He estado preparándome todos estos años para este momento, para entrar en la universidad. Y no en cualquiera, sino en la Universidad de O'Connor, una de las mejores de California y del mundo. Eso significa alejarme unos diez mil kilómetros de casa por mi cuenta, algo a lo que no estoy acostumbrada como consecuencia de lo sobreprotectora que es mi madre. Pero no la juzgo, cuidar de tres hijas ella sola no tiene que ser fácil. Mi padre se fue cuando yo tenía cuatro años y no lo he vuelto a ver desde entonces. No sé cómo es su voz ni cómo es su personalidad, solo sé su aspecto físico porque lo he visto en fotografías. Ahora entiendo de dónde, mis dos hermanas y yo, hemos sacado nuestro bronceado y nuestro oscuro cabello rizado.
Pero tampoco me afecta. Tal vez a mi hermana mayor Miriam, la cual tenía diez años, sí. Pero a mi hermana Aitana, tres años menor que yo y a mí, no. No se puede extrañar algo que nunca has tenido.
Lo que seguro que voy a echar de menos va a ser Mallorca; la pequeña y encantadora isla situada frente la costa oriental de España, el lugar donde me crié. Su sol, su gastronomía, sus inigualables playas... y sobre todo a mi familia. Pasaré de tener a tres personas fundamentales en mi día a día, a estar sola en otro continente. Tengo claro que haré amigos, aunque soy bastante vergonzosa, pero no se pueden comparar con la familia.
(...)
El viaje hasta Los Angeles ha sido el más largo que he hecho nunca, pero la emoción y los nervios me han mantenido entretenida la mayor parte del tiempo haciendo que apenas haya dormido.
Ahora voy en taxi, camino a la universidad, mientras observo la desconcertante ciudad durante la noche. Aquí en América es todo a lo grande comparado con el lugar de donde vengo; lleno de luces, rascacielos y gente transitando continuamente por todos lados.
Asombrada por las vistas, no me doy cuenta de que casi hemos llegado, hasta que veo un arco de piedra con el nombre de la universidad. Los elegantes edificios de piedra blanca y columnas, rodeados por impecable césped y cedros, hacen que parezca que hemos entrado en una película. A estas horas de la noche apenas hay gente por el campus.
El taxi me deja frente a la residencia y ando rápidamente por el camino de piedra hasta llegar al edificio; mis dos maletas pesan más que yo y hace un poco de frío. Al entrar, siento satisfacción ante la cálida temperatura y el olor a Jazmín recompensa el mal aspecto de la antigua moqueta roja que cubre todos los pasillos. Me guío torpemente con los letreros azules que hay en cada esquina, hasta que encuentro uno que indica que mi habitación está cerca girando a la izquierda. Estoy contenta con que se encuentre en la planta baja, ya que odio muchísimo subir escaleras.
Mientras camino por el extenso pasillo buscándola acompañada por el ruido de mis maletas, me vienen pensamientos sobre cómo será mi compañera. No estaría nada mal que fuera ordenada, limpia y respetuosa con mi espacio, pero me basta con que no sea borde.
" C14 " leo finalmente frente a la oscura puerta de madera de lo que será momentáneamente mi hogar.
Aguardo unos segundos antes de tocar y compruebo si estoy presentable, estoy a un paso de contestar a todas mis preguntas. Espero que no esté durmiendo, eso sería muy incómodo.
Para mi sorpresa, la puerta se abre antes de que pueda hacerlo y me encuentro con una chica morena y con pecas que me mira un tanto sorprendida, supongo que es mi compañera de habitación.
- Hola - dice con una sonrisa amigable - yo soy Mia - desvía la mirada hacia mis maletas - supongo que tú eres mi compañera de cuarto.
- Eh... - acabo de reaccionar - sí, yo soy Sofía - intento igualar su amabilidad mientras se acerca y me da un abrazo. Tengo que agacharme un poco, algo habitual ya que suelo ser más alta que la mayoría de las chicas. - encantada.
- Igualmente. - se separa, y después de una pequeña pausa donde parece estar tomando alguna decisión, añade: - Supongo que estarás cansada, pasa. - insiste inclinando la cabeza hacia la habitación.
Le dedico una sonrisa de agradecimiento, ya que supongo que iba a salir, pero al encontrarse conmigo ha decidido quedarse; y entro al cuarto.
Contemplo la pequeña pero acogedora habitación donde casi todo es de color blanco, excepto el oscuro suelo de madera. Tiene dos cómodas y dos camas, una a cada lado mirando en dirección a la pared del otro extremo. Allí hay dos escritorios bajo una gran ventana, acompañados por un espejo y una pequeña televisión a los laterales.
Mi compañera cierra la puerta detrás de mí y se deja caer sobre su diminuta cama haciéndola crujir; me recuerda a la que tuve cuando tenía diez años. Dejo las maletas a un lado y me siento en la cama lo cual mi cuerpo agradece.
- Bueno, cuéntame cosas sobre ti. - dice emocionada mientras se tumba boca abajo para esperar mi respuesta.
La vedad es que parece bastante maja, y a juzgar por la mínimamente organizada habitación, también parece ordenada.
- Pregúntame lo que quieras. - levanto los hombros, no sé por dónde empezar.
- Pues...¿de dónde vienes? ese bronceado no se consigue en cualquier lado. - bromea y sonrío.
- Vengo de España, de una de sus islas. - contesto recordando mi hogar. Ella me observa fascinada - ¿Tú?
- Vaya, eso está lejos. - dice asombrada. Entonces contesta a mi anterior pregunta. - Vengo de Nueva York, pero me crie aquí por lo que siempre he querido venir a esta universidad. - asiento.
- Yo estuve en Nueva York de pequeña, es una de mis ciudades favoritas. En sitios así es imposible aburrirse. - comento sonando algo cursi para mi gusto. Solo intento ser amable y causar buena impresión, pero los nervios a veces pueden conmigo. Tal vez ella se sienta en la misma situación, aunque no lo creo; ella parece muy relajada y segura de sí misma.
- Sí. - sonríe. Entonces pregunta: - ¿Siempre has tenido ese lunar? - suelta cambiando completamente de tema mientras mira el lunar que tengo encima del labio.
Su pregunta me hace gracia. De pequeña no me gustaba nada mi lunar porque me hacía diferente; pero ahora digamos que lo podría considerar... ¿sexy? De hecho, hay personas que se lo pintan, supongo que por eso pregunta.
- Sí - le respondo.
- Ahí queda bien. Me gusta. - Confiesa. Entonces abre ligeramente la boca para decir algo, espera unos segundos y finalmente lo dice. - supongo que aún no has visto con detalle el campus, ¿qué te parece que mañana te lo enseñe bien?
¿Lo dice enserio?
- Me encantaría - sonrío ampliamente. ¿Cómo se puede ser tan amable? Y yo preocupada... -, muchísimas gracias.
- No hay de qué - me devuelve la sonrisa.
No puedo creer que se haya ofrecido a enseñármelo, apenas me conoce y no me debe nada. Supongo que de alguna manera tendré que devolvérselo.
Después de seguir hablando un buen rato y de conocernos un poco más, me empieza a entrar sueño. Nos ponemos el pijama y nos metemos en la cama.
Menos mal que mañana es sábado, así podré recuperar todo el sueño perdido y organizarme, también quería ir a comprar un par de cosas. Mi primer día, bueno, noche aquí no ha ido nada mal. Esta universidad es increíble, estoy deseando ver cómo serán las clases. Y no hace falta hablar de Mia... estoy segura de que seremos muy buenas amigas, si no lo somos ya. No me ha podido tocar una compañera mejor.
BINABASA MO ANG
Bad Boy. Good Lips.
RomanceEstudiar en una de las mejores universidades del mundo no es ninguna broma, eso es algo que Sofía tiene muy claro. Pero entonces se encuentra con Josh, un chico guapo, misterioso y... irresistible. ¿Se convertirá eso en una distracción para ella?
