1

27 2 0
                                        

   Escuché sus pasos acercándose, cada vez más rápidos, cada vez claros. No he tenido tiempo de memorizar los pasadizos, pero algo me dice que sea a donde sea que estaba corriendo no era un lugar seguro.

—¡Allá está! Rápido tras ella —gritó uno de los oficiales.

Di la vuelta en la siguiente esquina, y mi sospechas fueron confirmadas, era un callejón sin salida, tan solo una ventana hacía la nada. Iba a volver por donde vine, pero una docena de hombres armados me interrumpía el paso.

—Alto ahí, estas atrapada, no hay salida, entrégate o...

No necesitaba saber como terminaba esa oración, di un paso atrás chocando con el marco de la ventana. Supongo que no tenía opción, me dejé caer empujándome hacia atrás. Cerré los ojos mientras me desmaterializaba.

Era momento de ir a casa.

     ¿Alguna vez te has preguntado que harías si pudieras viajar a donde quisieras? Pero no solo me refiero a conocer el mundo, piensa un poco más allá, quizá viajar en el tiempo... O incluso a otra dimensión. Pues, para mi fortuna o desgracia yo lo hago todo el tiempo, es parte de mi trabajo, mi nombre es Samantha Monroy y soy una Agente Especial Multiverse.

   Me deslicé por un tobogán, tan resbaladizo que parece que tuviera aceite, acababa de volver de mi ultima misión. Allí adentro todo es oscuro, hasta que se abre una escotilla al final del tobogán. Caí en mi cama con los brazos abiertos.

—Te extrañé, supongo que tu a mi, estás tan fría, ¿Recuperemos algo de tiempo, eh?

Cerré los ojos, saboreando las siguientes horas antes de ir a la escuela mañana. No pasaron ni dos minutos cuando la puerta se abrió de golpe y alguien gritó sin darme tiempo a sobresaltarme.

—¡SAM! No sabes cuánto me contuve por venir, sé que después de viajar a visitar a tus abuelos te gusta descansar, pero es súper importante, qué digo súper, Mega ultra importante —dijo ella.

Froté mis ojos con los puños y me senté en el centro de la cama.

—No vas a poder creer lo que te voy a decir, es lo mejor que me ha pasado en el mes, y sabes que he tenido un mes muy malo, pésimo... En fin, todavía quedan muchas cosas que hacer y de que asegurarnos. —Siguió hablando, aunque para mi se hubiera convertido en «Blah blah blah blablablá blah»

—A ver, Rose, te puedes callar —parece pregunta, pero no lo es—. Organicemonos un poco, primero cuál es el hecho trascendental, segundo qué pepinos tengo yo que asegurar.

Rose inhaló profundamente y sentí que tenía que prepararme para una oleada de información mayormente innecesaria.

—Claudia le dijo a Betania, que a su vez le dijo a Manuel que le contó a su prima Deisy, y tu sabes que Deisy odia profundamente a "E",  por lo que Roland le dijo a Claudia algo sobre que vio a Emma y Gerald... Demostrándose amorsh, Deisy utilizó eso a su favor, le contó a Quentin y durante el juego del sábado mientras Emma subía a la pirámide, Q mostró una foto de 100×50 cm, dejándola en ridículo y haciendo que se cayera de la pirámide. ¿Entiendes lo que esto sígnica? El puesto de capitana de porritas quedó libre. Y, y, Quentin y Emma, obviamente terminaron.

—¿Pero eso último no pasa siempre?

—Ajá, sí, pero está vez es definitivo.

—Bueno, en esto tienes un poco de razón, ella quizás no le perdone la humillación.

—Es perfecto.

—Sigo sin entender, en que te beneficia su desgracia o qué tengo que ver yo a todas estas...

—Samy, no estás muy perspicaz hoy. Puedo ser yo la nueva capitana, e incluso salir con Quentin, popularidad inmediata, sería el boleto al mejor año. Claramente como la mejor amiga del mundo mundial que eres, me ayudarás a lograrlo.

Rose siempre había querido se popular, pero el puesto de abeja reina ya estaba ocupado, no niego que ella pueda lograrlo, tiene un rostro con nariz y cejas decentes, bonito cabello color chocolate y es delgada. Sabiendo eso, y con lo entusiasmada que se veía, me fue imposible negar, y solo asentí. Se hizo un lugar en mi cama y comenzó a contarme su plan con lujo de detalles, durante las próximas tres horas de mi existencia.

—...Estaba pensando en mudarme a tu casa, vives a una calle de la suya, incluso se puede ver su habitación desde tu azotea...

STOP

—Cuando comencemos a salir, podrá venir a buscarme y nos iremos juntos.

—Creo que te estas apresurando un poco.

—Tal vez.

—Ya es algo tarde, ¿Por qué no te vas a casa y te alistas para mañana?

—Sí. Debo seleccionar cuidadosamente lo que voy a usar —Le sonreí mientras la observaba irse por donde vino. Otra vez estaba sola, me dejé caer para entregarme al mundo onírico.

Silencio. Paz.

—Samantha, ya que estás se útil en algo, ¿si?

Tomé una de las almohadas y la apreté contra mi cara, deseando no escuchar a mi hermana.

—¿Podrás cuidar a el hijo menor de la señora Guilia? Estoy trabajando en un nuevo proyecto y no podré.

Conocía a donde iban aquellas palabras, no tenia opciones, si decía que no, Jessica le diría a nuestros papás y yo seria la horrible hermana que no apoya a su familia.

—Ya qué... —bufé.



SamanthaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora