastimosamente, para bien o para mal, eso no lo sabrás.
Y, tengo la certeza, jamás te enterarás.
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Murmullos de un corazón acongojado
PoetryPequeños relatos, pensamientos desorganizados, corazones afligidos, intentos de poeta y un espíritu observador.
